9 de octubre de 2009


Las herraduras
de la buena suerte

María Dominicis

Pocas supersticiones son tan universales como la que atribuye buena suerte a las herraduras. Los griegos, que introdujeron la herradura en la cultura occidental, ya la consideraban un talismán poderoso, probablemente porque estaba hecha de hierro, metal que se creía ahuyentaba el mal. Los romanos, que como se sabe absorbieron gran parte de la cultura griega, tomaron también de ella la superstición sobre el poder mágico de la herradura.

La superstición del mundo pagano sobre las herraduras fue reforzada en la Edad Media por la leyenda de San Damián. Este santo, que llegó a ser Arzobispo de Canterbury en el año 959, era herrero de profesión. Según la tradición, al taller de Damián llegó un día un hombre con unos pies extraños, como pezuñas, y le pidió a Damián que le hiciera unas herraduras. El futuro santo reconoció inmediatamente a Satanás, y le explicó al extraño cliente que no podría realizar su tarea si no lo encadenaba primero a la pared. Una vez encadenado el diablo, Damián se encargó de que la operación de ponerle herraduras resultara muy dolorosa. El diablo se quejaba, aullaba y maldecía, pero no podía hacer nada por estar encadenado. Finalmente, Damián accedió a soltarlo, pero antes le arrancó la promesa de que no entraría nunca en una casa que tuviera una herradura sobre la puerta.

A partir del siglo X, basándose en esta historia de San Damián, los cristianos tuvieron la herradura en alta estima, y por varios siglos, no sólo se colgó en el dintel de la puerta, sino en el centro de ella, con la doble función de talismán y picaporte. El 19 de mayo, festividad de San Damián, eran costumbre los juegos en los que se utilizaban herraduras.

En la época en que se puso de moda en Europa el temor a las brujas, la herradura adquirió el poder adicional de protección contra ellas. Se creía que las brujas siempre usaban escobas como medio de transporte porque les tenían mucho miedo a los caballos y que la herradura las atemorizaba también mucho porque las asociaban con estos animales. Cuando una bruja era enterrada, se ponía una herradura en la tapa del ataúd para impedir que saliera de él.

Una herradura no puede colgarse de cualquier manera, debe tener los extremos hacia arriba para que no se vacíe su reserva de suerte.

María Dominicis
Foto: Google

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