16 de marzo de 2010

Camino de la Cruz
Octava Estación

Jesús Consuela 
a las mujeres de Jerusalén

«Hijas de Jerusalén,
no lloréis por mí,
llorad más bien por vosotras
y por vuestros hijos»
(Lc 23, 28)

Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas,
madres, hermanas, esposas,
sin culpa del «crucifige».
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras, oídlas bien:
-Hijas de Jerusalén.
llorad vuestro llanto, sí,
por vosotras, no por mí,
por vuestros hijos también.

Por nosotros mismos, cierto.
Pero ¿quién por ti no llora?
Haz que llore hora tras hora
por mí tibio, y por ti yerto.
Riégame este estéril huerto,
quiébrame esta torva frente,
ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto,
y aparta de mí este espanto
de ver cegada mi fuente.


Necesito tu consuelo, tu amparo, el alero de tu casa.
Soy como una hoja de otoño,
recógeme y colócame entre las hojas 
del cuaderno de tu ternura.

Soy como un loco abejorro,
déjame posarme en los pétalos de tu bondad.

Soy como un cordero perdido,
ven a buscarme, amado Pastor,
tómame en tus brazos y vuélveme al redil.

Soy como tierra agostada, seca, sin simiente,
siembra en mi surco, Señor,
siembra en mi surco.

Soy, en fin, el hijo de Adán
y busco la casa tuya, tu sonrisa,
el calor de tu compañía, la hondura de tu amor,
tu palabra de cariño, la amistad,
el contacto de tu manto, la luz de tus ojos,
la bondad de tu mirada, la comprensión.
Perdón, mi Señor, perdón.

Versos, Gerardo Diego
Reflexión, Santiago Soto Obrador,
Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
escena del filme «Jesús de Nazaret», Franco Zeffirelli.
Via Crucis, 8ª Estación, Saint-Anne-de-Beaupré,
Québec, Canada
Montaje: Ana Dolores García
Serie/pps Cuaresma 2009
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