13 de julio de 2010

Entrevista a Olga Guillot



Esta entrevista fue realizada en 2008 por Armando Lòpez. La encontré hace días buscando material para este blog. La reservé con la intención de publicarla en el mes de agosto, ya que planeo tomarme unas vacaciones durante ese mes y La Gaceta de Puerto Prìncipe seguirá tratando de entretener a sus amables lectores. Lamentablemente, hoy nos ha sorprendido la noticia del fallecimiento de Olga Guillot, y no debo demorar más la publicación de esta vieja, pero formidable entrevista, en la que la Reina del bolero se nos muestra con toda la sinceridad y locuacidad con la que siempre habló. Sirva de homenaje, a una cantante que paseó con elegancia y decoro el nombre de Cuba por los escenarios del mundo. Que el Señor la acoja en su Gloria. adg

Entrevista con Olga Guillot
A pura garganta

Olga Guillot: «En Cuba silenciaron mis boleros, quemaron mis programas de radio y televisión, como si no hubiera existido nunca».

Armando López, NY
27/06/2008


Olga Guillot, la Reina del Bolero, amenaza con publicar su autobiografía, emotiva, intensa, como su estilo de hembra en celo, escuela para muchos intérpretes de la canción.

La voz de Tú me acostumbraste, La noche de anoche, Bravo, Adoro, y casi todo Manzanero; la primera que dio un concierto en español en el Carnegie Hall, de Nueva York, sigue siendo culto de admiración tras seis décadas…

«Después del cielo, Cuba, después de Cuba, Olga Guillot» escribió Agustín Lara. Hoy, México le rinde homenaje a su hija adoptiva, en sus 63 años de carrera. Pero en Cuba, donde nació, tres generaciones de cubanos no la han escuchado nunca. «Duele mucho» me dijo, insinuó una lágrima, y comenzamos la entrevista.

¿Habría surgido la Guillot en otro escenario que no fuera La Habana de los años cuarenta?

No lo creo. Comencé mi carrera de jazzista cantando en inglés, pero no pasó mucho. No fue hasta que me sumergí en las noches habaneras, que me reencontré con mis raíces, con el cubanísimo bolero, que logré conformar a mi estilo, y mi carrera se expandió nacional e internacionalmente. Todo lo que soy se lo debo a Cuba.

¿Cuándo te vuelves una cantante disquera?

Por los años cuarenta, y fíjate que en Cuba las mujeres no grababan boleros. Venían de México: María Luisa Landín, Toña La Negra, Chela Campos. Tuve la suerte de grabar en español Stormy Weather (1946), y fue una novedad. La Asociación de Críticos me seleccionó "la cancionera más destacada de Cuba". Cuando grabo Miénteme, en 1954, en Radio Progreso, con la Orquesta de los Hermanos Castro, fue un éxito tan grande que, sólo en Cuba, se vendió medio millón de copias. En México pasó semanas en los primeros lugares. Y de ahí a toda Latinoamérica, fue un contagio.

En La Habana, los boleros de maridos engañados sonaban en bares y cantinas, entre cervezas y cubiletes; pero los tuyos se escuchaban desde los bodegones del puerto a los salones exclusivos…

Nunca grabé canciones con letras vulgares. Los autores a los que les canté eran poetas. Ni las letras que interpreté, ni mis orquestaciones, hicieron nunca concesiones a lo chabacano. Y no olvides que antes de que yo grabara Miénteme, ya era una figura del espectáculo. Debuté como solista en 1945, en el exclusivo Zombie Club de La Habana, hice temporadas en Sans Souci, en Montmartre y en Tropicana.

Cuando Nat King Cole se presentó en el salón Bajo las Estrellas, de Tropicana, y declaró que había practicado para cantar en español con los discos de Olga Guillot, nadie se sorprendió. La santiaguera no sólo había encabezado muchas veces las carteleras del cabaré insignia habanero, sino que el coreógrafo Rodney había creado para ella su producción Miénteme.

