12 de diciembre de 2015

Las dos Guadalupes

Las dos Guadalupes

  Manuel Pereira, México DF | 25/02/2013 

La virgen que juega al escondite está en la España profunda, en Extremadura, en el poblado de Guadalupe. Protegida tras los muros de un monasterio-fortaleza, aparece y desaparece en su altar como por arte de magia, porque su nicho es giratorio, como un torno, y los monjes la hacen rotar hacia la parte posterior del retablo para que las visitas guiadas puedan admirarla de cerca en el camarín.

Enseguida acude al recuerdo la otra Guadalupe, la del Tepeyac, a pesar de que la virgen española no es “morenita”, como la mexicana, sino más bien negra.

La Guadalupe cacereña pertenece a la larga familia europea de las vírgenes negras. Son oscuras porque descienden de las antiguas diosas-madres, o Venus prehistóricas, que dieron lugar a deidades de la fertilidad como Isis, Astarté, Gea, Cibeles, Deméter, Ceres, Artemisa, las cuales durante el cristianismo sincretizaron con el culto mariano. De acuerdo con una teoría menos esotérica —o poco poética— estas vírgenes están hechas de ébano por su dureza y resistencia a los ataques de hongos y termitas; otros investigadores, más positivistas, sostienen que son negras porque, con el paso de los siglos, fueron tiznadas por el humo de las velas. En cualquier caso, no existe en ellas ninguna influencia africana, pues carecen de rasgos negroides, sus facciones son europeas.

La talla venerada en el monasterio español es románica, del siglo XII. Si la despojamos de los fulgores de su corona y de su manto de brocado, tendríamos una imagen de aspecto arcaizante, con cierto aire “expresionista”, o incluso “cubista”.

¿Qué tendrá que ver esta Guadalupe española con su tocaya mexicana? A primera vista, nada, salvo el nombre.

La de México no tiene niño, la de España sí. La del Tepeyac está estampada en la tilma de Juan Diego, la europea es una talla de madera. La mexicana es “morenita”, la española es negra.

Sin embargo, ambas se parecen en su jerarquía universal. Aparte de ser la Patrona de Extremadura, la de Cáceres es la Reina de todas las Españas, una alta categoría que comparte con la virgen del Tepeyac, llamada “Emperatriz de las Américas” por el papa Pío XII en 1945.

Pero a pesar de ostentar igual rango, no tienen la misma cantidad de devotos. El fervor que suscita la virgen del Tepeyac es muy superior al que despierta actualmente la de Cáceres. Si en México unos nueve millones de peregrinos visitan la Basílica de Guadalupe cada 12 de diciembre, en España no sobrepasan las diez mil almas cuando tienen lugar las solemnidades más señaladas.

Y si no se parecen en casi nada, ¿a qué se debe entonces que ambas vírgenes se llamen igual?

Cuando la virgen se le apareció a Juan Bernardino, el tío enfermo de Juan Diego, se identificó usando el término náhuatl “coatlaxopeuh”, que suena “quatlasupe” formando una homofonía casi perfecta con Guadalupe.

La coincidencia no es sólo fonética, pues en náhuatl “Coa” significa serpiente, y “tla” equivale al artículo “la”, mientras que “xopeuh” significa “aplastar”, de manera que la identificación de la Virgen (coatlaxopeuh) quiere decir: “la que aplasta la serpiente”.

Ya desde la noche de los tiempos, al menos en la tradición judeocristiana, la relación entre la mujer y la serpiente siempre ha sido conflictiva. Después del episodio de Eva con la serpiente en el Paraíso, Yavé le dice a la culebra: “pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer/ Y entre tu linaje y el suyo;/ Este te aplastará la cabeza, Y tú le acecharás el calcañal” (Génesis 3.15).

El resto corrió por cuenta de los colonizadores y los misioneros, pues todos eran devotos de la virgen española de Cáceres. Si los invasores más prominentes eran oriundos de Extremadura, si todos nacieron muy cerca del santuario de esta virgen —desde Hernán Cortés hasta Pedro de Alvarado pasando por Gonzalo de Sandoval—, nada tiene de raro que trasladaran su fervor guadalupense a México.

