29 de octubre de 2009





Ignacio Piñeiro y Alberto Villalón


Boda Negra y
Sobre una Tumba una Rumba

Ana Dolores García

El tema de la muerte no ha podido estar ausente de nuestra música, como no lo estuvo tampoco en la inspiración de grandes autores como Mozart con su Requiem, Chopin con su Marcha Fúnebre o Camilo Saint-Saëns con su Danza Macabra.

Entre nuestras composiciones vernáculas -y a nivel de sones-,  son dos las que más sobresalen y ambas corresponden a compositores encasillados en la vieja trova cubana: Alberto Villalón e Ignacio Piñeiro. Aunque tales composiciones ya no se canten, algunos cubanos todavía las recuerdan y artistas internacionales más recientes, como Julio Jaramillo, Ana Gabriel y otros las han incluido en su repertorio. Una de ellas, más que trágica, -yo diría que espeluznante- es de la inspiración de Alberto Villalón, y su título ya nos adelanta el tema: «Boda Negra».  En cambio, Ignacio Piñeiro fue sarcástico e irreverente al componer «Sobre una tumba una rumba»

Tanto Villalón como Piñeiro sobresalieron como trovadores y compositores en aquellas primeras décadas del siglo pasado, creando populares sones y boleros junto a Miguel Matomoros, Sindo Garay y María Teresa Vera. Se dice que Villalón fue quien llevó el bolero a La Habana, haciendo bueno aquello que cantaba Miguel con Siro y Cueto: «son de la loma y cantan en llano…»

Alberto Villalón había nacido en Santiago de Cuba en 1882. Fue compositor, guitarrista y trovador y muy joven marchó a La Habana. Allí trabajó en el Teatro de Variedades de Palatino, dio clases de guitarra, grabó discos y hasta compuso una revista musical. Viajó a Estados Unidos y México y junto a Ignacio Piñeiro fundó en 1927 el Septeto Nacional. Entre sus múltiples composiciones se destacan Boda negra y Yo reiré cuando tú llores. Murió en La Habana en 1955.

En el siguiente vídeo de Youtube se puede escuchar «Boda Negra»,








La letra de este bolero son dice así:

Oye la historia que contóme un día
el viejo enterrador de la comarca:
era un amante que por suerte impía
su dulce bien le arrebató la parca.
Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de su hermosa,
y la gente murmuraba con misterio:
es un muerto escapado de la fosa.

En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cabó la fosa y se llevó en los brazos
el rígido esqueleto de su amada.
Y allá en la triste habitación sombría,
de un cirio fúnebre a la llama incierta
sentó a su lado la osamenta fria
y celebró su boda con la muerta.
Ató con cinta los desnudos huesos,
el recto cráneo coronó de flores,
la horrible boca le cubrió de besos
y le contó sonriendo sus amores.
Llevó la novia al tálamo mullido
se acostó junto a ella enamorado
y para siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado.


Por su parte, Ignacio Piñeiro nos dejó su inspiración en un son con estribillo sandunguero.  Piñeiro había nacido en La Habana en 1888 y está considerado como uno de los principales cultivadores del son.   

Formó parte de diversos conjuntos musicales y del Sexteto de Occidente de María Teresa Vera, con la cual actuó en Nueva York. Fundó después otro sexteto al que llamó «Nacional» que luego se transformó en Septeto y del cual también formaba parte Alberto Villalón.  Piñeiro y su Septeto viajaron a Sevilla en 1929 para presentarse en la Feria Internacional que allí se celebraba.  

A Piñeiro se le considera autor de lo que es ahora el  himno oficial de Asturias. Era hijo de asturiano y cubana y compuso  la canción en honor a su padre. Se supone que se basó en una vieja tonada que cantaban obreros polacos trabajadores de las cuencas mineras de Mieres y Caudal.  

Además de «Sobre una tumba una rumba», entre sus composiciones se destaca también la conocida «Échale salsita», cuyo coro fue incluido por George  Gershwin en su Overtura Cubana. Ignacio Piñeiro murió en La Habana en 1969.

En Youtube podemos encontrar «Sobre una tumba una rumba»:

Ana Dolores García
Fotos: Google
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