Ya el programa de televisión El Show de Olga Guillot acaparaba audiencias nacionales; no había vitrola de San Antonio a Maisí que no tuviera sus últimos éxitos; en los clubes gay (entonces no les llamaban así) su interpretación de Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez, se había convertido en himno de batalla. Y en Santiago de Cuba, una jovencita (nacida no muy lejos de donde nacieron las Hermanitas Guillot) ganaba un concurso en la radio por caracterizar a la Reina del Bolero. Se llamaba Lupe Victoria Yoli Raymond. Le decían La Lupe.

Olga había trascendido el bolero mismo, creado un estilo a medias entre la canción italianizante y el jazz. Ahogaba sus graves en el llanto, desgarraba o suavizaba a media voz los agudos. En escena, expresaba con los ojos, con las manos; abría los brazos queriendo atrapar al público, hacerlo cómplice del desborde de sus sentimientos: un público que compraba sus discos, que la seguía a todas sus presentaciones.

Pero llegó la revolución, su urgencia por imponer la felicidad por decreto: la represión. Y eso de tener una vitrola en cada esquina, sonando boleros que cantaban al desengaño («por eso estoy así tan triste, por eso estoy así con ganas de morirme» cantaba la Guillot), era intolerable, un vicio del pasado que había que erradicar.

En 1961, Olga era "la cortina" (estrella invitada) de la producción Serenata Mulata, del Cabaré Capri, de La Habana. Pudo haberse plegado a la revolución, pero su lengua protestona no podía quedarse callada. Atrevidos, sus admiradores extendieron frente al cabaré, de acera a acera, una tela en que se leía: «Despedida de Olga Guillot». Olga marchó al exilio y dejó un vacío en el Capri que nadie pudo llenar: ni la Reina del Guaguancó, Celeste Mendoza, porque la Reina del Bolero era insustituible.

¿Fue difícil volver a empezar?

Volé a Venezuela, pero pronto pasé a México a filmar una película (desde mediados de los cuarenta había filmado varias). Televisa me contrató para hacer allí El Show de Olga Guillot, que se mantuvo por años. En mi programa nacieron muchos que serían ídolos de la canción, como José José. Fui su madrina artística, no de bautizo, ni de santo (ríe con ganas), sino para que le diera suerte en su carrera, como se la di, porque yo tengo un aura muy bonita.

¿Cuántas canciones has interpretado?

Nunca me puse a contarlas. Canté miles, grabé cientos. De Agustín Lara, con sus violines, estrené a dúo con Pedro Vargas, en el Teatro Solís, su canción María Bonita. Canté mucho del Flaco de Oro: Aventurera, Noche de Ronda, ¡uhhh, qué sé yo cuántas! Canté de casi todos los autores mexicanos, de María Greever, de Luis Demetrio, de Roberto Cantoral, y de los cubanos Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Mario Fernández Porta, Julio Gutiérrez, Tania Castellanos.

De la puertorriqueña Mirtha Silva grabé ese tema maravilloso (canta): «Tú no sabes nada de la vida, tú no sabes nada del amor»; del argentino Homero Expósito, su joya Vete de mí; canté de españoles, de peruanos, de venezolanos, en fin, de medio mundo. En España arrasé con Adoro, de Manzanero. Hasta me tienen en el Museo del Disco de Madrid. He vendido más de 10 millones de discos. Y no fue fácil, porque en aquella época el artista cantaba a pura garganta y a pura interpretación.

¿Cómo hacías para pegar cuanto tema grababas?

Tuve muy buenos directores y productores. En Cuba, Jesús Goris, el creador de los discos Puchito, tuvo la visión de que Miénteme iba a ser el éxito más grande de mi carrera. Y en México fue Memo Acosta el culpable de mis triunfos. Me produjo 17 años para los discos Mussart, y uno tras otro fueron hits.

Entonces, ¿es falsa la leyenda de que la Guillot sabía escoger sus canciones?

Bueno, yo escogí Tú me acostumbraste. Se la escuche a Bola de Nieve. Me gustó y por él me la aprendí. La grabé y resultó un éxito mundial. Hoy voy por la calle y un chiquillo de 20 años me canta: «Tú me acostumbraste a todas esas cosas y tú me enseñaste que son maravillosas…», y yo le digo: «¡Niño, ¿cómo tú te sabes eso?» y me dice con picardía: «Por mi mamá y mi papá». ¡Qué lindo!