Existe otra semejanza entre ambas vírgenes. Las dos se revelan ante personas muy humildes. En México se le aparece al indio Juan Diego en el año 1531 y en España se manifiesta ante un pastor o vaquero llamado Gil Cordero en 1326, después de la expulsión de los moros de aquella zona. Gil Cordero relató que buscaba una vaca perdida cuando una señora radiante salió de entre los arbustos, junto al río Guadalupe, en la Sierra de Villuercas. Después de indicarle el lugar donde debía excavar para desenterrar un tesoro, le pidió que le construyeran allí una capilla.

Cuando excavaron a orillas del río, desenterraron la talla de esta virgen negra que siglos antes unos clérigos habían ocultado allí para salvarla del avance de los invasores musulmanes por la Península. Como es sabido, el Islam no tolera el culto a las imágenes.

Lo paradójico es que el río donde la escondieron se llama “Guadalupe”, y esa palabra no es castellana, sino un arabismo que significa “río escondido”. Para salvarla de los musulmanes, la ocultaron en un recóndito río de nombre árabe.

Haciendo honor a la etimología de su nombre, esta virgen también supo ocultarse y reaparecer en México, allá en el Tepeyac. Sólo entonces comprendí el significado más profundo de ese nombre de Guadalupe tan llevado y tan traído de un continente a otro. Ella es ese río escondido que fluye por debajo del océano estableciendo un nexo imperecedero entre España y México.  
Reproducido de CubaEncuentro.

Frank Sinatra. cien años de la voz que no se apaga

Frank Sinatra,
cien años de la voz que no se apaga
ABC/Efe

Han pasado ya cien años desde que naciera, 75 de su primer número uno y 35de su particular canto de cisne «New York, New York», pero la vozy la figura de Frank  Sinatra  no solo   no se han  apagado,  sino  que permanecen   como   una piedra fundamental de la música y la cultura popular del siglo XX. Icono y estrella legendaria del swing y del jazz, capaz de resistir el impulso del primer rock y hasta de convertirse en un meritorio actor dramático, Sinatra encarna la imagen del sueño americano, del talento y la ambición desmesurados, pero también del personaje con misterios y sombras aún por descubrir.

Nacido el 12 de diciembre de 1915 en Hoboken (New Jersey), su infancia estuvo marcada por sus orígenes italianos, la rigidez de su madre y la pobreza propia de su zona y de la depresión económica. Quedó fascinado por las canciones de la radio de Bing Crosby, modelo de referencia para un Sinatra que se beneficiaría de los cada vez mejores micrófonos para fundar un estilo mil veces copiado: los vocalistas ya no tendrían que gritar para sobreponerse a las orquestas, sino que podrían cantar relajados, gustándose, susurrando y hasta saboreando cada nota.

En una entrevista en la revista «Life» en 1970, Sinatra creía recordar que la primera vez que se subió a un escenario fue a finales de los años 20 en un hotel de New Jersey. «Probablemente me pagaron con un par de paquetes de cigarrillos y quizá un sándwich», añadió. Ya en la década de los treinta formó parte del cuarteto Hoboken Four y luego alcanzaría la popularidad al frente de las orquestas de Harry James y Tommy Dorsey, aunque pronto decidió jugársela por su cuenta.

El sueño americano

«Voy a volar alto. He planeado mi carrera. Desde el primer minuto que me subí a un escenario decidí llegar justo hasta donde estoy, como el chico que empieza siendo un oficinista y tiene la visión de llegar a ocupar la oficina del presidente», dijo Sinatra en 1943 según el libro «Frank: The Making of a Legend», de James Kaplan. Para entonces la fiebre por Sinatra ya era una realidad, con miles de jóvenes —las bobby-soxers, por sus característicos calcetines— suspirando por un magnético vocalista, de irresistible atractivo, voz cálida y mirada pícara.

La era dorada de Sinatra llegó con su época en Columbia y los “discos conceptuales” de los años 50, álbumes como “In The Wee Small Hours” o “Songs For Swingin' Lovers” en los que bordó su estilo elegante “jazzy” de seductor y de “bon vivant”. En ese cambio de registro hacia un Sinatra más maduro, que ya no solo canta al amor feliz sino también a la soledad y la melancolía, tuvo una importancia crucial el cine, ya que tras pasar por comedias como “Anchors Aweigh” (1945) dio un sorprendente golpe en la mesa con su papel dramático de “From Here to Eternity” (1953), que le valió un Óscar.

