12 de noviembre de 2017

LA ZARZUELA EN CUBA

La Zarzuela en Cuba
(Parte 1ª, Los Orígenes)

El teatro Tacón, inaugurado en 1838, fue en su época  el teatro más grande y lujoso del continente americano y, por sus cualidades técnicas, el tercero del orbe, después de la Scala de Milán y la Ópera de Viena. Fue demolido en 1906 para la construcción el majestuoso edificio del Centro Gallego de La Habana.   

Alberto Joya (Mayo 1998)
La Habana fue durante el siglo XIX una de las plazas teatrales mas fuertes de toda la América Latina. La frase “Para triunfar en América hay que pasar por La Habana”, constituyó una premisa para todos los actores y compañías lírico-dramáticas que querían probar suerte en tierras trasatlánticas.  Llegaban primero a los teatros de La Habana y del éxito –o del fracaso conquistado en la presentaciones que allí se hicieran- dependía el arribo a otros pueblos americanos.
Como muestra basta citar a los actores españoles Andrés Prieto (discípulo de Maiquez, el renovador de la técnica de actuación en España) y Matilde Díaz, llamada la perla del teatro español, y a los compositores Manuel Fernández Caballero, que residió durante algunos años en la provincia de Matanzas y colaboró como director de orquesta en La Habana, y Joaquín Gaztambide, que se presentó durante un año al frente de su compañía en el Teatro Tacón.
Desde finales del siglo XVIII el teatro lírico, en relación con el resto de las manifestaciones  teatrales, ocupaba un lugar especial en el ambiente cultural de los principales centros urbanos de Cuba. La construcción del primer teatro en la capital, en 1776, el Coliseo, mas tarde nombrado el Principal, fue el acontecimiento que impulsó la difusión del teatro lírico y de la música en general en todo el país.
En 1790 aparece el primer número del Papel Periódico de La Habana, en el que se anuncia que una compañía española está actuando  permanentemente en el Teatro Principal, haciendo tonadillas escénicas donde se suman  canto y baile. Esto propició  que se iniciara en la vida de la aristocracia española  y de la burguesía criolla  -quienes financiaban el mantenimiento de los lujosos espectáculos líricos-  el gusto por este tipo de actividad cultural, convirtiéndose  casi en un hábito que se extendió a todo lo largo del siglo XIX.  El desarrollo que iba alcanzando cada centro urbano y en especial la capital de la isla,  estaba marcado por la construcción de nuevos teatros, de sociedades y liceos.
Hasta el momento, la referencia mas antigua que se conoce  sobre la primera zarzuela estrenada en La Habana aparece en el Papel Periódico anunciando su estreno  para el 29 de octubre de 1771. La zarzuela en un acto se titula El alcalde de Mairena, y su autor se nombra Joseph Fallótico. Desgraciadamente no se ha podido determinar si era realmente una zarzuela pues se ha perdido la obra. Todo se diluyó en las noticias de la prensa.
Las tonadillas llegan a Cuba procedentes de España, como los cantores y los músicos, pero rápidamente van surgiendo sus émulos criollos; es aprendizaje directo, porque no hay sitio todavía para academias musicales. La tonadilla comienza a declinar en La Habana a principios del siglo XVIII, pero continuará existiendo en el interior de la Isla.
La tonadilla es la madre del teatro bufo cubano. En la última década del siglo XVIII y durante la primera mitad del siglo XIX son muy inestables las representaciones de los espectáculos de zarzuela. Hasta el estreno de El Duende, de Luis Olona y Rafael Hernando en el Teatro Tacón en 1853, no se introduce definitivamente el género en Cuba, a juzgar por la cantidad de títulos  que aparecen citados en los anuncios de la prensa después de esa fecha.  En ese mismo año se  estrena El tío Caniyitas de Soriano–Fuentes con mas de treinta funciones. Jugar con Fuego, de Ventura de la Vega y Barbieri, y El Valle de Andorra de Olona y Gaztambide entre otros muchos títulos.
A partir de este momento ocurrirá un desenfrenado consumo de zarzuela, que no es mas que el reflejo de la vida teatral que transcurría en la Metrópoli. Las reiteradas presentaciones de los espectáculos zarzuelísticos por los intérpretes y compañías españolas incitaron cada vez mas a los empresarios dueños de teatros en Cuba. Ellos, ávidos por encontrar novedades y atracciones para el buen recaudo  de sus fondos, promovieron entre los compositores y artistas residentes en Cuba la creación de zarzuelas.
Surge entonces  el primer título que se conoce como escrito en Cuba y no precisamente de autor cubano: Todos locos o ninguno, del catalán José Freixes, estrenada en el Teatro Tacón el día 3 de marzo de 1853. A este estreno 
Del pintor costumbrista
Víctor Landaluze
siguieron en ese mismo año: Colegialas son colegialas del mismo autor pero arreglada  por Víctor Landaluze, caricaturista y dibujante costumbrista vasco radicado en Cuba que incursionó en el género, Apuros de un bautismo, de Rafael de Otero, Por los parneses de Romero y El delirio paternal de José Robreño, son tres títulos de autores cubanos.
En el Teatro Villanueva, en 1954, triunfa otra compañía española de zarzuelas, y continúan surgiendo los compositores verdaderamente cubanos, aunque todavía inspirados en motivos  y música de corte español. La otra gran ciudad, Santiago de Cuba, no quiere ser menos y comienza a programar compañías de zarzuelas como la de Robreño, que llevaba algunos años triunfando ya en La Habana. 
Pero, ¿cómo eran estas primeras zarzuelas en Cuba? ¿Representaban un reflejo de la zarzuela española?  Analicemos: Antes de tomar auge la novedosa zarzuela, existían otros géneros líricos como los sainetes y las tonadillas escénicas. Recordamos que la primera zarzuela de la que se tiene noticias [en España] fue El jardín de Falerina de Calderón de la Barca y Juan Risco en 1648, y el auge que tomaron los sainetes de don Ramón de la Cruz, que nació en 1731. 
Toda esta larga historia del teatro lírico en España, es asimilada en un corto período de tiempo. Las zarzuelas en Cuba no surgieron como resultado de un proceso orgánico en el desarrollo teatral. Su presencia, su nacimiento, se debió, como diría alejo Carpentier,  “a fenómenos de aportación, injertos y trasplantes que resultan insólitos para quien pretenda aplicar determinados métodos de análisis de un arte regido  por un rejuego constante de confrontaciones  entre lo propio y lo ajeno, lo autóctono y lo importado”.