José Antonio Méndez en La gloria eres tú escribió «desmiento a Dios» pero tú lo grabaste con «bendito Dios»…

La estrené en la XCW de México tal como José Antonio la había escrito, pero los productores me advirtieron: «Acuérdate de que México es muy católico», y me curé en salud, cambié la letra por «bendito Dios». Pero no creas que corregía las letras de todos mis autores, los respetaba. Sólo lo hice con Chamaco Domínguez en Miénteme. El maestro escribió «tu amor fingido» y yo dije «mentido». Es la única vez que equivoqué la letra de una canción, porque te confieso que me equivoqué, y claro, como salió en la grabación, todo el mundo se la aprendió así.

¿Y tu amistad con Juan Bruno Tarraza?

Me acompañó al piano cuando yo tenía 7 años, el tenía 14. Y llegamos a viejos juntos. Estuve 30 años con Juan Bruno viajando el mundo, mi director querido, mi amado pianista y mi compositor, porque yo le grabé muchos de sus temas. ¿Recuerdas Alma libre? (canta) «Igual que un mago de oriente, por temor y ciencia rara…».

En Bravo, te vuelves agresiva, cantas a punto de matar o morir decapitada, hasta te acusan de kitsch…

No, yo no soy ninguna agresiva, ni kitsch, soy intérprete. Si Luis Demetrio escribe «bravo, permíteme aplaudir, por la forma de herir mi sentimiento», lo canto con fuerza, porque yo soy una actriz que canta. ¿Se te olvidó mi interpretación de «voy a mojarme los labios con agua bendita?». La canto como si estuviera discutiendo.

Por la época en que cantas Me muero, me muero, de Lolita de la Colina, se habla del arte nervioso, te ponían de ejemplo a ti y a Lola Flores…

¿Por qué metes a otros artistas en mi entrevista? Por suerte me preguntas por Lola, mi gran amiga. Nos admirábamos. Teníamos un estilo parecido. Ella en gitano y yo en bolero, y la gente nos concebía como lo que fuimos, hermanas. Nunca trabajé con Lola. La única temporada que hice con otra artista fue con Sarita Montiel, en Madrid, se llamó "Nostalgia". Seis meses a teatro lleno con la señora Celia Gámez.

¿Tuviste amistad con José Alfredo Jiménez?

¡Niño, yo soy Olga Guillot! Todas las figuras artísticas nos conocemos. Tú no sabes que los artistas somos como un partido político. Además, yo no soy ranchera. Le canté varias rancheras bolereadas a Lico, pero en mi estilo. ¿Cómo es aquella que dice: "Amanecí otra vez entre tus brazos y desperté llorando de alegría…?". Y déjate de mortificarme, estás como uno que recién vino de Cuba, que me preguntó que si yo conocía a Benny Moré.

¿Te aplaudes cada vez que te miras al espejo?

Un día, una señora me dijo: «tú no me gustas» y yo le respondí: «yo no tengo la culpa, yo canto para que todo el mundo sea feliz, y si no te gusto, no compres mis discos, cambia de canal cuando aparezca en televisión, apaga la radio, pero no me lo digas en mi cara, que yo no me meto contigo. ¿Te respondí? Y sin modestia, yo siempre luché para triunfar y que me aplaudieran, no para quedarme en mi casa a mirar las paredes.»

¿Qué le dirías a los artistas jóvenes?

Que defiendan la calidad de la música, que no se dejen arrastrar por lo comercial, por el dinero fácil. Deben respetar al público que compra sus discos, que les da todo lo que tienen, hacer de su carrera un sacerdocio.

Cuando recibiste en Las Vegas el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, dijiste que «la música fue el apostolado de tu vida…»

Y sigue siéndolo. He antepuesto muchas cosas por el arte. "Total, si no tengo tus besos, no me muero por eso, ya yo estoy cansada de tanto besar…". Como ves, he vivido en carne propia algunos de mis boleros.

Has tenido cinco maridos. ¿No te soportaron?

No digas maridos, por favor, suena muy feo. Me casé cinco veces, tuve cinco esposos, muy preparados e inteligentes, intelectuales, pero los señores no aguantaron. Ningún hombre acepta que su mujer esté por encima de él. Cuando veían que no podían competir conmigo, porque ganaba tres veces más que ellos y era mil veces más famosa, empezaba el desastre. Por eso, mi carrera ha sido mi esposo y mi amante.