La leyenda

Sin embargo, la imagen del canalla incorregible pervivió, ya que nunca abandonó los vicios y las juergas aventureras, casi siempre acompañado por sus colegas del “Rat Pack” en Las Vegas: Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford y Joey Bishop. En el tema “Love and Marriage”, Sinatra cantaba que «no se puede tener uno sin el otro» y en su vida lo aplicó con rectitud: hasta cuatro veces se casó, sin que eso le privara de tener otras relaciones como con la actriz Lauren Bacall.

Nancy Barbato, Mia Farrow y Bárbara Marx, esta última su mujer hasta que el cantante murió, fueron tres de sus esposas, aunque el más recordado sea su matrimonio con Ava Gardner con quien tuvo una relación extrema, volcánica y tormentosa. Otro punto oscuro de Sinatra es su posible relación con la mafia, sostenida por su ascendencia italiana, su presencia constante en Las Vegas y su relación con capos como Lucky Luciano o Sam Giancana, hasta el punto que la investigación del FBI concretó un expediente de 1.275 páginas de investigación sobre el artista.

Resistente a los inicios del rock, música que despreciaba como apunta el documental de HBO “All Or Nothing At All”, Sinatra demostró una longevidad admirable al permanecer durante cuatro décadas en lo más alto de las listas con canciones imperecederas como “I've Got You Under My Skin”, “Fly Me To The Moon” o “My Way”. Tras una retirada frustrada en 1971, prolongó su carrera hasta su muerte en 1998, el fin de una estrella con alrededor de 1.300 canciones grabadas y cuya vida definió así su hijo Frank Sinatra Jr.: «Sus imperfecciones eran irritantes, pero fue un artista genuino y su obra perdurará mientras las personas puedan escuchar, reflexionar y sentir».

11 de diciembre de 2015

¿Vendrá la debacle del Partido comunista en Cuba?

¿Vendrá  la debacle
del Partido Comunista en Cuba?

 Ana León, Cubanet

LA HABANA, Cuba.- El descalabro electoral sufrido el 6 de diciembre por Maduro y sus partidarios en Venezuela ha levantado una marejada de opiniones y expectativas en Cuba, especialmente acerca de la necesidad o la posibilidad de que en la isla ocurra algo similar para poner fin a más de medio siglo de voluntarismo político y mala administración.

¿Cómo lograr que los cubanos se llenen de valor y exijan comicios democráticos para elegir directamente a sus gobernantes? Entre tantas opiniones diversas, con una hay que concordar: existe una falta de cohesión congénita; pues para el pueblo cubano la unidad solo es necesaria y realizable cuando se trata de “hacer frente al imperialismo”, reclamar a algún “inocente” espía preso en Estados Unidos, o acudir cada primero de mayo a la Plaza de la Revolución. “Unidad” es quizás la segunda palabra más martillada en las sienes de generaciones de cubanos (después de “venceremos”), pero nadie se atreve a utilizarla para modificar un status quo que está literalmente ahogando al país.

¿Cómo hacerle entender a quienes fueron mozos en los años más rojos de la revolución cubana, que el sistema al que sacrificaron su juventud, su honra, su conciencia y sus esperanzas, los ha hundido en la abyección? Esas personas ya atraviesan la tercera edad y representan casi la mitad de la población cubana actual. ¿Con qué fuerzas cuenta Cuba para unirse y obligar al gobierno a efectuar elecciones democráticas? Los cubanos votan por el delegado de la circunscripción porque es un hábito adquirido, aunque sepan de antemano que no va a resolver ningún problema y que ese mismo delegado, con igual indolencia y renovado oportunismo votará más tarde por otro incompetente a nivel municipal y así sucesivamente, en una verticalidad perpetua que tiene como fin el sostén de la autocracia.

Los viejos, que son mayoría en Cuba, no van a luchar porque no tienen fuerzas ni ánimo para hacerlo. Ya han sido devorados hasta el tuétano por el sistema y –para vergüenza de los cubanos honrados– malviven a base de pensiones miserables que a muchos han llevado a la mendicidad o al escamoteo.

Por otra parte, antes de ser optimistas, urge observar las tendencias de la juventud cubana actual, que podrían resumirse en cinco: delincuencia o apatía social, alcoholismo, hedonismo ilimitado, voluntad de emigrar lo antes posible y pasividad sujeta al sistema que, cuando conviene, sabe distribuir sus migajas entre los enajenados militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas.

