14 de octubre de 2017

MITO Y REALIDAD DE COLÓN


Mito y Realidad de Colón


Colón es uno de los fundadores de la sociedad abierta.   La única y verdadera historia global de la humanidad es la de sus desplazamientos. La globalización se explica en dos etapas. Desde que comenzó el proceso de hominización –hace más de cuatro millones de años– hasta el 10.000 antes de Cristo, los seres humanos vivieron bajo el signo de la divergencia. Desde África, nuestra especie colonizó todos los nichos ecológicos que pudo.

A partir de ese momento, devino la convergencia. Todas las culturas empezaron a relacionarse, por vías pacíficas o violentas, la guerra o el comercio. Entonces comenzó la globalización que más importa, la cultural, de la cual derivaron las demás: económica, financiera, ecológica, tecnológica y emocional.

Miles de años antes, uno de los continentes de la Tierra –llamado desde 1507 América– se había desconectado de los demás, hasta aislarse casi por completo. Ese aislamiento, que duró unos 25.000 años, y concluyó cuando una nao y dos carabelas, la Santa María, la Pinta y la Niña, cuyo mando superior desempeñaba Colón, concluyeron quizás en un islote de las islas Bahamas, una arriesgada exploración marítima que habían comenzado en la costa andaluza –Palos de la Frontera– el 3 de agosto anterior.

Por supuesto el disparate intelectual de los que atacan a Colón, o pintarrajean y derriban sus estatuas en Estados Unidos  o Argentina, tiene su punto más débil en los vergonzosos anacronismos  que utilizan. La historia ya pasó y en su circunstancia se hallan gloria y tragedia. Colón se halla a salvo en la inmortalidad. No se pueden juzgar hechos del pasado bajo la perspectiva del presente.   Lo que sí puede hacer la historia es desmontar los mitos y acercarnos a la complejidad del personaje.

A finales del siglo XV, cuando Colón logró, tras fracasar en Portugal, que los Reyes Católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla apoyaran su idea de llegar a Asia por el oeste,  se acababan de unificar los reinos peninsulares  en la monarquía de España. Había esclavitud en todos los continentes; en Europa menos que en África y Asia. El canibalismo era practicado por necesidad o ritual guerrero entre aztecas y caribes. Era habitual la cárcel por deudas. Las únicas familias concebibles eran extensas, linajes que conformaban redes de ayuda mutua. Entre las admirables gentes del mar, era habitual que los niños dejaran atrás a sus padres con siete u ocho años y no los volvieran a ver jamás.

El genovés Colón (ni mujer, ni catalán, ni de Ibiza, ni un extraterrestre, que de todo hay partidarios), hijo de un tejedor, nacido en 1451, buscó escapar por vía marítima del mundo restringido en que había nacido. Fue, en palabras de hoy, un emprendedor y un gestor de capital riesgo. Hacia 1470, trabajaba en el Mediterráneo y el Atlántico africano, como comprador de azúcar para mercaderes genoveses. En la isla de Porto Santo (Madeira), pudo vislumbrar el mundo de los caballeros y escuderos seguidores del gran monarca luso Enrique el Navegante.

Se casó con la hija de uno de ellos, Felipa Perestrelo, madre de su hijo Diego. Afirmó haber visitado Inglaterra e Islandia en 1477.  

Tuvo oportunidad de conocer los vientos dominantes en latitudes ecuatoriales mientras encontraba inspiración para futuras empresas leyendo libros de caballería y vidas de santos cristianos. Sin duda se benefició del heroísmo atribuido entonces a las aventuras oceánicas.

No existe ninguna prueba sólida de que Colón, a quien encantaban el misterio y el secreto, hubiera concebido ningún proyecto de atravesar el Atlántico antes de 1486. Su notoria “certidumbre”, quizá basada en información “confidencial”, es posterior. A principios de 1492, logró convencer a los Reyes Católicos de la viabilidad de un viaje por la ruta del oeste hasta China, posiblemente con una escala en Japón.

Los monarcas estaban inquietos ante las ganancias que la exploración marítima reportaba a Portugal. El proyecto pudo financiarse por un círculo de armadores compuesto de oficiales del tesoro real y banqueros de Andalucía y Extremadura. La disponibilidad de embarcaciones dictó la elección de Palos como punto de partida, donde los hermanos Martín y Vicente Yánez Pinzón reclutaron la tripulación.

