2 de octubre de 2010

Los sucesos del Hotel Nacional



(La fecha de hoy en nuestros archivos)

Los sucesos del Hotel Nacional
- (Aniversario, 2 de octubre de 1933) - 


-Tomado de “La Nueva Historia de la República de Cuba”, de Herminio Portell-Vilá, La Moderna Poesía, Miami, Florida, USA, 1986, (PS. 410, 416 y 417), párrafos en los que se relatan los tristes sucesos ocurridos frente al Hotel Nacional de La Habana en el convulso año de 1933. Allí se encontraban reunidos los oficiales de las Fuerzas Armadas de Cuba rebelados contra el mando del entonces sargento Fulgencio Batista y otros grupos de exaltados revolucionarios.

(…) Varios centenares de los oficiales regulares de las Fuerzas Armadas se reunieron en el enorme edificio del Hotel Nacional, donde el brigadier Julio Sanguily convalecía después de una grave operación y en el que también residía Mr. Welles (Embajador de EEUU). No estaban armados adecuadamente y su propósito era el de poder estar juntos y dramatizar su inconformidad con lo ocurrido; pero desde el 7 de septiembre el Hotel Nacional quedó rodeado de civiles armados del llamado “Ejército Caribe” y del “ABC Radical”, pero también por los soldados sublevados. El sitio del Hotel Nacional había comenzado. (…)

(…) Casi en seguida se produjo otra prueba de fuerza del nuevo régimen, que esta vez no fue un choque con la extrema izquierda, sino con los oficiales del Ejército Nacional, quienes se habían concentrado en el “Hotel Nacional”, en número de trescientos, con unos cuantos simpatizadores civiles. El Embajador Welles, quien había estado residiendo allí, por fin se había trasladado al “Hotel Presidente”, a unas dos millas de distancia.

El “Hotel Nacional”, construido por el gobierno de Machado, ocupaba los terrenos de lo que había sido la batería de Santa Clara, la que había estado sobre unos arrecifes que dominaban el acceso a La Habana por la costa oeste. Era una imponente estructura de doce pisos, con sótanos, jardines, piscinas, etc.

El 7 de septiembre (1933), había comenzado el sitio del “Hotel Nacional”, cuyas comunicaciones fueron cortadas por destacamentos de soldados fuertemente armados, pero sin que hubiese un ataque formal. El capitán retirado Ricardo Adam-Silva, en su documentada obra sobre la “sargentada”, indica que el propio Mr. Welles alentó a Batista para que ordenase el ataque al “Hotel Nacional”, durante una reunión que ambos tuvieron en una residencia del Reparto Kohli, un suburbio de La Habana.

El hecho es que ya por entonces habían comenzado los contactos entre Welles y Batista, y que la resistencia de los oficiales refugiados en el “Hotel Nacional” interfería con los planes del embajador norteamericano para privar de apoyo militar al régimen de Grau San Martín y para convertir al sargento-coronel Batista en el nuevo dictador de Cuba, al servicio de los Estados Unidos.

A mediados de septiembre los amplios terrenos del “Hotel Nacional” habían sido cercados por destacamentos de soldados, al mando de los sargentos, y se habían colocado piezas de artillería y ametralladoras en lugares estratégicos. Se habían intercambiado algunos disparos y la situación planteada era de hostilidad. Los oficiales no se hacían ilusiones acerca del desenlace. Su causa no era popular a pesar de que habían sido ellos los que primeramente se habían colocado frente a la dictadura de Machado, y no tenían armamento adecuado para combatir con eficiencia.

De todos modos, en el punto a que habían llegado las cosas y sin que hubiese una autoridad superior que lograse una avenencia, no les quedaba otro remedio que combatir, y así lo hicieron.

El ataque fue el 2 de octubre y los oficiales al principio lo repelieron con las pocas armas de que disponían, pero después entró en acción la artillería pesada y hasta el crucero “Patria”, situado mar afuera, también bombardeó a los sitiados. Era la primera vez en la historia que se empleaba la artillería contra un “rasca-cielos”, y las balas perforaban las paredes, pero el edificio resistió a los cañonazos sin desplomarse.

Entre los oficiales estaban los mejores tiradores certeros del Ejército y la Marina, y el fuego de sus armas, mientras tuvieron municiones, tuvo a raya a los soldados atacantes, pero llegó el momento en que no había con qué disparar.

La Cruz Roja Cubana logró ser escuchada para una tregua que fue seguida por la rendición de los oficiales, pero al reunirse éstos, ya desarmados, en la explanada frente al edificio principal, un grupo de soldados desenfrenados, en compañía de civiles armados asesinaron a varios de los oficiales cuando esperaban ser trasladados a las mazmorras de la fortaleza de La Cabaña, donde guardaron prisión durante algún tiempo, humillados y maltratados.

Las persecuciones a los oficiales alcanzaron a los que no habían estado en el “Hotel Nacional”, pero que fueron objeto de la furia y el odio de la soldadesca sublevada y que tenía el respaldo de los civiles “revolucionarios” que no se daban cuenta de que colaboraban en la destrucción del orden y de las instituciones de la nación pero, ¿cómo esperar que aquellos cubanos dominados por la pasión política actuasen responsablemente cuando los diplomáticos y los gobernantes norteamericanos les alentaban en sus desmanes y se los aprobaban…” 
 

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