¿Qué probabilidades de cambio hay en semejante contexto? La mayoría de los jóvenes cubanos no podrían, aunque quisieran, transformar la realidad del país porque no tienen verdadera cultura política. Gracias a la eterna crisis económica, las recientes generaciones de cubanos han sido moldeadas al calor de antivalores: rapacería, engaño, ignorancia, corrupción, holgazanería, indolencia, egoísmo y vulgaridad.

Los pocos jóvenes sensatos y aprovechables que quedan no piensan en luchar por Cuba, sino en emigrar para darse la oportunidad de vivir con decoro la única vida que existe. Han sufrido el estrepitoso fracaso de sus padres y abuelos, quienes lo dieron todo por la revolución y hoy deben decidir qué hace más falta: una botella de aceite de cocina o un calzoncillo. ¿Quién puede reprocharles el querer alejarse de tanta mugre física y espiritual?

Si en Venezuela triunfó el partido de la oposición fue porque allí, aunque maltrecha, aún sobrevive la tradición de pluripartidismo. La oposición venezolana pudo llegar al pueblo a través de internet y los medios de comunicación, y mostrar la otra versión de los hechos. Basta conocer a Cuba desde dentro para saber que las revoluciones socialistas en el Tercer Mundo son una falacia. Quien se tragó el cuento de una Venezuela eternamente chavista carece de pensamiento objetivo. Nada más hay que ver cómo han calcado la parafernalia del fracasado socialismo cubano: el mismo discurso, idéntica filosofía y hasta la estética deplorable de vallas y murales políticos en cualquier lugar.

Venezuela tiene, además, el precioso regalo natural de ser tierra grande, bien poblada y adherida a la masa continental. Cuba, en cambio, es una isla. Ello implica una condición natural de aislamiento y vulnerabilidad que ha sido muy bien aprovechada por dos gobernantes en medio siglo. La justificada emigración ha tenido un impacto desastroso en la economía, reduciendo la población a millones de adultos mayores, miles de discapacitados, una juventud propensa a la holgazanería y una infancia escasa y mal alimentada.

Quienes sostienen que la solución para acelerar el cambio es un cierre total de todo: “no viajes, no remesas (…) el hambre puede ser una motivación para la sublevación” (comentario de un lector llamado Ángel en un texto aparecido en Cubanet), deberían considerar que si eso sucediera, mientras el pueblo se desangrara tratando de robarse unos a otros, los gobernantes Cuba y sus partidarios no pasarían hambre. Barajarán el modo de paliar la situación mediante convenios con Rusia, China, Irán o Saturno, cosa que Estados Unidos no podría impedir. Más hambre que la de 1994 no pasará el pueblo cubano, y en aquella fecha no hubo rebelión, solo unos pocos disturbios que fueron aplacados con las Brigadas de Respuesta Rápida y la presencia del caudillo.

Visto así, la solución no es el aislamiento, el cierre de todo; primeramente porque cada cubano que tenga seres amados en la isla no lo va a permitir, y porque dicha acción –tan radical como inhumana– podría hasta generar un problema interno en el estado de Florida. Si la oposición cubana quiere realmente impulsar un proyecto de cambio, debe llegar al pueblo con un programa económico-social digno y realizable por un partido alternativo. Nadie hará caso de los disidentes que aleguen que el mayor problema de Cuba es la falta de internet, con tanto pueblo pasando hambre, tantos ancianos desatendidos y tanta corrupción en todos los niveles.

¿Qué quieres..?

¿Qué quieres..?

Calderón de la Barca

¿Qué quiero, mi Jesús?...Quiero quererte,
quiero cuanto hay en mí del todo darte
sin tener más placer que el agradarte,
sin tener más temor que el ofenderte.
Quiero olvidarlo todo y conocerte,
quiero dejarlo todo por buscarte,
quiero perderlo todo por hallarte,
quiero ignorarlo todo por saberte.

