28 de octubre de 2009


El hombre
que le hacía sombra a Fidel:
Camilo Cienfuegos

(Conclusión)

Pedro Corzo
Especial para El Nuevo Herald

ORDENES DE FIDEL

La desaparición de Cienfuegos generó una gran cantidad de rumores. Se comentó que en Aguada de Pasajeros, Las Villas, se había producido un accidente aéreo; que sobre el central Adelaida había volado una avioneta haciendo señales de luces hasta que desapareció rumbo norte en dirección al mar. Un periodista de apellido Vázquez afirmó que durante la noche del miércoles había presenciado un encarnizado duelo aéreo. Estas versiones fueron investigadas y, según la versión oficial, fueron luego descartadas. También un pescador hizo declaraciones similares.

Un avión C-46 en el que viajaba el comandante Ernesto Guevara avistó en Cayo Anguila, frente a las costas de Caibarién, los restos semi destruidos de dos aparatos, uno de los cuales parecía tener la línea del Cessna, pero más tarde se comprobó que era un error.

Juan Orta, un ex secretario de Castro, le manifestó al poeta Iván Portela, cuando ambos estaban exiliados en la embajada de México: "Yo estoy plenamente convencido de que el avión de Camilo fue derribado por órdenes de Fidel Castro''. Orta, que estuvo tres años asilado en la embajada de México, continuó diciéndole a Portela: "Yo estaba reunido con Fidel cuando Raúl Castro y Ernesto Guevara le plantearon: ‘Camilo se opone a cambios estructurales en el ejército rebelde'. A lo que Fidel respondió: ‘El plan será llevado a cabo cueste lo que cueste; ni cien Camilos podrán oponérsele' ''.

UN DESTINO SIMILAR
En las conversaciones que sostuvo con Portela y en artículos que escribió en el exilio, Orta afirmaba que las personas que en alguna medida estuvieron relacionadas con la misteriosa desaparición de Cienfuegos sufrieron una suerte similar.

En síntesis, Orta afirmó que el piloto del Sea Fury que supuestamente despegó poco después que lo hiciera la avioneta de Cienfuegos, desapareció; que el mecánico de aviación que reportó que el caza británico traía una ametralladora completamente descargada murió ese mismo día atropellado por un automóvil; que el pescador que declaró que había visto un avión caza atacando a una avioneta fue conducido a La Habana para ampliar las investigaciones y no se supo más de él.

Otro hecho relevante asociado a la muerte de Cienfuegos fue la muerte del también comandante Cristino Naranjo, amigo personal de éste. Naranjo, que había iniciado su propia investigación sobre la muerte de Cienfuegos, fue baleado por el capitán Manuel Beatón a la entrada del Campamento Libertad (antigua Columbia) por supuestamente no haberse identificado.

Varios meses después, Beatón se alzó en armas contra el gobierno, siendo capturado y ejecutado sumariamente. Orta refiere que un miembro del tribunal, el teniente Agustín Onidio Rumbaut, logró entrevistarse con el detenido y que éste le confesó que Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Guevara, el también comandante Félix Torres y el capitán Jorge Enrique Mendoza habían sido los responsables de la muerte de Cienfuegos. Agregó Orta que unos días después del proceso y después de haber preparado un informe confidencial, el teniente Agustín Onidio Rumbaut murió en un "accidente de cacería''.

TOTALMENTE LEAL
Por su parte, Matos indicó que Cienfuegos también estaba descontento con la penetración comunista, pero que a su vez se confesaba un hombre totalmente fiel al líder de la Revolución. Apunta Matos que en una ocasión le entregó a Cienfuegos un escrito pro marxista que había sido incluido en la publicación Verde Olivo y que el jefe del ejército se molestó y responsabilizó a Guevara y a Raúl Castro de la publicación.

Matos refirió que, tras su arresto, Cienfuegos no dejó nunca de tratarle con respeto y consideración, actitud que le era informada a Castro por Mendoza. Matos opina que estas informaciones precipitaron las acciones punitivas contra el carismático comandante. Después de la muerte de Cienfuegos y la prisión de Matos, la influencia y el poder de Mendoza se incrementó considerablemente.

Refiere Matos que Raúl Castro sentía una gran aversión hacia Cienfuegos por la popularidad que éste disfrutaba, y que Fidel Castro temía que Cienfuegos pudiera provocar una crisis de grandes proporciones, no sólo dentro de la estructura del poder revolucionario sino también en la población. Cuenta Matos que Cienfuegos criticó la manera en que Castro dirigió su caso, lo que puso en alerta al gobernante sobre posibles problemas con un individuo que le había sido hasta ese momento incondicional.

Agregó Matos que Castro envió a Cienfuegos para que lo arrestase en su despacho en el regimiento Ignacio Agramonte con la intención de que se originase un tiroteo en el que éste muriera y así salir de los dos de una vez por todas. Pero que Cienfuegos tuvo la precaución de ordenarles a sus oficiales que las tropas no dispararan cuando le fueran a detener, lo cual frustró el supuesto plan.

Sobre la avioneta Cessna 310, desaparecida con tres hombres a bordo, dice Matos que no tiene la más mínima duda de que fue abatida por orden de Fidel Castro. Apunta que Fariñas, el piloto, era un hombre muy disciplinado, que no se habría desviado de la ruta sin haber pedido autorización. Este aspecto es también comentado por Orta, quien afirma ‘‘que desde la torre de control aéreo de Camagüey le indicaron a Cienfuegos que el comandante Félix Torres estaba perdido sobre el mar al sur de la ciudad de Trinidad, Las Villas, y que era necesario se sumara a su búsqueda''. Según el declarante esto propició que un avión Sea Fury derribase el Cessna de Cienfuegos.