Este rejuego constante preparó el camino para la determinación de los elementos esenciales del teatro lírico cubano. Existen referencias sobre la aparición de esos primeros rasgos criollos a finales del siglo XVIII y principios del XIX, que nos permiten apreciar que a partir de esos años ya es notable el propósito de diferenciar el lenguaje dramatúrgico de las composiciones españolas, aunque continúe manteniéndose la estructura y la denominación genérica, “se habla, se pleitea, se reza y se tañe a la española, pero no como en España”.

(Continuará)

9 de noviembre de 2017

HAZME UNA CRUZ SENCILLA, CARPINTERO (3)

Hazme una cruz sencilla, carpintero
(3ª Parte)
León Felipe (1884-1968)


Marlene María Pérez Mateo

La cruz de la Victoria:

Esta Cruz es en realidad un relicario, por ser hueco y en cuyo interior se conserva un fragmento del madero de la cruz usada por Pelayo, héroe español durante la batalla de Covadonga del 722. Es una bellísima pieza de orfebrería  conservada en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo desde el 908. Se presume fue concebida en el taller de orfebrería del Castillo de Gauzón, propiedad de Alfonso III el Magno.  Estuvo expuesta a un atentado por explosión con dinamita en 1934 durante la guerra civil española por parte de los republicanos,  y a robo en 1977.


 La cruz de San Millán:

Es una cruz visigoda. Se trata de una flor de ocho pétalos abiertos en tres puntas y dos hojas de ortiga. Simboliza el camino para llegar a la vida eterna. Su primera representación se encuentra en una escultura románica del siglo XII de San Millán en el Monasterio de la Cogolla, cuna de la lengua española y vasca.
                                  

La Cruz bautismal o cruz griega:




Es una cruz griega, recuerda la letra X, la inicial de Cristo en dicha lengua. Tiene ocho brazos, signo de la regeneración y la vida eterna.


