27 de marzo de 2012

PALABRAS DE SALUDO DE MONS. DIONISIO GARCÍA AL SANTO PADRE

 
Palabras de saludo al Santo Padre
de Mons. Dionisio García Ibáñez,
Arzobispo Primado de Santiago de Cuba
durante la Misa celebrada
el 26 de marzo de 2011

Querido Santo Padre:

Santiago de Cuba, con sano orgullo y gratitud, con su proverbial alegría y hospitalidad le da la bienvenida como padre y pastor de la Iglesia Universal, que viene a anunciarnos el evangelio de Jesucristo, dirigido a los hombres y mujeres de todos los tiempos.

En esta histórica Plaza dedicada a un héroe, hijo ilustre de esta ciudad, el Lugarteniente General Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, están presentes miles de hermanos procedentes de todas las provincias del país y de fuera de Cuba que han venido a encontrarse con Ud., a mostrarle nuestro afecto, a celebrar juntos la fe, a escuchar la Palabra de Dios y su mensaje con la seguridad de que iluminará la razón y llegará al corazón sembrando esperanza. 

Esta Arquidiócesis Primada, donde fue arzobispo San Antonio María Claret y ejercieron su ministerio sacerdotal el beato Cardenal Ciriaco Sancha y el Siervo de Dios, Gerónimo Usera, en nombre de la Iglesia que está en Cuba y de todos los cubanos de buena voluntad, le da las gracias porque ha querido venir hasta el Santuario Nacional del Cobre como "Peregrino de la Caridad", a venerar la bendita imagen de nuestra querida Patrona, La Virgen de la Caridad, en la celebración jubilar por los cuatrocientos años de su hallazgo y presencia maternal en la historia de nuestro pueblo y en la de cada cubano en particular.

Santo Padre, cuando ya la mayoría de los pueblos de la América Hispana habían alcanzado su independencia, los cubanos estábamos iniciando el proceso de tomar conciencia como nación. Somos un pueblo mestizo, de culturas y orígenes diversos que se mezcló racial, social y culturalmente en esta isla hermosa, acogedora, bendecida por Dios y difícil de olvidar, de tal manera que hoy, donde quiera que estemos, llevamos con orgullo el nombre de "cubano", recelamos de toda injerencia foránea en nuestros asuntos y nos sentimos comprometidos en lograr, con esperanza y decisión, una república próspera, incluyente y participativa, "con todos y para el bien de todos". 

El proceso de alcanzar estos ideales nunca termina, también hoy estamos empeñados en conseguir que el bienestar y la justicia lleguen a todos. Somos un solo pueblo pero con diferentes criterios en cuanto al camino a seguir para buscar un futuro mejor. A lo largo de nuestra corta historia, este hermoso empeño común se ha visto oscurecido por los egoísmos, la incapacidad de diálogo y de respeto al otro, la presencia de intereses ajenos a los nuestros, la exclusión y la intolerancia, el acentuar las diferencias, hasta llegar a ser irreconciliables, en vez de buscar las coincidencias que nos animan a caminar juntos. Hemos llegado a la violencia entre cubanos que hace sufrir a todos y no beneficia a nadie, hiere la dignidad y dificulta el verdadero desarrollo material y espiritual de nuestro pueblo. Es necesario superar las barreras que separan a los cubanos entre sí. Este es un deseo querido por todos y que escuchábamos diariamente en forma de súplica cantada durante la misión con la Virgen en preparación a este Año Jubilar: "todos tus hijos, a ti clamamos, Virgen Mambisa, que seamos hermanos".

Esta pequeña imagen ante la que Ud. ha venido en peregrinación nos ha acompañado a lo largo de 400 años. Acudimos hasta su Santuario católicos y no católicos, creyentes y no creyentes porque en Ella descubrimos el amor de Dios para con nosotros, o porque la descubrimos presente desde los orígenes de nuestra nación, símbolo de la misma y de los mejores ideales patrios.

Ud. ha escogido para celebrar esta Eucaristía el hermoso día de la Anunciación, el día en que Jesucristo, autor de la Vida, se hizo carne en el seno de la Virgen María. Nuestro pueblo acude al Santuario del Cobre ante la Virgen de la Caridad, buscando la vida, la paz y la esperanza que sólo Dios es capaz de dar. Ella constituye un camino seguro para encontrarnos con Jesús, su Hijo, nuestro único Salvador. Él es "el camino, la verdad y la vida".

Ayúdenos, Santo Padre, a que nuestro pueblo no tenga miedo de encontrarse con Jesús a través de María de la Caridad a quien tanto ama. "A Jesús por María". Que no tenga miedo en hacer realidad el deseo de todos de buscar la solución de nuestros problemas nacionales procurando la participación de todos en un espíritu de misericordia, de diálogo, de respeto mutuo y de reconciliación. Con la certeza martiana de que "sólo el amor construye". 

Santidad, preparar su visita a nuestra ciudad ha significado un gran esfuerzo. Hemos querido recibirlo presentándole, a pesar de nuestra pobreza, una ciudad más linda y acogedora. En este empeño hemos participado todos: técnicos, obreros y artistas, que han trabajado incansablemente, las autoridades, la arquidiócesis, iglesias hermanas y todo el pueblo que le está recibiendo con alegría.  Esta actitud ha hecho posible que estemos hoy en esta Plaza y en este hermoso y digno altar, celebrando la Eucaristía. Es una muestra de que cuando las voluntades se unen para hacer un bien se puede lograr la obra buena. Pido a Dios que esto sea como una parábola que nos lleve a buscar el bien de todos, con la participación de todos... éste es el único camino y eso, Santo Padre, es posible.

Quisiera terminar con las palabras finales que Mons. Pedro Meurice Estiú, mi querido y digno predecesor, le dirigió en esta misma plaza al actual beato Juan Pablo II: "Los cubanos suplicamos humildemente a Su Santidad que ofrezca sobre el altar, junto al Cordero inmaculado que se hace para nosotros pan de vida, todas las luchas y azares del pueblo cubano". 

Bienvenido Benedicto XVI. "Bendito el que viene en nombre del Señor".

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