11 de octubre de 2010


 LOS JUEGOS DE LA NIÑA TERESA DE AHUMADA


De su niñez y adolescencia Santa Teresa nos ha dejado escritos párrafos bellísimos  Es que de niña ya es el asombro de todos. La más querida de su padre y de sus hermanos. Con ellos ríe, corre, se impacienta y salta como una niña entre los niños. Pero un día se levantó muy temprano, cruzó la puerta de su casa, el corral y salió a la calle…

Adelantemos que es una niña que lee con soltura libros que le deja su madre. Nos asombra, porque entonces casi nadie sabía leer, ni pequeños ni grandes. Lo que lee, lo comenta con uno de sus hermanos, casi de su edad. Entra personalmente en lo que lee. Si lee la vida de los santos, quiere ser como ellos. Si lee un libro de caballería, ella quiere hacer lo que un aventurero caballero. Acaba de leer que una santa sufrió el martirio y el Señor la llevó al cielo, para gozar eternamente.

Lo pensó y repensó los pros y los contras. Lo comentó con su hermano y le propuso hacer el mejor negocio de su vida: «comprar muy barato el ir a gozar de Dios». Estamos ante una niña, cuyas mejores ideas y deseos los pone en ejecución cuando está segura de ser lo mejor. Pase lo que pase. Convence a su hermano, tan niño como ella, de que tienen que irse a tierra de moros «para que allí nos descabezasen».

 Pero es una niña reflexiva. Tanto que siente interiormente rechazo, miedo y hasta espanto por lo que va a hacer. Sale a la calle, y de pronto vuelca su corazón en los padres que deja durmiendo. ¿Qué dirán cuando nos busquen y no nos encuentren? Tropieza y se le cae la servilleta con el pan y el chorizo, que lleva de merienda...  

«De que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos ser ermitaños, y en una huerta que había en casa procurábamos, como podíamos, hacer ermitas, poniendo unas piedrecillas, que luego se nos caían. Y así no hallábamos remedio en nada para nuestro deseo; que ahora me pone devoción ver cómo me daba Dios tan presto lo que yo perdí por mi culpa. Hacía limosna como podía, y podía poco. Procuraba soledad para rezar mis devociones, que eran hartas, en especial el rosario, de que mi madre era muy devota, y ansí nos hacía serlo. Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, hacer monasterios, como que éramos monjas; y yo me parece deseaba serlo, aunque no tanto como las cosas que he dicho".

A primera vista, no se deduce de este texto que la niña Teresa no jugara a los bolos o a la comba. La niña Teresa fue una niña como las demás de su tiempo. Pero en su historia personal, al tener que escribir sus experiencias religiosas, recurre a lo que ella vivió. Eso que nadie puede olvidar si lo ha vivido en el espíritu a solas o con otros, aunque hayan pasado cuarenta o más años. 

El genio nace genio y, el que es fiel a sí mismo, termina siendo un genio. Santa Teresa nació siendo un genio en el arte de la introspección, de la vida interior, de la contemplación, de la unión amorosa con Dios.

Hemos abierto el Libro de la Vida, escrito por Santa Teresa de Jesús. Desde la primera página, la vemos gozando de la vida. Se estremece al verse cogida de la mano de Dios. No entiende por qué Dios la busca, precisamente a ella, que se ve ruin, inútil... ¡

Verse inútil! Ella, que ha conquistado las cimas del espíritu. La que dice no saber escribir, y ha entrado en la historia de la literatura como creadora de un estilo nuevo. Si ya nos ha cautivado desde su niñez, estamos deseando conocerla mejor. 

Teresa es más que una mujer. Es una Santa. Y santo es el que siendo cristiano, se hace realmente hombre. O mujer, en este caso. Santo es el que se ha ido liberando de lo terrenal y caduco en pos de la bondad sencilla y plena, haciéndose cada vez un poco más espiritual.

http://nicolas-capellanencarnacionavila.blogspot.com

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