Por fin, las embarcaciones partieron el 3 de agosto de 1492 y el 12 de octubre tocaron tierra. Al regreso, en la primavera siguiente, acudió con sospechoso retraso a cumplimentar a los Reyes Católicos en Barcelona, en cuya catedral fueron bautizados seis indígenas que había llevado consigo, además de algo de oro, papagayos y pedrería.

En el segundo viaje, entre 1493 y 1496, Colón estableció tanto la ruta de vuelta desde América aprovechando los vientos del Atlántico norte, como la de ida hacia el Caribe favorecida por los alisios. En el tercer viaje, de 1498 a 1500, reconoció la costa continental alrededor de la boca del Orinoco e intuyó que había descubierto “otro mundo”.

Había logrado establecer una “ciudad” pequeña y costosa (lo del Oro de las Indias es falsa publicidad)  en Santo Domin- go. Colón no había cumplido con sus  .promesas de abrir una ruta comercial hasta China y la historia sangrienta e inestable de su gobierno antillano mostró su falta de capacidad administrativa. En 1499, los Reyes Católicos para evitar males mayores le despojaron de su cargo de gobernador y del monopolio de la navegación por las tierras y rutas que había descubierto. Le quedó el título  de Almirante del mar océano, junto a beneficios del comercio. Inició entonces un largo proceso contra la Corona, que heredaron sus descendientes, concluido solo en 1541, como muestran en su obra maestra “La herencia de Cristóbal Colón” (2015) Anunciada Colón de Carvajal y José Manuel Pérez Prendes. Todavía los monarcas le concedieron permiso para el cuarto viaje, de 1502 a 1504, cuyo resultado más sobresaliente fue la exploración costera de lo que hoy es América Central.

Los efectos de tantos viajes largos y duros y el desengaño volvieron a Colón un personaje resentido y le socavaron la salud. En los últimos años de su vida, se hizo cada vez más religioso, con toques de mesianismo. Pensó haberse acercado al paraíso terrestre. Colón murió en Valladolid en 1506.

Al servicio de la Corona española había logrado poner en contacto a los dos grandes hemisferios del mundo, antes desconectados. Tras él, la humanidad sería distinta. Esa es la verdadera historia.


Manuel Lucena Giraldo, historiador, investigador del CSIC y profesor del Instituto de Empresa. Publicado en ABC, Madrid.



23 de julio de 2017

AY, MAMA INÉ...

Ay, mama Iné
Mama Inés es un personaje un tanto novelesco, que muchos relacionan con la “Dolores Santa Cruz”, arrancada de la novela costumbrista "Cecilia Valdés" de Cirilo Villaverde; otros, con la “Mamá Dolores” de otra novela más reciente, "El Derecho de Nacer" de Félix B. Caignet.

Lo cierto es que Mama Inés es un personaje representado como real que proviene de la época de la esclavitud africana. Mamá Inés es una negrita conga que llegó a Cuba entre los esclavos traídos de África, voluptuosa, de cara linda, rumbera y simpática, que desborda bondad y alegría por donde quiera que pasa.

Mamá Inés es un personaje secundario de la zarzuela “La Niña Rita” o “La Habana de 1830”, con música de Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona. Viste una típica bata cubana larga y blanca llena de vuelos, rematada con una tira bordada y pasacintas rojas. Lleva en la cabeza un pañuelo rojo graciosamente anudado sobre la nuca y en una de sus manos enarbola un aromático tabaco habano.

Entre giros y giros de sus bailes se detiene de vez en cuando para echar al aire densas bocanadas de humo con las que dice "espantar los malos espíritus". Sólo interrumpe su sandunguero ritual para saborear, entre buchito y buchito, el deleitoso aroma del negro café cubano acabado de colar.

Se trata de un tango-congo incluido en la mencionada zarzuela. La canción de Grenet, Ay, Mamá Inés, se hizo popular y continúa siéndolo hoy día. Su origen  proviene de una comparsa  de 1868, pero en esta nueva versión se convirtió en el tema emblemático de la vedette Rita Montaner.

"Ay mama Iné, ay mama Iné, todo lo negro tomamo café".
Mamá Inés vive con su hija Belén en el barrio de Jesús María, una antigua y humilde sección conocida por La Habana Vieja. Mamá Inés no pierde de vista ni un minuto a su bella hija Belén y, en otra parte de la misma pieza musical, lo expresa así.

Aquí tamo tó lo negro
que venimo a rogar
que nos conceda permiso 
para cantá y bailar
Ay mamá Iné, Ay mamá Iné
Todo lo negro tomamo café.