También dijo Matos que estando en la prisión del Castillo del Morro, La Habana, recibió dos mensajes de Camilo en el que este le advertía que tendría que declarar en su contra ya que su situación personal --la de Cienfuegos-- era muy difícil. Le decía que de ir a juicio sería fusilado y que estaba dispuesto a ayudarle para que se fugara de la prisión, a lo que el prisionero se negó aduciendo que quería un proceso judicial para denunciar públicamente lo que estaba pasando en el país.

Agustín Alles Soberón, el primer periodista cubano en subir a la Sierra Maestra y entrevistar a los insurgentes del Movimiento 26 de Julio, fue amigo de Cienfuegos. Alles Soberón recuerda que en los días del caso Matos, Cienfuegos, en ruta hacia Camagüey, hizo escala en la ciudad de Santa Clara. Dice que conversó varios asuntos con Cienfuegos, entre ellos la situación de Matos, y que Cienfuegos le dijo que Matos debía ser ejecutado si había traicionado a la Revolución. Opina Alles Soberón que Cienfuegos era un incondicional de Fidel Castro y que habría hecho lo que éste determinara sin importar dónde estaba el bien o el mal, pero que no había dudas de que Cienfuegos tenía serias diferencias con Raúl Castro y Guevara.

NO ERA COMUNISTA (*)
Sin embargo, el recién fallecido comandante del Segundo Frente Nacional del Escambray, Lázaro Asencio, afirma en un articulo y en entrevista que concedió al autor, que Cienfuegos era comunista y que sus diferencias con Raúl Castro no fueron consecuencias de su defensa de Matos, sino porque éste protegía a oficiales como el hoy general Dermidio Escalona.

Continúa Asencio su relato planteando que un matrimonio que vivía en la Punta de la Bahía de Masio, cerca de Casilda, Trinidad, escuchó en horas de la tarde del 28 de octubre de 1959 una fuerte explosión y que vio que del cielo caía una bola de fuego a la vez que se oía el ruido de un avión. Apunta que cuando se conoció la declaración, el entonces capitán Osmany Cienfuegos viajó personalmente a Casilda para conducir a La Habana al matrimonio, del que no se volvió a saber. Afirma Asencio que conoció esta historia porque la pareja antes de ser secuestrada se lo comunicó a un funcionario de la Cruz Roja, quien a su vez se lo hizo conocer a él.

Asencio también comparte la idea de que el avión de Cienfuegos fue derribado por un Sea Fury y que la orden la dio el comandante Félix Torres, quien la había recibido de los hermanos Castro. Agrega que el oficial José Paz, que conoció del informe de que un Sea Fury había descargado sus ametralladoras, murió en un accidente en la Vía Blanca, cuatro días después de desaparecer Camilo Cienfuegos.

Concluyó Asencio su relato recordando que, dos días después, se encontraba en la lancha de un pescador de nombre Juan en la zona de Casilda, cuando avistaron una mancha de aceite y una almohada que presumiblemente pertenecían a la avioneta que buscaban. La información fue trasmitida de inmediato por radio. Una hora después se dijo que Cienfuegos había sido hallado vivo, lo cual determinó la suspensión de la búsqueda en toda la isla por varias horas, decisión que "permitió borrar las pruebas en el Masio de la caída en ese lugar de la avioneta de Camilo Cienfuegos''.

Igualmente, Jaime Costa, comandante del Ejército Rebelde, atacante del cuartel Moncada y expedicionario del Granma, afirma que Camilo Cienfuegos fue asesinado en un lugar de la Ciénaga de Zapata por decisión de Fidel Castro y por instigación de Guevara, Raúl Castro y el presidente Osvaldo Dorticós Torrado. Costa se encontraba en un avión que buscaba a Cienfuegos en compañía del comandante Juan Almeida, a la sazón jefe de la Fuerza Aérea de Cuba, cuando por orden de Fidel Castro se les ordenó aterrizar en Varadero, de donde fueron conducidos en automóvil hasta un punto de la Ciénaga de Zapata donde les esperaba Fidel Castro en compañía de otros altos dirigentes del gobierno.

Cuenta Costa que vio sobre la pista una avioneta igual a la que estaban buscando y era que Cienfuegos había aterrizado en ese lugar porque a su regreso a La Habana le informaron vía radio que Fidel Castro le esperaba en ese sitio. Según Costa, tanto él como Almeida escucharon las discusiones en las que se destacaban las voces de Fidel y Cienfuegos, quien se defendía firmemente de las acusaciones de que había traicionado a la Revolución.

La discusión duró toda la noche, pero ya avanzada la madrugada escuchó disparos y vio cómo arrastraban los cuerpos de varias personas hacia la avioneta que millares de personas estaban buscando todavía

Costa concluyó su relato reconociendo que aunque fue amigo personal de Cienfuegos, no pudo actuar en su defensa, decisión que aún hoy le afecta a pesar de los años transcurridos.

Pedro Corzo

Especial para El Nuevo Herald
Foto: Google

(*) Se observa una contradicción entre este título y las declaraciones de Lázaro Asencio.
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