La cruz da San Andrés:

Es en forma de aspa. Se usa en la actualidad en la heráldica, como símbolo del caudillo invencible, y en la vexolología (estudio de la banderas). Recuerda la forma de crucifixión y agonía de San Andrés en la ciudad de Patras capital de la provincia de Acaya en Grecia.



La cruz de Caravaca de la Reina



La cruz de Caravaca es una cruz patriarcal, hueca a manera de relicario donde se guardan unas de las reliquias encontradas por Santa Elena, atribuidas al madero donde murió Jesús. Tiene una pieza vertical y dos horizontales. La leyenda cuenta la conversión del tarifa de Murcia cuando por inexplicables razones la cruz llegó a las manos del  Padre Gines Pérez Chirinos. El musulmán había pedido al sacerdote prisionero celebrara en su presencia una misa, ante la ausencia de la cruz como objeto litúrgico se produjo el milagro de su aparición en manos angelicales. La cruz de Caravaca  se usó como símbolo de protección del pueblo español frente a la invasión napoleónica. Un acto sacrílego ocurrió en 1934 pero no pasó a mayores. En 1945 el Papa Pio XII declaró a Caravaca “Lignum crucis” y con ello ciudad santa y merecedora de Jubileo e indulgencias.  Del primero al cinco de mayo cada año la tradición celebra por tal razón fiestas patronales, con distintos eventos. Los caballos del vino y bendiciones de manantiales de agua, entre otros.


La cruz de Lorena:





Consiste en una rama vertical y dos ramas horizontales, la menor representa el “titulus crucis” enviado a poner por Poncio Pilato en la cruz de Jesús. Su uso se remonta al reino de Hungría y al Ducado de Lorraine en el siglo XV. Se utiliza como símbolo de Francia y en la Asociación de lucha contra la tuberculosis.  





(Continuará)

4 de noviembre de 2017

HAZME UNA CRUZ SENCILLA, CARPINTERO ( II )

Hazme una cruz sencilla, carpintero
(2ª Parte)

León Felipe (1884-1968)

Marlene María Pérez Mateo


La Cruz de Occitania 
Fue usada primeramente por los Condes de Forcalquier en Provenza, región histórica cultural del sur de Francia; y posteriormente se extendió a Occitania, franja mediterránea del país galo, de la cual conserva nombre. Hoy también es usada en Languedos, Forcalquyier y Tolosa.  Es una cruz tricúspide vacía, es decir hueca, confeccionada en oro, curvilínea en sus extremos donde se remata en tres puntas.



La cruz Ortodoxa o bizantina
Es una cruz de ocho brazos, un eje vertical y tres horizontales, de ellos el mas inferior el oblicuo, mas alto al lado derecho apuntando al buen ladrón y mas bajo en el izquierdo apuntando al mal ladrón, crucificados con Jesús según textos bíblicos. Debajo tiene la calavera de Adán, según tradición enterrada en el Gólgota. Incluye en ocasiones a María y a Juan evangelista a los lados.





La cruz de San Jorge
Es una cruz griega roja sobre fondo blanco. Se usó por primera vez en Génova, centro marítimo del Mediterráneo. Los ingleses preconizaron su uso como modo de protección y la incorporaron a su bandera, y por decantación a los símbolos de sus ex-colonias británicas.



                             
La cruz de Santa Brigida

             Atribuida a la Patrona y evangelizadora de Irlanda. Se cuenta una leyenda donde la Santa  galesa logro la conversión del cacique pagano de Kildare, Irlanda cuando con unos pocos juncos tejió una cruz. Hoy es una tradición casi olvidada  el de colocar el primero de febrero, inicio de la primavera irlandesa, en las puertas de las casas  el símbolo de la cruz de juncos para llamar a buenos augurios y ahuyentar los malos espíritus.    



La Cruz de Santiago
Es una cruz latina de gules. Usa una espada en la parte horizontal inferior, y los brazos rematados con una flor de lis. Indica el sentido caballeresco y el martirio de Santiago. Data del siglo XII. Se usa por parte de la Orden de Santiago, patrón de España.


