23 de octubre de 2009

Velorios y entierros en el
Viejo Camagüey

Miguel A. Rivas Agüero.

Las funerarias en Camagüey eran casi sólo para exhibición y venta de los féretros pues antes los velorios se efectuaban en la propia casa del fallecido. Y era costumbre inalterable que la concurrencia fuera obsequiada con café o chocolate durante el velorio.

El entierro de un cadáver se realizaba llevando el sarcófago a hombros de los familiares y amigos del difunto en todo el trayecto hasta el cementerio. Al pie de la sepultura en que era inhumado un cadáver, se despedía el duelo relatando todas las virtudes que poseyó en vida, (los defectos se enterraban con el muerto).

Los familiares del mismo se situaban en un quicio, al centro de la Iglesia del Cristo para recibir el pésame de los concurrentes. (Esta Iglesia está ubicada a la entrada del Cementerio).

Por lo regular, el primero de los amigos presentes en el acto, al dar la mano al principal doliente, le decía palabras de consuelo, y los demás, al cruzar delante de ellos, empleaban la frase: “lo propio le digo”.

Por cierto que esa frase dio lugar en una casa, a que la primera persona en dar el pésame, íntimo amigo del doliente, al darle la mano le dijo al oído: “Tienes la peluca virada”, y al repetirse el “lo propio le digo” de los demás, hizo que el doliente estuviera cambiándola continuamente de posición”.

Luego vinieron las carrozas tiradas por una, dos y hasta tres parejas de caballos, pues ello dependía de lo que los familiares quisieran en ostentación caballar.

Más tarde también desaparecieron esas carrozas, siendo sustituidos por automóviles preparados en su carrocería para esa finalidad, pero,los otros aspectos del entierro han seguido iguales.

Seguidamente venia el luto, que era riguroso y para el resto de la vida en la viuda, a menos que hubiera un segundo matrimonio que a veces no llegaba al año, pues nunca faltaba alguien que se embarcaba en un barco que otro naufragó.

En los hombres, el luto se llevaba en el sombrero y en la manga derecha del saco mediante cintas de color negro que se pondrían en uno y otro lugar, pero que no duraban mucho tiempo.

Pasado un año, o sólo meses, se empezaba a “aliviar” el luto, usando las mujeres blusas blancas y faldas negras y los hombres eliminaban la cinta negra del brazo o crespón como pomposamente era llamada, pero, en cambio la cinta del sombrero se mantenía hasta que el propietario compraba un nuevo “pajilla”. Por cierto que este “pajilla” ha desaparecido totalmente de la circulación ya que tanto el sombrero como la corbata son prendas que han sido jubiladas hace rato.

Miguel A. Rivas Agüero
Revista "El Camagüeyano" de Ma. Antonia Crespí,
Miami, Octubre de 1987


A este interesante relato de Rivas Agüero podíamos agregar que por lo menos hasta hace cuarenta años los entierros seguían siendo a pie, aunque ya habían sido eliminadas las carrozas de caballo. Los amigos acompañaban caminando a los familiares del difunto. Si éste era católico practicante, el entierro era de «cruz alta», es decir contaba con la presencia de un sacerdote y al menos un monaguillo llevando una cruz. Y si era persona muy importante o había desempeñado algún cargo público de relevancia, no podía faltar la presencia de la Banda Municipal, y los dolientes hacían el triste recorrido a los acordes de la Marcha Fúnebre de Chopin.

Vienen a la mente muchos detalles más de nuestras costumbres necrológicas en aquel tiempo pasado. Por ejemplo, por costumbre o por ser pequeñas las dos funerarias existentes, los velorios se realizaban en la propia casa del difunto. Las funerarias a cargo del «servicio» se ocupaban de colgar un crespón negro en una de las ventanas de la residencia y de proporcionar las sillas. Toda la cuadra observaba una actitud respetuosa y procuraran sintonizar la radio de tal modo que no trascendiera ni por asomo nada de música.

Durante los primeros sesenta años del siglo XX en Camagüey hubo solamente tres funerarias. «Varona Gómez» en la calle República, y «Bueno» en la calle Independencia hasta finales de los años 50, fecha en la que se estableció en Camagüey un comerciante español que abrió la funeraria «La Moderna» en la calle Avellaneda, en el local ocupado anteriormente por el Dr. Jorge Vilardell para su consultorio dental y residencia.

Estas tres funerarias fueron cerradas por el gobierno castrista y sustituidas por una sola, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida de la Caridad. Posee una salida posterior a la calle Cuba, por donde salen los entierros. adg

Ilustración: Google
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2 comentarios:

  1. Victor Mozo10/25/2009

    Sin olvidar los entierros de niños los cuales eran llevados en carrozas blancas tiradas por caballos también.

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  2. Tiene razón, Víctor, un dato imprescindible a la hora de relatar nuestras costumbres.

    No sé si ocurría también con otras iglesias, pero cuando un entierro pasaba por Estrada Palma o República rondando la Soledad, el buen Rubén no dejaba de hacer doblar las campanas. Y si Valdés Jiménez estaba trasmitiendo en ese momento, ya podemos imaginar lo que decía...

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