12 de febrero de 2011

EL SUICIDIO DE ALLENDE, LA POLÉMICA QUE NUNCA TERMINA

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Por Enrique Ros
Diario Las Américas

Ha surgido, en los últimos días, una novedosa versión de la muerte del presidente chileno Salvador Allende. Como tantas otras, ésta persigue alejar a Castro de la muerte de su antiguo protegido. Pretende distanciar al GAP (Grupo de Amigos del Presidente) dirigido por el cubano Patricio de la Guardia de toda participación en la liquidación física del mandatario chileno. Se quiere, puerilmente, ponerle fin a lo que años atrás en un artículo en este DIARIO LAS AMÉRICAS titulé “La Polémica que se Aproxima”.

El periodista de ahora, días atrás, afirma que “Allende falló al suicidarse y un escolta le dio el tiro de gracia” y menciona en su retorcida versión, los nombres que en mi anterior artículo yo citaba: el GAP, Danilo Bertulín, Patricio Guijón, Víctor Tey y Joan Garcés. Omite, entre otros, el de Patricio la Guardia en un intento, pueril, de alejar La Habana del crimen cometido en la Casa de la Moneda, el palacio presidencial de Santiago de Chile.

El 11 de septiembre de 1973 perdió la vida el Presidente Allende. Surgieron de inmediato, aquel mismo día, dos versiones sobre la causa de su muerte. La oficial, ofrecida por el triunfante golpe de estado dirigido por el General Augusto Pinochet, que afirmaba que el mandatario se había suicidado, y la de sus partidarios y grupos de extrema izquierda que denunciaban que Allende había sido asesinado. Afirmación que nos llevaba a formular la pregunta ¿Asesinado por quién?

Sus seguidores –decíamos en aquel viejo artículo del DIARIO LAS AMÉRICAS- declaraban que el presidente había muerto, heroicamente, combatiendo las tropas que habían asaltado la Casa de la Moneda. Otros, que el mandatario había sido ajusticiado por uno de los miembros del GAP, el Grupo de Amigos del Presidente.

En medio de la polémica suscitada por aquel hecho se repite, aún por unos y por otros, un nombre: GAP, grupo paramilitar creado para proteger al Presidente Allende, compuesto de militares cubanos enviados, con ese fin, por Castro y miembros extremistas del Partido Socialista en que militaba Allende. Estudiemos estas versiones.

Los militares golpistas declararon que Allende se había suicidado y que su cuerpo, sin vida, apareció sentado en el medio de un sofá con la ametralladora en sus manos, su cabeza destrozada y que su muerte había ocurrido a la 1:50 del mediodía.

Frente a esta afirmación se presentó otra: seis o siete minutos después de las dos de la tarde una patrulla de la Escuela de Infantería comandada por el Capitán Roberto Garrido irrumpió en el segundo piso de palacio y avanzó hasta la entrada del Salón Rojo. El Capitán vio a un grupo de civiles con ametralladoras. En un acto reflejo, el Capitán Garrido disparó una ráfaga con su arma e hirió a un civil en el estómago. Cuando el civil seguía en agonía Garrido comprendió que era Salvador Allende. Se produjeron disparos y Garrido y sus soldados corrieron hasta la planta baja que las tropas rebeldes, desde una hora antes habían ocupado. Es ésta, la tesis del Allende combatiente asesinado por los militares “fascistas”.

Surge, por valederas razones una versión opuesta.

Los soldados de Pinochet han irrumpido desde tempranas horas de la mañana en el palacio presidencial ocupando el primer piso. Se pelea fieramente. El Grupo de Amigos del Presidente (GAP), con sus ametralladoras mantiene a raya a los militares golpistas. Se recibe a las 9:30 de la mañana un ultimátum: la Casa de la Moneda deberá ser evacuada antes de las 11:00 de la mañana, de lo contrario será atacada por la fuerza aérea. En el segundo piso se mantiene el Presidente con varios hombres del GAP. A las 11:55 comienzan a pasar los aviones. Se oyen los silbidos, luego la explosión y los helicópteros que lanzan bombas lacrimógenas.

Allende se retira al Salón Rojo. Habla por teléfono, por segunda vez, pidiendo nuevamente un cese al fuego para permitir la salida de las mujeres, algunos civiles y seis médicos. Él será el último. Se acepta su petición. Uno tras otro bajan por la escalera; llevan, atada a un palo, la bata blanca del médico Guijón. Ha aceptado rendirse el Presidente Allende y ofrece la constitución de un gabinete compuesto, exclusivamente, por militares. No comprende Allende que, en ese instante, ha firmado, ante los militares cubanos del GAP, su sentencia de muerte.

Los miembros del GAP no le permiten a Allende esa cobardía. Al bajar Allende entra (¿lo empujan?) al Salón Rojo. Se escucha una ráfaga. El médico, Guijón, entra al Salón Rojo. Encuentra el cuerpo sin vida del Presidente, es la tesis, negada luego por Guijón y Soto de los que afirman que el GAP fue el que ejecutó al mandatario que se rendía.

Temerosos por sus vidas luego de la “muerte” del Presidente Allende, la Delegación Cubana compuesta del Embajador Mario García Encháustegui, miembro de la sede diplomática y principales dirigentes cubanos del GAP, en busca de protección, salen por el túnel secreto que, por la Calle Morandé, conecta la Casa de la Moneda con el exterior. Se refugiaron en la embajada cubana.

El gobierno cubano declaraba tres días de luto oficial por la muerte del Camarada Salvador Allende (Granma, septiembre 23), lo que se repetía en sucesivas declaraciones sin calificarla de “suicidio” o “asesinato”. ¿Razón? Castro, que permanecía en Hanoi en una Conferencia de Países No Alineados, evita en sus primeras declaraciones calificar el hecho. Se refirió, repetidamente, a la forma “heroica en que el Camarada Allende ofreció su vida”.

Un escritor cubano, con antecedentes de antiguos servicios a la Dirección de Inteligencia Cubana del MININT, publicó en París un apasionante artículo, acusando al General Patricio de la Guardia como el militar que apretó el gatillo del arma que le quitó la vida al renunciante presidente chileno.

Otro escritor, este francés, se hizo eco de esta afirmación y originó en la capital francesa un encendido debate con Ileana de la Guardia, sobrina de Patricio y, en defensa de ella y del general cubano salió Jorge Massetti, esposo de Ileana.

¿Suicido? ¿Muerto en combate por las Fuerzas Armadas Chilenas? ¿Asesinado por órdenes de Castro y por militares cubanos? y, de éstos, ¿por quién?

La polémica no ha terminado. El nombre de Patricio de la Guardia se sigue mencionando aunque algunos periodistas, franceses y de otras nacionalidades, simpatizantes de Castro, tratan de alejar de aquel magnicidio, con poco éxito, el nombre del sobreviviente de los jimaguas de la Guardia.

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