La cruz Tau:


 La cruz de San Antonio abad y Santa Tecla. Recuerda la última letra del alfabeto hebreo y la decimonovena del alfabeto griego. Fue parte de la rúbrica de San Francisco de Asís. Su origen se remonta al siglo IV en el Concilio de Letrán,  pero encuentra puntos de enlace con el libro de Exequiel, cuando se usó como marca en las puertas de los israelitas, y en el libro del Apocalipsis para los denominados siervos y salvos. Se usó durante la segunda cruzada.  


(CONTINUARÁ)

31 de octubre de 2017

DÍA DE MUERTOS, HALLOWEEN, TODOS LOS SANTOS Y FIELES DIFUNTOS


Día de los Muertos,
Halloween,
Todos los santos y

Los fieles difuntos

Ana Dolores García

Cada año, la llegada del otoño nos trae unas fechas similares.  el día de los muertos, la celebración cristiana de  santos y  fieles difuntos, y la de Halloween con sus reminiscencias de ritos célticos sobre la muerte. Ya su propio nombre nos adelanta que algo significa también sobre santos y muertos. Tres celebraciones de pueblos y creencias disímiles sobre un mismo tema que se han puesto de acuerdo para reunirse en una misma hoja del calendario.

Durante tres mil años, el pueblo indígena de México se había venido burlando de la muerte en un festival que duraba casi todo el mes de agosto, noveno mes del calendario asteca. Para ellos la vida era un sueño y la muerte era el comienzo a una vida plena. Por ello, las calaveras eran símbolo de alegría y de liberación. Los misioneros españoles,  aunque encontraron todo esto como algo espeluznante, vieron en el fondo la misma idea cristiana: la vida eterna en el Reino de Dios después de la muerte.   
  
Y al igual que lo hiciera la Iglesia  en Europa identificando sus fechas litúrgicas con  las de las antiguas fiestas paganas, los misioneros en México trasladaron las celebraciones indígenas de agosto y las resumieron en tres días para que coincidieran con el calendario cristiano y la celebración de  todos los santos y los fieles difuntos.

Halloween en sus orígenes fue también una fecha religiosa.  La muerte ha sido, y es, el gran misterio de todos los pueblos desde los orígenes que se conocen. Las noches, con su halo de misterio comenzaron a hacerse mal largas. La luz del día, a su vez, se hizo mas corta. Era un escenario propicio para misterio, fantasmas, aparecidos, brujas, conjuros….

Así hemos llegado hasta estos tiempos, en que durante tres días pasamos de la inocencia infantil de recoger caramelos tocando puertas de vecinos, a fiestas con disfraces macabros. Un ambiente convenientemente creado por películas y espectáculos televisivos ad genero, mientras otros muchos una vez al año visitarán los cementerios, lavarán las argollas y crucifijos de bronce de las bóvedas y, sentados sobre ellas, se quedarán un rato con sus muertos.   Las tumbas se cubrirán de flores, se levantarán altares en las casas para honrar a los muertos, los niños llenarán sus bolsas con toneladas de cráneos de caramelo, y las gentes se disfrazarán de esqueletos.  Los devotos pasarán horas en  cementerios e iglesias,  y de ese modo viviremos un animado ambiente de confraternidad entre los santos, los vivos y los muertos.  

29 de octubre de 2017

¿QUÉ ES EL AMAGÜESTU?

¿Qué es el amagüestu?

El término amagüestu, que también se denomina magüestu, magüesto, amagosto o magostada, es una tradicional celebración en la que se toma sidra dulce con castañas. Tiene lugar en el mes de noviembre y  prácticamente se celebra en toda Asturias.
El amagüestu es una fiesta pagana cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, si bien las referencias mas cercanas son las del pueblo celta, ya que se sabe que estas fiestas agrarias formaban parte de las celebraciones del hombre prehistórico.
La castaña y el día de los difuntos aparecen vinculados desde tiempo inmemorial a la fiesta del amagüestu, que normalmente tiene lugar en la primera quincena de noviembre, ante la llegada del invierno que supone la muerte de la luz, es decir, el fin de un ciclo que se repite cada año.
Según creencias antiguas la castaña era el símbolo del alma de los difuntos.