Pero Belén, Belén, Belén
aonde anda tú metía 
que en too Jesús María
yo te buscá y no te encontrá.
Yo estaba en casa e madrina
que ayer me mandó buscá
en el solar de la esquina
que ella vive en el manglar. 
Ay, mama Iné…

Y como apunta Juan F. Pérez en su blog, «para que no se borre de la memoria, porque los que vienen detrás nunca tuvieron la oportunidad de disfrutar de los preciosos carnavales de la Cuba republicana, recordamos que por las calles de La Habana siempre aparecía alguien que disfrazado de Mamá Inés marcaba con pasitos de conga el final del desfile de carrozas y comparsas, mientras un carro de charangueros con cornetas y timbales, tambores y maracas la acompañaba para arrollar al compás de su pegajoso estribillo melódico: 

Ay mama Iné, ay mama Iné, todo lo negro tomamo café».

No te lo pierdas por Bola de Nieves o Rita Montaner, son clásicos.
      (Primera grabación de la canción)
Fuentes: 
Migdalia María estrada  en:

wikipedia.org



OCTAVO ANIVERSARIO


Estas PALMAS AMIGAS
Cumplen hoy 8 años.
¡Felicitaciones,
querido blog!

17 de julio de 2017

LOS IMPROVISADOS DEL CASTRISMO


Los improvisados del castrismo.

 
Orlando Freyre Santana.  

Desde el mismo momento del arribo de Fidel Castro al poder en 1959 se institucionalizó la práctica de premiar con cargos públicos a aquellos que habían participado en la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista.   Y, por supuesto, la mayoría de esos flamantes dirigentes desconocían la actividad que se les asignaba.

Recordemos el caso de Enrique Oltuski, designado como ministro de Comunicaciones en el primer gabinete revolucionario. Oltuski, como miembro del Movimiento 26 de Julio, había participado en la lucha clandestina colocando bombas y ejecutando otras acciones violentas. Cuando el filósofo francés Jean-Paul Sartre visitó a Cuba en 1960 le preguntó a Oltuski el porqué de su nombramiento. Según contó Sartre en su ensayo Huracán sobre el azúcar, la respuesta fue: «No sé por qué me hicieron ministro de Comunicaciones. Quizás porque estaba encargado de destruirlas durante la guerra».

¿Y qué decir del nombramiento de Haydée Santamaría al frente de la Casa de las Américas? La asaltante al cuartel Moncada apenas rebasaba la enseñanza primaria. Entonces, salvo el apoyo que solicitaba para la joven revolución cubana, es difícil imaginar qué otros temas de conversación pudo tener esa señora con los destacados intelectuales que visitaron la Casa por aquellos años.

Claro que la muestra más fehaciente de improvisación por esa época fue el nombramiento del “Che”  Guevara como presidente del Banco Nacional de Cuba. Además de los perjuicios que ocasionaba a la economía la dirección de la política monetaria por una persona neófita en la actividad, la imagen del Gobierno cubano se deterioraba más allá de nuestras fronteras.

Más adelante el sector del transporte sufriría los desaciertos de los ministros-comandantes Antonio Enrique Lussón y Guillermo García Frías.     El primero con el "mérito" de haber integrado el Segundo Frente Oriental Frank País junto a Raúl Castro. El segundo, un hombre experto en la cría de animales en la Sierra Maestra, era presentado tras una "revisión" de la historia como el primer campesino en unirse al Ejército Rebelde. Al principio de la revolución se decía que tal condición le correspondía a Crescencio Pérez.

En nuestros días la improvisación asume nuevos ribetes, no por ello menos perjudiciales para la economía y la sociedad. Ya no se trata de nombrar en los cargos a funcionarios totalmente desconocedores de determinada actividad. Ahora los principales dirigentes del Partido Comunista (PCC)  y el Gobierno recorren el país diciéndoles a ingenieros, técnicos y especialistas cómo tienen que trabajar para que los planes salgan adelante.

El médico José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Comité Central del PCC, se ha convertido en un "experto" en temas agropecuarios. Un día lo vemos en la provincia de Mayabeque orientando cómo deben sembrarse los campos de papa; al siguiente está en Pinar del Río indicándole a un veguero con medio siglo de experiencia en el cultivo del tabaco qué tipo de hojas deben recogerse; después pasa a la zona de Jagüey Grande para explicarles a los especialistas en cítricos por qué se incumplieron los planes productivos; y al final va a Camagüey y les insiste a los ganaderos que si hacen lo que él dice no se muere una vaca más.