Quiero, amable Jesús, abismarme
en ese dulce hueco de tu herida,
y en sus divinas llamas abrasarme.
Quiero, por fin, en Tí transfigurarme,
morir a mí, para vivir tu vida,
perderme en Tí, Jesús, y no encontrarme.
Enviado por Juan G. Arrabal

Ortografía


                              Una gota cada día
                                          (o de vez en cuando)


India o la India, de Perú o del Perú
Muchos nombres de países pueden usarse opcionalmente precedidos de artículo: (el) Canadá, (los) Estados Unidos, (la) India, (el) Líbano, (el) Perú, etc., siendo diferente en cada caso la preferencia mayoritaria por una u otra opción. En estos topónimos el artículo no forma parte del nombre propio, por lo que se escribe con minúscula y se amalgama con las preposiciones a y de dando lugar a las contracciones al y del:

Nunca he estado en la India / Nunca he estado en India.
Viajó al Canadá / Viajó a Canada.
Vengo del Perú / Vengo de Perú.              

Otros topónimos, en cambio, no admiten su uso con artículo: Iremos a Chile, Han vuelto de Egipto, No conozco Noruega.

Para saber qué nombres de países admiten el uso opcional con artículo, puede consultarse el Apéndice 5: Lista de países y capitales, con sus gentilicios del Diccionario panhispánico de dudas. En dicha lista, en los nombres de países que pueden usarse precedidos de artículo, este aparece entre paréntesis detrás del topónimo.

Existen, además, algunos topónimos en los que el artículo es parte indisociable del nombre propio. En esos casos, el artículo se escribe con mayúscula inicial y no se amalgama en la escritura con las preposiciones a y de:

Lo conocí en  La Habana.
Volverá a El Cairo el mes que viene.
Vengo de El Salvador.
 
De la página web de la RAE

10 de diciembre de 2015

Los belenes napolitanos

 
Los Belenes Napolitanos
Estíbaliz Hernández Marquínez

 Esta vez en la sección de usos y costumbres vamos a fijarnos en la tradición de montar una representación del Nacimiento de Jesús. Son los belenes y para la mayoría, se pierde en los recuerdos infantiles el entusiasmo de sacar la caja con las figuritas y ayudar a colocarlas. El musgo debía ser fresco, porque así olía a bosque y a invierno, pero si se acababa el serrín, bien se podía echar pan rallado al camino. Es probable que la época de Navidad haya sido siempre más evocadora cuando nos la imaginamos con el nacimiento.

Y es que el origen del belén es didáctico. Nada mejor que una buena representación para enseñar cómo fueron los hechos que narra la Biblia,  un libro que solo leían los religiosos y que debían explicar a los fieles. Nos remontamos a la Edad Media para encontrar las primeras representaciones del nacimiento de Jesús.

La tradición dice que fue el mismo San Francisco de Asís quien inició esta práctica hacia el año 1223.   Según cuenta en sus escritos San Buenaventura, una inspiración divina le impulsó a representar tan feliz acontecimiento y para ello pidió permiso al Papa, que por aquellas fechas era Honorio III. Era una magnífica manera de hacer entender mejor el misterio a la gente sencilla. En un primer momento, la representación se hacía con personas y el heno donde reposaba el bebé-Niño Jesús de Belén, se bendecía y se le asignaban propiedades curativas.

Son los conventos franciscanos los que seguirán la costumbre de la representación del pesebre en época de Navidad. De ahí se irán extendiendo a otras órdenes religiosas y a las iglesias. Rápidamente se popularizó esta representación por el mundo cristiano y pronto comenzaron a sustituirse las personas por figuras de diversos materiales.

Es cuando el grupo escultórico del Belén sale de conventos y parroquias para ser un elemento decorativo de prestigio en las casas de los ricos. Ya no cuenta tanto la devoción sencilla sino el lujo y el buen gusto del propietario.

Hay quien asegura que la representación escultórica del pesebre es originaria de Nápoles, donde llega a tener su mayor esplendor como disciplina artística en el siglo XVIII. El “Pesebre napoletano” se convierte en Nápoles en un verdadero arte, con artesanos especialistas en recrear magníficamente la Natividad.

Hay un documento que habla de un primer pesebre en Nápoles en 1025 en la iglesia de Santa María del Pesebre,  y en Amalfi en 1324 se habla de la “capilla del Pesebre en la casa d’Alagni”. En el siglo XV ya hay artesanos que se dedican propiamente a tallar figuras para hacer pesebres. Entre los más famosos se encuentran los hermanos Giovanni y Pietro Alemanno. Poco a poco, las figuras se sitúan en un paisaje que introduce una gruta de piedra, a veces alguna casa, etc.