Cada castaña que se comía liberaba un alma del purgatorio. En otros muchos lugares se festeja el día 1 de noviembre, coincidiendo con la celebración celta conocida como Samhain, una ceremonia de origen celta, de culto al fuego y a su efecto purificador sobre los malos espíritus y algunos malvados habitantes del bosque.
El día 1 de noviembre, los celtas apaciguaban los poderes del otro mundo y propiciaban la abundancia de las cosechas con la celebración de la fiesta samhain, la cual era, para unos, el comienzo del invierno y, para otros, el final de verano; en todo caso era el principio de una nueva gestación y de un periodo de intensa comunicación entre los habitantes de éste y del otro mundo. Se reunía una gran multitud porque era una fiesta obligatoria. Quien no asistía corría el peligro de perder la razón. La fiesta era para los celtas, una concentración de lo sagrado, en un tiempo y lugar determinados.
Por las mismas fechas, los romanos celebraban las saturnales.

La costumbre de comer castañas asadas con motivo de la festividad de la fiesta de ánimas, ha sido común en toda la zona norte de España.

28 de octubre de 2017

HAZME UNA CRUZ SENCILLA, CARPINTERO

Hazme una cruz sencilla, carpintero

(1ª Parte)


Marlene María Pérez Mateo



León Felipe (1884-1968)

 En una ocasión León Felipe, escritor español exiliado en México, se encontraba sumamente  enfermo; su sobrino  político y torero Carlos Arruza le trajo para la cabecera del paciente una bellísima cruz muy elaborada, una joya de orfebrería. La intención era  excelente, pero Felipe  pidió  fuera cambiada por otra,  esta vez de madera cuya confección encomendó a un simple carpintero vecino de los bajos en la residencia,  por entonces, del artista. Y porqué no, la petición la hizo por medio de la poesía, su arma de batalla por excelencia; y así quedó: “Hazme una cruz sencilla carpintero...”, que a continuación reproduzco

                         “Hazme una cruz sencilla carpintero,
                           mas sencilla, mas sencilla, mas sencilla, 
                           sin barroquismos,
                           sin añadidos ni ornamentos,
                           que se vean desnudos los maderos,
                           desnudos y decididamente rectos.
                           Los brazos en abrazo hacia la tierra,
                           el astil disparándose a los cielos.
                           Que no haya un solo adorno
                             que distraiga este gesto,
                           este equilibrio humano
                           de los dos mandamientos.
                           Sencilla, sencilla, mas sencilla.
                           Hazme una cruz sencilla, carpintero.  

Las palabras huelgan ante tal lírica, el poema es impecable. Es una obra
perfecta, y de esas donde la simplicidad toma empinado vuelo. 
               
Quisiera en esta reseña en las alas de la poesía de Don Felipe, hacer un periplo añorado desde hace varios años. Su verdadera autora es mi abuela, quien ayudó a sembrar y hacer  crecer como solo las viejecitas saben hacer, la semilla de la inquietud en la tradición  religiosa  de antaño. Ella dejó para mi y para todos los que le conocieron el listón bien alto; y en ese su calidoscopio de hondas raíces me atrevo a tomar uno de sus muchos espectros de colores para dar vida a estas páginas:  La cruz, y con ella, las múltiples expresiones que con el devenir  de los tiempos se ha ido enriqueciendo el acerbo del pueblo cristiano.

                                          Los altares de Cruz


Una de las variopintas  historias con que se meció mi cuna, de esas cuyo deleite aun resuena en  zigzagueante armonía: los altares de Cruz. En  vísperas del 3 de mayo, a inicios del siglo XX,  fácil resultaba echar andar el proyecto de tal festividad en la Cuba de entonces en un medio donde la “españolicidad” y la cristiandad estaban a flor de piel. Era en honor a la Santa Cruz de Caravaca de la Reina; cuyo arraigo popular se manifestaba en la velada. El centro de la fiesta era un altar improvisado construido con  una amplia mesa como base, una  estructura en posición escalonada a manera de pirámide, luego cubierta por manteles y engalanada a su vez con flores, helechos y arecas. En la cima de tan improvisado montículo una cruz coronaba y encabezaba la celebración. Luego frutas, dulces  y golosinas se sumaron al decorado y a agasajo al paladar de los asistentes. Un padrino y madrina servían de anfitriones, puesto dado por razones de respeto a los de mayor edad. Por base musical  un gramófono y discos  del momento, el danzón por excelencia. 