El comandante de la Revolución Ramiro Valdés no se queda atrás. En vez de mostrarles a los cadetes del Ministerio del Interior (MININT) la manera más eficaz de arrancarle una confesión a un prisionero, o el modo de organizar un aparato de contrainteligencia para mantener vigilado a todo el mundo, lo han transformado en un viajero empedernido. Las imágenes de la televisión lo muestran arengando a los mineros de Moa; enseñándoles a los obreros de cualquier fábrica cómo ahorrar combustibles; o halándoles las orejas a los constructores que no terminan en tiempo las obras.

Cada día nos vamos pareciendo más a Corea del Norte. Allí es común observar a Kim Yong-un dando orientaciones, y los que le rodean, armados de papel y lápiz, anotando al pie de la letra las indicaciones del "Líder Supremo".

Reproducido de www.diariodecuba.com (Calificado y censurado previamente en Facebook como “spam” o contrario a sus normas comunitarias)
 

11 de julio de 2017

El antiguo Palacio de los Capitanes Generales

El antiguo Palacio
de los Capitanes Generales

El Palacio de los Capitanes Generales, en la actualidad Museo de la Ciudad, se encuentra ubicado en “La Habana Vieja”, junto a la antigua “Plaza de Armas”. Ocupa toda una manzana y está considerada la obra de mayor importancia arquitectónica de todo el desarrollo barroco en Cuba. Fue edificado en el lugar donde se encontraba la antigua Catedral de La Habana y su construcción comenzó en el año 1776.

En efecto, en el lugar donde hoy está emplazado el palacio ya existía en 1574 un pequeño templo católico.  Algunos historiadores afirman que esta iglesia fue la incendiada por el pirata Jacques de Sores en 1555. La primitiva iglesia llegó a ser verdaderamente rica en obras y esculturas convirtiéndose en Parroquial Mayor.[ ]  

En 1741 resultó seriamente dañada  por la explosión del navío Santa Bárbara, que estaba atracado en el cercano puerto de La Habana. Fueron tantos los daños que hubo que demoler la iglesia, por lo que la Parroquial Mayor fue trasladada a la zona conocida como La Plazuela de la Ciénaga, propiedad de la orden de Padres Jesuitas.   

Durante la época del Marqués de la Torre, gobernador español, sobre los escombros de la edificación se comenzó en 1776 la construcción de la Casa de Gobierno, la que se terminó en 1792, bajo el mandato de don Luis de las Casas, convirtiéndose en la residencia de los gobernadores coloniales de la isla.[ En ella vivieron, sucesivamente, 65 Capitanes Generales enviados por España para gobernar en Cuba.  

El edificio albergaba además de la Capitanía General, otros departamentos estatales y particulares. La planta alta con vistas a la Plaza de Armas, estaba ocupada por la oficina del Gobernador; en la parte que da a la calle Obispo se encontraban las oficinas del Ayuntamiento Municipal, y los entresuelos y la planta baja fueron ocupados por comerciantes y escribanos que alquilaban a plazos sus oficinas. El ala norte que mira hacia la calle Mercaderes fue destinada a la cárcel pública, luego esta sección fue ocupada por la Real Audiencia, donde se celebraron  frecuentes congresos con fuertes debates de instituciones criollas como la Sociedad Económica de Amigos del País o la llamada Junta de Fomento.

En el patio interior del palacio está enclavada una estatua de Cristóbal Colón, colocada en este lugar en el año 1862.  El edificio    ocupa toda una manzana,  tiene forma de cuadrilátero y mide 22 metros de alto.

Por su importancia para la Corona, casi todos los materiales con que fue construido fueron importados: ladrillos de Málaga, hierros de Bilbao y mármol de Génova. Las 10 columnas de su portal, de piedra labrada y que forman a su vez nueve arcos iguales, son de mármol de Carrara y adornan la entrada principal del palacio, sobre la que destaca la Corona Real española con el escudo y el collar de la Orden del Toisón de Oro.

Al terminar en 1898 el dominio colonial español sobre Cuba, el Palacio de los Capitanes Generales fue convertido en residencia y oficinas de las autoridades norteamericanas hasta el término de su intervención el 20 de mayo de 1902.  A partir de entonces pasó a llamarse Palacio Presidencial y en él se alojaron los presidentes de la nueva república hasta llegado el año 1920. Fue Mario García Menocal, entonces Presidente de la república, quien decidió la construcción de un nuevo y mas amplio edificio, por lo que el antiguo Palacio de los Capitanes Generales pasó a ser sede del Ayuntamiento de La Habana.