Más o menos por esa época empiezan a desmontarse los pesebres pasado el tiempo navideño, pues hasta entonces, eran grupos escultóricos permanentes, con figuras de tamaño natural.

Fueron los sacerdotes escolapios en el primer veinteno del siglo XVII los que sustituyen las estatuas por figuras pequeñas, de madera articulada. Después, se convierten en alambre recubierto de estopa, porque así se las dotaba de un increíble movimiento.  La cabeza y extremidades seguirán siendo de madera tallada y pintada a mano y más tarde se reemplazará gradualmente  por terracota policromada. Solían medir unos 70 cm.

Belén napolitano del Ayuntamiento de Madrid. El Belén de Cibeles se subastará por entre 1,5 y 2,5 millones de euros. Ha sido reunido durante más de 30 años por los hermanos García de Castro, y se expondrá en CentHacia el final del siglo XVII y principios del XVIII se introduce la teatralidad en los pesebres napolitanos. Es donde más se aprecia la pérdida de espiritualidad al mezclar lo íntimo del nacimiento religioso con los elementos profanos y la cotidianeidad de las calles y plazas de la propia Nápoles.

Se empiezan a ver por el pesebre figuras que representan enanos, mujeres con cántaros, artesanos, etc. e incluso indigentes mendigando. En realidad es para dar idea de la humildad del nacimiento de Jesús, que nace entre gente normal y corriente. Y como elemento simbólico de la grandeza del acontecimiento, añaden ruinas de templos griegos y romanos para subrayar el triunfo del cristianismo sobre las columnas ya destruidas del paganismo.

En cualquier caso, al conjunto del belén se le dota de una gran simbología a través de las figuras de sus personajes. Aparte de la Sagrada Familia, los ángeles y los pastores, hay una serie de representantes de la sociedad popular. Pero sería materia para otro post la descripción de cada uno de ellos. Solo diremos que no pueden faltar en los pesebres napolitanos figuras como el Benino, el vinatero, el pescador, dos amigos, la gitana, Stefania (la joven virgen), la prostituta, los Reyes Magos y los vendedores.

En cuanto a los lugares que se representan en los belenes, solemos encontrar el mercado. Desde el siglo XVIII se enseña como una instantánea toda la actividad laboral del año entero a través de los tenderos y comerciantes que venden sus productos propios según se dan dependiendo de los meses. El puente, el río y el pozo no pueden faltar. El panadero con su horno y la posada también son imprescindibles.

Y como un anacronismo excesivo, a fines del siglo XVIII suelen poner una iglesia con un crucifijo, para enseñar lo que le espera al inocente y buen Niño Jesús. Precisamente en Nápoles y en Italia en general, el Niño Jesús se coloca la noche del 24 de diciembre en su cuna. Mientras, con toda lógica, permanece vacía en el belén durante el tiempo de Adviento.

La edad de oro de los Belenes Napolitanos es indudablemente el siglo XVIII. Coincide con el reinado de Carlo di Borbone, Carlos III, cuando ocupó el trono de España. Giuseppe Sanmartino fue el representante más sobresaliente que, además crea escuela. Trabajaba en figuras de terracota. Añade al ambiente popular de los pesebres, además de la Sagrada Familia, figuras de pastores, vendedores ambulantes, los Reyes Magos y también diversas especies de animales. 

Es este rey quien promueve en España la tradición de montar belenes en época de Navidad sobre todo entre las familias aristocráticas, pasando poco a poco a las capas populares y también a América. Curiosamente, la tradición napolitana pasa sin alteración a Ecuador, México, Colombia, Guatemala, El Salvador, Venezuela, Perú, Argentina, Chile y Canarias donde la figura del Niño se coloca después de la llegada de la Navidad, fecha en que se celebra su nacimiento, y luego de ser «arrullado» es colocado entre José y María.
Reproducido de
https://biblioaecidmadrid.wordpress.com/2013/12/18/los-belenes-napolitanos/

9 de diciembre de 2015

"To the shores of Tripoli" canta el Himno de los Marines


“TO THE SHORES OF TRIPOLI”

 ¿Por qué el Himno de la Marina de EE.UU. contiene el verso "To the shores of Trípoli"?

¡Un pedacito muy interesante de la historia de los EE.UU.!
La mayoría de los estadounidenses ignora que hace más de doscientos años los Estados Unidos declararon la guerra al Islam, y que ¡Thomas Jefferson lideró la carga!

