23 de enero de 2011

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LA INFAMIA DE APACIGUAR TIRANOS

“Me parece detectar la fetidez del apaciguamiento en el ambiente”, 
Margaret Thatcher

Por Ninoska Pérez Castellón

Hoy en día, cualquiera tiene un plan. Eso implica elaborar una tesis, por descabellada que sea y asegurar que tendrá el resultado deseado. Para eso sobran asesores, analistas e improvisados. El Presidente Barack Obama dice tener un plan para Cuba. Su más reciente acción de apaciguamiento y premiación con el régimen de La Habana es lamentable. La respuesta oficial de la dictadura más antigua del mundo lo pone en contexto. Cuba se ha dado el lujo de responder que las nuevas medidas “son positivas” pero a su vez son “un reconocimiento del fracaso de la política de los Estados Unidos contra Cuba”. En otras palabras el régimen de los hermanos Castro no tiene que cambiar, pueden seguir reprimiendo, encarcelando que al final de la jornada no hay consecuencias, hay lucrativos beneficios.

Obama, dicen sus asesores, sólo pretendía regresar a la política de Clinton. Después de todo, autorizar viajes académicos, educacionales, culturales y religiosos, no es más que un refrito de la política de “pueblo a pueblo”. El permitir a los americanos el envío de remesas y ampliar los permisos de vuelos charters en aeropuertos internacionales en territorio estadounidense es una copia al carbón de la fracasada política Clintoniana.

Esta recompensa, que Cuba califica de “positiva aunque insuficiente” surge en momentos que Alan Gros, un ciudadano americano, lleva más de un año encarcelado en Cuba sin una acusación formal, sin instrucción de cargos o juicio. Ahora de seguro harán que se declare culpable de cualquier cosa y después el régimen que lo encarceló injustamente durante un año, dará una muestra de “buena voluntad” cuando a pesar de haber aceptado la “culpabilidad”, le permitan regresar a casa.

Obama escogió premiar a la dictadura cubana tras concluir la más reciente ronda de charlas migratorias en medio de verdaderos problemas que su administración prefiere ignorar. Como el abundante tráfico ilegal de cubanos, tan lucrativo como el narcotráfico. El trasiego de lanchas rápidas de costas cubanas a costas floridanas ocurre con la tolerancia de las patrulleras castristas que les avisan de la localización de los guardacostas americanos. Su otra vertiente es el de las lanchas rápidas hacia costas mejicanas y el posterior traslado de los inmigrantes hacia la frontera donde reclaman ser perseguidos políticos para luego obtener los beneficios de la Ley de Ajuste Cubano. Me imagino que en esas conversaciones ignoraron abordar otro secreto vox populi, la venta de visas por personal cubano dentro de la Sección de Intereses Norteamericana en La Habana.

Me aventuraría a asegurar que no hubo mención del creciente número de estafadores del Medicare en la Florida que tras ser arrestados y liberados bajo fianza, encuentran el camino de vuelta a la isla de los Castro con asombrosa facilidad. Tampoco el por qué un desproporcionado número de ex operativos del represivo Ministerio del Interior, obtienen visas para visitar a sus familiares en Miami con tanta frecuencia. Pero esas son pequeñeces, comparadas con las atrocidades cometidas contra el pueblo cubano.

La falta de libertad, el hecho que los presos recién liberados fueron desterrados y que los que rehúsan abandonar Cuba permanecen en prisión. El crimen cometido contra Orlando Zapata Tamayo, el acoso contra los opositores o el resto de las múltiples humillaciones que padecen los cubanos en la isla es preferible ignorarlo.

¿Lograron el benévolo Clinton y sus contactos de “pueblo a pueblo” poner fin a la represión o el respeto a los derechos humanos? ¿Lograron que la dictadura diera alguna muestra de voluntad de cambio? Todo lo contrario, premiaron crímenes tan espantosos como el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo en plena Bahía de la Habana y el asesinato de ciudadanos americanos en espacio aéreo internacional por Migs castristas. 

Vale recordar que la respuesta a semejante crimen fue la pintoresca frase de la Secretaria de Estado Madeline Albright diciéndole a los genízaros castristas que carecían de los genitales que alardeaban tener. Clinton logró de Cuba, un éxodo masivo, una red de espías operando en territorio estadounidense con instrucciones de La Habana de buscar áreas en los cayos de la Florida donde poder introducir personas y explosivos, el envío de bombas por correo, vigilancia a bases militares y la complicidad en el asesinato de ciudadanos americanos. Aumentó la represión, los presos políticos, la censura, el acoso a los diplomáticos y ni una sola mejoría para el pueblo cubano. Aun así, la administración Obama y sus asesores no parecen aprender de pasadas experiencias con los hermanos Castro.

Algunos opositores dentro de Cuba han hecho entusiastas declaraciones de cómo en momentos de despidos masivos esto va a ayudar al pueblo. Es de suponer que haciéndolos sentir inferiores porque se tienen que conformar con migajas y continuar viviendo como ciudadanos de quinta categoría en su propio país.

Según el economista Oscar Espinosa Chepe, el régimen de La Habana podía responder a este “positivo gesto” con el de liberar a los 11 prisioneros del grupo de los 75 que rehúsan ser desterrados a España, para “recuperar credibilidad internacional” ¿Desde cuándo las dictaduras son creíbles? La Dama de Blanco Laura Pollán consideró que las medidas son buenas porque la economía está en el piso, pero se preguntó: “¿Remesas capitalistas? Entonces no somos comunistas, somos comodistas.” No hay duda.

Otros fuera de Cuba como el obispo de Albany, Howard Hubbard a nombre de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos quien desde el año 2009 viene cabildeando ante el Senado pidiendo el levantamiento del embargo, alabó las medidas aunque las calificó de “modestas”. Curiosamente el obispo se abstuvo de pedir cambios en Cuba o de ser crítico y severo como le corresponde contra los abusos.

Más sorprendente aún son las declaraciones de Pepe Hernández a nombre de la Fundación Nacional Cubano Americana, que las medidas de Obama permitirán promover los intereses de ambos pueblos. Cuando Clinton anunció las mismas medidas en 1999, Pepe Hernández respondió enérgicamente pidiendo el encausamiento de Fidel Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en aguas internacionales y agregó que medidas como esas no favorecen al pueblo porque en Cuba no existe la empresa privada. ¿Qué ha cambiado?

Decía el brillante estadista alemán Konrad Adenauer, enemigo de la teoría de apaciguamiento y responsable de convertir a Alemania Occidental en la nación más próspera de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, que “la única manera de conciliarse con un tigre es dejando que te devore.” Esa es su naturaleza y la de los dictadores no es diferente.

Basta ya de premiar el crimen y la ignominia, porque el único resultado es la perpetuación del oprobio. Los cubanos necesitan plena libertad y democracia. Sentirse iguales a los extranjeros que pueden fabricar hoteles en su tierra donde ellos no pueden hospedarse. Necesitan la tranquilidad de saber que la dictadura que los oprime no es premiada por destruir sus vidas. La respuesta está en el decoro y la dignidad. Eso siempre había abundado en Cuba y no podemos permitir que una vulgar dictadura reduzca a un pueblo noble y bueno en la humillación de sentirse inferior y todo por aferrarse a la denigrante filosofía castrista del “resolver”.

Ninoska Pérez Castellón
Reproducido del Diario Las Américas

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