29 de marzo de 2012

TRIBUTO A MARÍA DE LOS ÁNGELES SANTANA


 
Tributo a María de 
los Ángeles Santana

Marlene María Pérez Mateo


-Agamenon- -AgameNON- -AGAMENON-

No sé ni cuantas veces imitábamos mis amigas de infancia y yo este trío de palabras que iban de lo operático hasta el grito y luego casi el gruñido. La idea partía de la caracterización que Doña María de los Ángeles Santana Soravilla hacia semanalmente en televisión cubana de la Señora Alcaldesa Remigia Pérez Topete, esposa de Plutarco Tuero (Enrique Almirante) y enemiga jurada de Chiquitica Rubalcaba. Era para entonces “San Nicolas del Peladero”, programa televisado en vivo por el Canal 6, uno de esos pocos que pertenecían al Olimpo informal de los llamados “programas que se pueden ver”. Su elenco  y presentación eran de sobrada calidad y para salir de la rutina, humorístico de esos que ya no hay. 


     Mucho pudiera decir de dicho arte que ha quedado en mi memoria de mis años de infancia, quizás en otra ocasión. Dirijo ahora estas líneas a un gozoso homenaje a una de las damas del arte dramático cubano, esas que nunca se van: Doña María de los Ángeles. Supe hace unos días de su desaparición física en febrero del 2011. Sabia de ella lo que mis ojos podían captar a mis cortos años en que disfruté de sus interpretaciones.

    Paulatinamente he ido creciendo y también he aprendido a apreciar poco a poco sobre  su significado en la escena y el canto cubano. Pocas se le igualan, ese paraninfo le pertenece a otras, tales  como Margarita Balboa (nuestra dama de las Camelias), Maritza Rosales, Gina Cabrera, Eloísa Álvarez Guedes, Raquel Revuelta, Odalys Fuentes, Candita Quintana, Aurora Basnuevo,  Aurora Pita, Marta del Rio, Marta Jiménez Oropesa, Rosita Fornés, Natalia Herrera, Ada Vinaz, Ana Nora Calaza, Parmenia Silva, Velia Martínez, Ana Margarita Menéndez;  perdón si dejo a alguien en el tintero.

      María fue  una mujer bellísima de esas que se llevan con elegancia y decoro (no abundan). Se dice fue una de las intérpretes conocidas de Lecuona. Llevó una carrera difícil, en un medio controversial y en un momento crucial, en fin todo un reto. Lo hizo con mucha dignidad. No recuerdo que llegara a la escena catapultada por nada que no fuera su arte (claro que le sobraba) ni con mayor valor que dicha cualidad, don divino de los dioses otorgado a los excepcionales. Lo hizo así; pero pudo no hacerlo. Es asumible que el camino fácil, es decir la vereda, le fuera ofrecida total o implícitamente,  mas se mantuvo en su línea y eso cuesta; conclusión no cambió. Pudo haber hecho mas y con menos con tan detestables medios. Allí se cuenta la adulación (en todas sus formas), la venta al mejor postor (en todas sus maneras también) mas fue de las que se mantuvo. No recuerdo de ella la grosería,  la altanería,  la jactancia; ella era de esas que sabían estar.

     Escuché algunas de sus entrevistas, desafortunadamente no muchas. Fue extremadamente valiente e inteligente. Mencionó y  valoró a Goar Mestre, ex dueño y fundador de televisión  cubana, impensable. Habló con mucho respeto de la institución del matrimonio empezando por el suyo propio. De su compañero de vida, Julio de la Vega, y la capacidad que ambos decían tener para reinventar la felicidad. Del compromiso asumido por ella con sus padres por los valores que ellos le habían enseñado. 
   
  Para mi generación fue algo así como una abuela de la escena, una Diva de a de veras.          

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