A la altura del siglo XVIII, los piratas musulmanes eran el terror del Mediterráneo y de una amplia zona del Atlántico Norte.

Atacaban a todo buque a la vista, y exigían rescates exorbitantes por sus tripulaciones. Los secuestrados eran sometidos a un tratamiento bárbaro, y escribían a casa cartas desgarradoras, rogando a los miembros del gobierno y de la familia que pagaran lo que sus captores mahometanos exigían.

Estos extorsionadores de alta mar representaban a las naciones islámicas de Trípoli, Túnez, Marruecos y Argelia - denominados colectivamente como la costa de Berbería - y presentaban una peligrosa amenaza, no provocada, para a la nueva república americana.

Antes de la Guerra de la Independencia, los buques mercantes estadounidenses habían estado bajo la protección de Gran Bretaña. Cuando los EE.UU. declararon su independencia y entraron en una guerra, los buques de los Estados Unidos estaban protegidos por Francia. Sin embargo, una vez ganada la guerra, Estados Unidos tuvo que proteger a sus propias flotas. De ahí, el nacimiento de la Marina de EE.UU.

A comienzos de 1784, diecisiete años antes de devenir presidente, Thomas Jefferson se convirtió en ministro de los Estados Unidos en Francia. Ese mismo año, el Congreso de Estados Unidos trató de apaciguar a sus adversarios musulmanes, siguiendo los pasos de las naciones europeas, que pagaban sobornos a los Estados de Berbería, en lugar de participar en una guerra contra ellos.

En julio de 1785, piratas argelinos capturaron barcos estadounidenses, y el gobernante de Argel exigió un inaudito rescate de $ 60.000. Era un caso claro y simple de extorsión, y Thomas Jefferson se opuso vehementemente a nuevos pagos; y propuso al Congreso la formación de una coalición de naciones aliadas que en conjunto podrían obligar a los estados islámicos a pedir la paz.  El Congreso desestimó la propuesta de Jefferson, y decidió, más bien, pagar el rescate.

En 1786, Thomas Jefferson y John Adams se reunieron con el embajador de Trípoli en Gran Bretaña para preguntarle que con qué derecho su nación atacaba barcos americanos y esclavizaba a los ciudadanos estadounidenses, y por qué los musulmanes mostraban tanta hostilidad hacia Estados Unidos, una nación con la que no tenían contactos previos.

Los dos futuros presidentes informaron que el Embajador Sidi Haji Abdul Rahman Adja había respondido que el Islam “estaba fundado en las leyes de su Profeta; que estaba escrito en el Corán que todas las naciones que no reconocieran su autoridad eran pecadoras; que era su derecho y su deber hacerles la guerra a dondequiera que se pudieran encontrar, y esclavizar a todos los que pudieran tomar como prisioneros; y que cada musulmán que muriere en batalla estaba seguro de ir al Paraíso ".

A pesar de esta impresionante admisión de violencia premeditada contra las naciones no musulmanas, así como de las objeciones de muchos líderes estadounidenses notables, incluyendo a George Washington, quien advirtió que ceder era un error que sólo envalentonaría aún más al enemigo, durante los quince años siguientes el gobierno estadounidense pagó millones de dólares a los musulmanes para el paso seguro de buques americanos o el regreso de rehenes estadounidenses. Los pagos en rescate y tributos ascendieron a más de un veinte por ciento de los ingresos anuales del gobierno de Estados Unidos en 1800.

Jefferson estaba disgustado. Poco después de ser juramentado como el tercer Presidente de los Estados Unidos en 1801, el pachá de Trípoli le envió una nota exigiendo el pago inmediato de $ 225.000 más $ 25.000 al año por cada año siguiente. Eso cambió todo.
 
Jefferson le hizo saber al Pasha, sin que cupieran dudas, lo que podía hacer con su demanda. El Pasha respondió cortando el asta de la bandera en el consulado americano y declaró la guerra a los Estados Unidos. Túnez, Marruecos y Argelia siguieron inmediatamente el ejemplo. Hasta ese entonces, Jefferson había sido contrario a que América levantara una fuerza naval para algo más allá de la defensa costera; pero, después de haber visto a su nación intimidada por la matonería islámica por suficiente tiempo, decidió que había llegado el momento de enfrentar la fuerza con la fuerza.