¿El compositor René Touzet fue el gran amor de tu vida?

También tuve un montón de aventuras, porque no dejé escapar a ninguno. Con Touzet no me casé. Fui madre soltera.

¿Algún bolero relacionado con tus amores?

No de mi parte, pero sí de parte de ellos. El papá de mi hija me escribió La Noche de anoche, que después de mí la cantó medio mundo.

También te escribió: "Me contaron anoche de tu vida y hundieron mi vida en la desolación…". ¿La anécdota que canta el bolero es cierta?

No abuses, no creas que te lo voy a contar todo, para que luego no pueda vender mi libro.

Ahora que estás retirada del escenario, ¿no te aburres?

¡Un momento! Estoy semiretirada. Escríbelo así, mi'jo. Las noches de glamour de los teatros y cabarés de mi juventud las tuve que terminar. Hay cierta edad en que ya una tiene que parar, decir: "hasta aquí". Ya no puedo hacer largas temporadas en teatros ni viajar el mundo como antes. Sólo doy algunos conciertos para que el mundo no me olvide.

En Cuba, antes de la revolución, se podía caminar la Isla oyendo tus boleros, pero hoy, generaciones de cubanos no te han escuchado…

¡Pobrecitos! No tienen la culpa. No me conocen porque el sistema comunista me borró. No sólo a mí, sino a muchos de los artistas que tomamos el camino del exilio, como también apagó a otros que se quedaron en la Isla. Y es muy triste, tú escuchas en la radio de Buenos Aires a Carlos Gardel y a Libertad Lamarque, ves sus discos en las vidrieras, hasta los más jovencitos cantan sus tangos. Pero en Cuba silenciaron mis boleros, quemaron mis programas de radio y televisión, mis recortes de prensa. Como si Olga Guillot no hubiera existido nunca.

¿Cuándo fue la primera vez que oíste hablar de revolución?

En Santa Clara, en 1957. Yo inauguraba el cabaré Venecia, con Fernando Albuerne, y nos sonaron una bomba que apagó la ciudad, y tuve que cantar con velas en las mesas. Yo no sabía que existía la Sierra Maestra, hasta esa noche.

Desde el inicio, el gobierno revolucionario acusó al bolero de pesimista…

Si lo sabré yo. Retiraron mis discos de las vitrolas por apestados. Pero ahora los están pasando en los hoteles a donde van los turistas. Los mexicanos que vienen de Cuba me dicen que oyeron mis boleros allá. ¡Es una burla!

¿Dónde resides actualmente?

Seis meses en México y seis en Miami. Soy agradecida, y México me ha dado mucho. Pero el que no quiere a su tierra, no quiere a nadie, y como no tengo mi isla, tengo que venir a cada rato a Miami a comer arroz congrí y empaparme del sabor de los cubanos.

En tu casa, ¿qué música escuchas?

Lírica. Soy una cantante operática frustrada. No pude cantar ópera, porque en el grupo donde empecé a dar clases de canto, con la soprano Hortensia Coalla, yo era la más mala. Pero hoy, entre Carmen y Traviata, ¡no te rías!, me encanta escuchar a Olguita Guillot.

Creaste un estilo, te imitan…

No he enseñado a nadie, mi estilo caminó y los artistas jóvenes aprendieron algo. Todos aprendemos de todos. Yo siempre quise ser Rita Montaner, la más grande que ha dado Cuba. Cada uno busca sus ídolos.

¿Qué es lo mejor que te ha sucedido?

Estar viva todavía.

¿Crees que tus boleros te sobrevivirán?

Como dice Manzanero: "aprendí que puedo irme mañana mismo de este mundo…". Tendría que acabarse el amor para que mis boleros desparezcan. Un nuevo arreglo, una nueva orquestación, y estarán listos para acompañar las caricias (o provocarlas). ¿Y cómo vamos a terminar esta entrevista? Ya sé, déjame a mí… espero que me recuerden como la mujer que le cantó al amor.

© cubaencuentro.com

Olga Guillot canta "Tú me acostumbraste" de Frank Domínguez:

http://www.youtube.com/watch?v=_k-WJS-7dXI&feature=related



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