   Las cruces y su historia:

La Cruz de Calatrava

Es una cruz emblemática de los gules (heráldica de color rojo en la antigua Francia). Se caracteriza por flores de lis en los extremos. Formas parte de los emblemas de La Orden de Calatrava, la Universidad de Santo Tomas en Bogotá, Colombia y del escudo de Buenos Aires, Argentina.  

La Cruz Celta


Su mayor distinción es la de un círculo rodeando la intercepción de los dos brazos. Es muy típica de Irlanda y del mundo celta. Se le conoce desde el siglo VII. A la forma circular se le ha dado distintas interpretaciones:  la de simbolizar al sol, a la luna, de ser coronas de flores o de hojas, utilizada para espantar al diablo o para garantizar  la estabilidad del objeto. Muy unida con la figura de San Patricio.

La cruz de los hugonotes



Es una cruz muy relacionada con los protestantes del sur de Francia conocidos como hugonotes, siendo en cierta manera una imitación de la cruz de la Orden del Espíritu Santo. Existe una leyenda atribuyendo su confección a un orfebre de Nime, llamado Maystre, hacia 1688. Es una cruz patada, es decir sus cuatro brazos tienen igual dimensión. Cada extremo se abotona doblemente, simbolizando las ocho bienaventuranzas y en las cuatro intercepciones hay una flor de lis, significando la trinidad y a su vez delineando cuatro corazones. En el extremo inferior cuelga una paloma representando el Espíritu Santo y a veces un colgante a su vez en forma de pequeña lámpara de aceite.   

La cruz patada



Es una cruz con iguales dimensiones en sus cuatro extremos, lo cual le identifica como patada, pero cuyos brazos se ensanchan al final. Asociada a los caballeros templarios cuando su color es rojo datándose desde 1147 y de los Caballeros teutónicos de color negra originarios de Prusia. Se usa en la actualidad en los mapas para la localización de de templos cristianos; en la escritura delante de los nombres del Obispo y aun en la actualidad en las regiones al noreste de Francia.

La cruz de Malta


Data desde 1120, cuando los frailes de la  Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén ya la usaban quizás a sugerencia del Beato Gerardo por ser símbolo de su  ciudad natal Amalfi. Es una cruz ensanchada en los extremos con los brazos hendidos por una escotadura y terminación en dos puntas, coincidiendo con el ocho de las bienaventuranzas, las ocho obligaciones de los caballeros y las ocho leguas del perímetro de naciones permitidos en la Orden hasta 1462. Se utilizó en la primera cruzada.


14 de octubre de 2017

MITO Y REALIDAD DE COLÓN


Mito y Realidad de Colón


Colón es uno de los fundadores de la sociedad abierta.   La única y verdadera historia global de la humanidad es la de sus desplazamientos. La globalización se explica en dos etapas. Desde que comenzó el proceso de hominización –hace más de cuatro millones de años– hasta el 10.000 antes de Cristo, los seres humanos vivieron bajo el signo de la divergencia. Desde África, nuestra especie colonizó todos los nichos ecológicos que pudo.

A partir de ese momento, devino la convergencia. Todas las culturas empezaron a relacionarse, por vías pacíficas o violentas, la guerra o el comercio. Entonces comenzó la globalización que más importa, la cultural, de la cual derivaron las demás: económica, financiera, ecológica, tecnológica y emocional.

Miles de años antes, uno de los continentes de la Tierra –llamado desde 1507 América– se había desconectado de los demás, hasta aislarse casi por completo. Ese aislamiento, que duró unos 25.000 años, y concluyó cuando una nao y dos carabelas, la Santa María, la Pinta y la Niña, cuyo mando superior desempeñaba Colón, concluyeron quizás en un islote de las islas Bahamas, una arriesgada exploración marítima que habían comenzado en la costa andaluza –Palos de la Frontera– el 3 de agosto anterior.

Por supuesto el disparate intelectual de los que atacan a Colón, o pintarrajean y derriban sus estatuas en Estados Unidos  o Argentina, tiene su punto más débil en los vergonzosos anacronismos  que utilizan. La historia ya pasó y en su circunstancia se hallan gloria y tragedia. Colón se halla a salvo en la inmortalidad. No se pueden juzgar hechos del pasado bajo la perspectiva del presente.   Lo que sí puede hacer la historia es desmontar los mitos y acercarnos a la complejidad del personaje.