Envió un escuadrón de fragatas al Mediterráneo y enseñó a las naciones musulmanas de la costa de Berbería una lección que esperaba que nunca olvidarían. El Congreso autorizó a Jefferson a autorizar barcos estadounidenses a que se apoderaran de todos los buques y las mercancías del pachá de Trípoli y de "causar que se hicieren todos los otros actos de precaución o de hostilidad que el estado de guerra justificare".

Cuando Argel y Túnez, quienes estaban acostumbrados a la cobardía y la aquiescencia estadounidense, vieron que los recién independizados Estados Unidos tenían la voluntad y el derecho de devolver el golpe, rápidamente abandonaron su lealtad a Trípoli. La guerra con Trípoli duró cuatro años más, y rugió de nuevo en 1815.
 
La valentía de la Infantería de Marina de Estados Unidos en estas guerras condujo al verso "to the shores of Trípoli" en el Himno de la Marina; y para siempre serían conocidos como "cuellos de cuero" por los cuellos de cuero de sus uniformes, diseñados para evitar que las cimitarras musulmanas les cortaran las cabezas cuando abordaran las naves enemigas.

Islam, y lo que sus seguidores de Berbería justificaban en el nombre de su profeta y de su dios, perturbaba a Jefferson muy profundamente.

Estados Unidos tenía una tradición de tolerancia religiosa; de hecho, Jefferson  mismo había sido co-autor del Estatuto de Virginia para la Libertad Religiosa; pero el Islam fundamentalista era como ninguna otra religión que el mundo hubiera visto. Una religión basada en la supremacía, cuyo libro sagrado no sólo toleraba sino que ordenaba la violencia contra los infieles, era inaceptable para él. Su mayor temor era que algún día esta marca del Islam volvería y plantearía una amenaza aún mayor para los Estados Unidos.

Lo que sigue debería molestar a todos los estadounidenses: Que los musulmanes hayan dado lugar a clases y horas de natación para mujeres solamente en las universidades financiadas por los contribuyentes y en las piscinas públicas; que a los cristianos, judíos e hindúes se les haya prohibido servir en jurados donde están siendo juzgados acusados ​​musulmanes; que huchas y chicharroneras hayan sido prohibidos en los lugares de trabajo, ya que ofenden la sensibilidad islamista; que helados hayan sido descontinuados en ciertos lugares de Burger King porque la imagen en la envoltura tiene una apariencia similar a la de la escritura árabe de Alá; que las escuelas públicas estén suprimiendo la carne de cerdo de sus menús; y más, y más, y más....

Es la muerte por mil cortes, o pulgada por pulgada, como algunos se refieren a ella; y la mayoría de los estadounidenses no tienen idea de que esta batalla se libra todos los días a través de América.

Al no defenderse, al permitir que haya grupos que oculten lo que realmente está sucediendo, y no insistir en que los islamistas se adapten a su cultura, los Estados Unidos están cortando su propia garganta con un cuchillo políticamente correcto, y ayudando a impulsar la agenda de los islamistas.

Lamentablemente, parece que los líderes de hoy de Estados Unidos prefieren la corrección política antes que la victoria!

Cualquier duda, sólo busque en Google "Thomas Jefferson vs. the Muslim World."

Circula en mensajes electrónicos. Enviado Leonor Agüero 

 

 

 

Ortografía


 
Una gota cada día

Plural de las siglas: las ENG, unos CVD…
En español, las siglas son invariables en la lengua escrita, es decir, no modifican su forma cuando designan más de un referente. El plural se manifiesta en las palabras que las introducen o que las modifican:

varias ONG europeas,
unos DVD,
los PC.

Por eso es recomendable utilizar siempre un determinante para introducir la sigla cuando esta ha de expresar pluralidad:

La medida ha sido apoyada por diferentes ONG del país.
¿Con cuántos PC portátiles podemos contar?       
Tengo muchos CD de este tipo de música.              

Debe evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas añadiendo al final una s minúscula, con o sin apóstrofo: http://www.rae.es/sites/all/common/images/editor/bolaspa.gifPC’s,http://www.rae.es/sites/all/common/images/editor/bolaspa.gifONG’s,http://www.rae.es/sites/all/common/images/editor/bolaspa.gifPCs, http://www.rae.es/sites/all/common/images/editor/bolaspa.gifONGs.
 
De la página web de la RAE