En 1967 el régimen castrista lo convirtió en Museo de la Ciudad de La Habana, con 40 salas de exposiciones permanentes, dedicadas a preservar la memoria de las gestas independentistas cubanas y el fragor de la búsqueda de la identidad nacional. Sus ambientes habitacionales rememoran épocas señoriales y recrean espacios interiores con el encanto de notables colecciones.  

La historia de Cuba está reflejada en las diferentes salas de exposiciones. La Sala de las Banderas expone las enseñas nacionales más importantes de las guerras de independencia, entre estas la que trajo Narciso López  en 1850 o la de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, y las que presidieron numerosos actos de los clubes de exiliados cubanos en Tampa y Cayo Hueso. Otra de las salas expone armamento mambí utilizado en las diferentes contiendas, pinturas alegóricas a los próceres independentistas y pertenencias de los héroes de la manigua.[ ]

Algunas salas se han destinado a mostrar la decoración colonial del palacio, con piezas de alto valor, un ejemplo elocuente es el llamado Salón Blanco que cuenta con lujosos espejos venecianos. El espacio más visitado en el museo es el Salón del Trono, construido imitando al gran salón del Palacio Real de Madrid, que  cuenta con exposiciones de joyas y vajillas pertenecientes a numerosas figuras históricas como la zarina rusa Catalina la Grande, y obras pictóricas de consagrados artistas cubanos como Leopoldo Romañach, Armando Menocal, Víctor Manuel, Amelia Peláez, Mariano Rodríguez, René Portocarrero y Wifredo Lam.

El Palacio de los Capitanes Generales, ahora Museo de la Habana, guarda también entre sus muros la escultura original de la Giraldilla, símbolo oficial y legendario de la ciudad, réplica de la que se conserva en el Castillo de la Fuerza oteando el horizonte, para preservarla de los rigores de agentes externos que llegarían a destruirla.


8 de julio de 2017

LA CONDESA DE MERLÍN

 
La condesa de Merlín

Héctor Maceda Gutiérrez

María de las Mercedes de Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín, fue una importante figura de la literatura cubana de la primera mitad del siglo XIX. Vio la luz en el poblado de Jaruco, La Habana, el 5 de febrero de 1789. Procedía de una ilustre familia. Sus padres, Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas y María Teresa Montalvo y O’Farril, Condes de Jaruco y Mompox.

Se le considera no solo fundadora de la tradición narrativa y memorialista femeninas de Cuba, sino también como puente del estrecho vínculo creado por ella entre los diferentes intereses que se entrecruzaron en su vida: por un lado Europa, con la cual se identifica por intermedio del lector francés y sus textos en lengua gala y, por el otro, Cuba, su tierra natal con la que se sintió imbricada sólida e intrínsecamente debido al profundo amor que tenía hacia ella.

La condesa de Merlín instaló uno de los salones más cultos y prestigiosos de la época en la capital gala. Conoció a filósofos, poetas, escritores y artistas plásticos de renombre universal. La joven viajó por Alemania, Suiza, Gran Bretaña, EE.UU. e Italia. Contrajo nupcias en 1811 con el general francés Antonio Cristóbal Merlín, conde de Merlín, de quien ella adquiriría el título nobiliario con el que sería conocida en Cuba, los EE.UU. y Europa.

En 1839, al fallecer su esposo fue entonces que se incrementó su copiosa producción literaria al refugiarse en ella. Transcurrido un tiempo regresó a Cuba (1840). Visitó La Habana -su ciudad natal- y mantuvo un enjundioso intercambio epistolar con sus antiguos y presentes amigos parisinos. Estas cartas fueron compiladas en un libro de su autoría, publicado en francés, titulado: “La Havane”.

Su actividad periodística y literaria fue enorme. Colaboró con artículos y documentos en los diarios “El siglo”, “Faro industrial de La Habana” y “El colibrí”. “La Havane” se convirtió en una tribuna para denunciar el daño provocado al desarrollo económico de Cuba debido a los métodos de gobierno empleados por las autoridades españolas en la Isla.

Su obra literaria se extiende, entre otros textos a: “Mis primeros doce años”, “Memorias y recuerdos”, “Los esclavos de las colonias españolas”, “Historia de la hermana Sor Inés”, “Viaje a La Habana”…

La muerte la sorprendió en medio del cenit de su amplia actividad intelectual, a la edad de 63 años, en París, el 31 de marzo de 1852, bajo los cuidados de su hija en el Castillo de Dissay, en las afueras de Poitiers. Sus restos mortales fueron acompañados por un pequeño cortejo fúnebre hasta el cementerio de esa ciudad, donde se encuentran prácticamente olvidados en la actualidad.

Reproducido de convivenciacuba.es