A finales del siglo XV, cuando Colón logró, tras fracasar en Portugal, que los Reyes Católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla apoyaran su idea de llegar a Asia por el oeste,  se acababan de unificar los reinos peninsulares  en la monarquía de España. Había esclavitud en todos los continentes; en Europa menos que en África y Asia. El canibalismo era practicado por necesidad o ritual guerrero entre aztecas y caribes. Era habitual la cárcel por deudas. Las únicas familias concebibles eran extensas, linajes que conformaban redes de ayuda mutua. Entre las admirables gentes del mar, era habitual que los niños dejaran atrás a sus padres con siete u ocho años y no los volvieran a ver jamás.

El genovés Colón (ni mujer, ni catalán, ni de Ibiza, ni un extraterrestre, que de todo hay partidarios), hijo de un tejedor, nacido en 1451, buscó escapar por vía marítima del mundo restringido en que había nacido. Fue, en palabras de hoy, un emprendedor y un gestor de capital riesgo. Hacia 1470, trabajaba en el Mediterráneo y el Atlántico africano, como comprador de azúcar para mercaderes genoveses. En la isla de Porto Santo (Madeira), pudo vislumbrar el mundo de los caballeros y escuderos seguidores del gran monarca luso Enrique el Navegante.

Se casó con la hija de uno de ellos, Felipa Perestrelo, madre de su hijo Diego. Afirmó haber visitado Inglaterra e Islandia en 1477.  

Tuvo oportunidad de conocer los vientos dominantes en latitudes ecuatoriales mientras encontraba inspiración para futuras empresas leyendo libros de caballería y vidas de santos cristianos. Sin duda se benefició del heroísmo atribuido entonces a las aventuras oceánicas.

No existe ninguna prueba sólida de que Colón, a quien encantaban el misterio y el secreto, hubiera concebido ningún proyecto de atravesar el Atlántico antes de 1486. Su notoria “certidumbre”, quizá basada en información “confidencial”, es posterior. A principios de 1492, logró convencer a los Reyes Católicos de la viabilidad de un viaje por la ruta del oeste hasta China, posiblemente con una escala en Japón.

Los monarcas estaban inquietos ante las ganancias que la exploración marítima reportaba a Portugal. El proyecto pudo financiarse por un círculo de armadores compuesto de oficiales del tesoro real y banqueros de Andalucía y Extremadura. La disponibilidad de embarcaciones dictó la elección de Palos como punto de partida, donde los hermanos Martín y Vicente Yánez Pinzón reclutaron la tripulación.

Por fin, las embarcaciones partieron el 3 de agosto de 1492 y el 12 de octubre tocaron tierra. Al regreso, en la primavera siguiente, acudió con sospechoso retraso a cumplimentar a los Reyes Católicos en Barcelona, en cuya catedral fueron bautizados seis indígenas que había llevado consigo, además de algo de oro, papagayos y pedrería.

En el segundo viaje, entre 1493 y 1496, Colón estableció tanto la ruta de vuelta desde América aprovechando los vientos del Atlántico norte, como la de ida hacia el Caribe favorecida por los alisios. En el tercer viaje, de 1498 a 1500, reconoció la costa continental alrededor de la boca del Orinoco e intuyó que había descubierto “otro mundo”.

Había logrado establecer una “ciudad” pequeña y costosa (lo del Oro de las Indias es falsa publicidad)  en Santo Domin- go. Colón no había cumplido con sus  .promesas de abrir una ruta comercial hasta China y la historia sangrienta e inestable de su gobierno antillano mostró su falta de capacidad administrativa. En 1499, los Reyes Católicos para evitar males mayores le despojaron de su cargo de gobernador y del monopolio de la navegación por las tierras y rutas que había descubierto. Le quedó el título  de Almirante del mar océano, junto a beneficios del comercio. Inició entonces un largo proceso contra la Corona, que heredaron sus descendientes, concluido solo en 1541, como muestran en su obra maestra “La herencia de Cristóbal Colón” (2015) Anunciada Colón de Carvajal y José Manuel Pérez Prendes. Todavía los monarcas le concedieron permiso para el cuarto viaje, de 1502 a 1504, cuyo resultado más sobresaliente fue la exploración costera de lo que hoy es América Central.

