28 de mayo de 2010

La Inmaculada Concepción,
atribuida a Juan Martínez Montañés

Lo sagrado hecho realidad (Final)

Escultores y pintores como Montañés y Pacheco trabajaron juntos en establecer una imagen ortodoxa de la Virgen Inmaculada. Los artistas tomaron como fuente principal la descripción del Libro de la Revelación (12:1-2) de «una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies y sobre la cabeza una corona de doce estrellas...» Pacheco estipuló aún más en su tratado diciendo que la Virgen debía ser presentada como una niña hermosa de doce o trece años con «ojos finos y serios».

Montañes y Pacheco colaboraron durante sus carreras para producir varias versiones de la Inmaculada Concepción. Lo más probable es que la versión que se exhibe en esta exposición vino del taller de Montañés, y sigue atentamente las enseñanzas de Pacheco en cómo pintar las encarnaciones y aplicar la detallada técnica de estofado para adornar las túnicas.

La expresión benévola de la Virgen y el naturalismo de su pose, el rostro juvenil, largo cabello castaño y manto que cae copiosamente sobre su cuerpo delgado, tendrían una influencia profunda sobre generaciones de artistas, particularmente el joven Velázquez.

La Inmaculada Concepción, c.1628, madera pintada y dorada.
Iglesia de la Anunciación, Universidad de Sevilla
Foto: adg
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