Los efectos de tantos viajes largos y duros y el desengaño volvieron a Colón un personaje resentido y le socavaron la salud. En los últimos años de su vida, se hizo cada vez más religioso, con toques de mesianismo. Pensó haberse acercado al paraíso terrestre. Colón murió en Valladolid en 1506.

Al servicio de la Corona española había logrado poner en contacto a los dos grandes hemisferios del mundo, antes desconectados. Tras él, la humanidad sería distinta. Esa es la verdadera historia.


Manuel Lucena Giraldo, historiador, investigador del CSIC y profesor del Instituto de Empresa. Publicado en ABC, Madrid.



23 de julio de 2017

AY, MAMA INÉ...

Ay, mama Iné
Mama Inés es un personaje un tanto novelesco, que muchos relacionan con la “Dolores Santa Cruz”, arrancada de la novela costumbrista "Cecilia Valdés" de Cirilo Villaverde; otros, con la “Mamá Dolores” de otra novela más reciente, "El Derecho de Nacer" de Félix B. Caignet.

Lo cierto es que Mama Inés es un personaje representado como real que proviene de la época de la esclavitud africana. Mamá Inés es una negrita conga que llegó a Cuba entre los esclavos traídos de África, voluptuosa, de cara linda, rumbera y simpática, que desborda bondad y alegría por donde quiera que pasa.

Mamá Inés es un personaje secundario de la zarzuela “La Niña Rita” o “La Habana de 1830”, con música de Eliseo Grenet y Ernesto Lecuona. Viste una típica bata cubana larga y blanca llena de vuelos, rematada con una tira bordada y pasacintas rojas. Lleva en la cabeza un pañuelo rojo graciosamente anudado sobre la nuca y en una de sus manos enarbola un aromático tabaco habano.

Entre giros y giros de sus bailes se detiene de vez en cuando para echar al aire densas bocanadas de humo con las que dice "espantar los malos espíritus". Sólo interrumpe su sandunguero ritual para saborear, entre buchito y buchito, el deleitoso aroma del negro café cubano acabado de colar.

Se trata de un tango-congo incluido en la mencionada zarzuela. La canción de Grenet, Ay, Mamá Inés, se hizo popular y continúa siéndolo hoy día. Su origen  proviene de una comparsa  de 1868, pero en esta nueva versión se convirtió en el tema emblemático de la vedette Rita Montaner.

"Ay mama Iné, ay mama Iné, todo lo negro tomamo café".
Mamá Inés vive con su hija Belén en el barrio de Jesús María, una antigua y humilde sección conocida por La Habana Vieja. Mamá Inés no pierde de vista ni un minuto a su bella hija Belén y, en otra parte de la misma pieza musical, lo expresa así.

Aquí tamo tó lo negro
que venimo a rogar
que nos conceda permiso 
para cantá y bailar
Ay mamá Iné, Ay mamá Iné
Todo lo negro tomamo café.

Pero Belén, Belén, Belén
aonde anda tú metía 
que en too Jesús María
yo te buscá y no te encontrá.
Yo estaba en casa e madrina
que ayer me mandó buscá
en el solar de la esquina
que ella vive en el manglar. 
Ay, mama Iné…

Y como apunta Juan F. Pérez en su blog, «para que no se borre de la memoria, porque los que vienen detrás nunca tuvieron la oportunidad de disfrutar de los preciosos carnavales de la Cuba republicana, recordamos que por las calles de La Habana siempre aparecía alguien que disfrazado de Mamá Inés marcaba con pasitos de conga el final del desfile de carrozas y comparsas, mientras un carro de charangueros con cornetas y timbales, tambores y maracas la acompañaba para arrollar al compás de su pegajoso estribillo melódico: 

Ay mama Iné, ay mama Iné, todo lo negro tomamo café».

No te lo pierdas por Bola de Nieves o Rita Montaner, son clásicos.
      (Primera grabación de la canción)
Fuentes: 
Migdalia María estrada  en:

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