12 de marzo de 2011

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Poeta del son

- Ignacio Piñeiro, el poeta del son, que sazonó la salsa latina y muchos de los ritmos contemporáneos, nació en La Habana de la colonia en 1888, se impregnó de todos los ritmos afrocubanos, cantos de clave, el yambú y la tahona, complementos y antecesores de la rumba. Recibió el influjo de la guaracha y el son que desde Oriente llegaba a La Habana. Su academia era la tradición oral de congos y lucumíes en cabildos africanos. "En esos cabildos, que metían miedo, desde niño componía versos mambises en contra del colonialista español, en protesta por su presencia".

Trabajó como albañil, portuario, tabaquero, en todo tipo de oficios para ganarse la vida, en días de guerra y hambre. Pero, desde niño cantaba en coros escolares y a los ocho años ya estaba como improvisador y decimista en la agrupación de clave y guaguancó, “El Timbre de Oro”. Seguidamente dirige el grupo Los Roncos y después pasa a la agrupación Renacimiento. 

Su gran momento llegó con la amistad de la trovadora y sonera María Teresa Vera, quien le enseñó a tocar el bajo y lo integró a su Sexteto Occidente, con el que viajó en 1926 a grabar y actuar en Nueva York. A su regreso trabajaron en las academias de baile, donde realizaban un entrenamiento agotador. 

María Teresa dedicó un tiempo a la religión afrocubana y en 1927 entregó el Sexteto Occidente a Ignacio, que le adicionó al trompetista Lázaro Herrera y lo convirtió en Septeto Nacional, que competía en popularidad con el Septeto Habanero de 1920, primero en Cuba. 

Pero el Septeto Nacional tenía un genio compositor a la cabeza, con el dominio de muchas variantes tímbricas y ritmos nacidos en La Habana con los que hace una fusión, insuflándole al son un tempo menos reposado, más rápido y potente. Y también una larga lista de éxitos que resultaron verdaderos clásicos del son. 

Con esos presupuestos fueron invitados a llevar el son a España, la España de charanga y panderetas que se asombraba de la llegada de instrumentos tan típicos como las claves, maracas, güiro y bongó. Un arsenal percutido que deja perplejos a los europeos. 

En 1929 desembarcaron en las costas de Sevilla, después de haber perdido en el viaje a uno de sus cantantes. Se presentaron en la fastuosa Exposición Iberoamericana de Sevilla, donde obtuvieron Medalla de Oro. De esa manera triunfal hacen penetrar el sonido atrevido del son en la Europa de sinfonías y zarabandas. 

Con ese prestigio alcanzado lo reclamaron en Estados Unidos y se presentaron en 1933 en la Feria Exposición de Chicago, “Un siglo de progreso” . El son, la conga y la rumba comenzaban a amenazar al jazz y sus variantes. Cuba iniciaba la hegemonía del ritmo en la etapa contemporánea.

¿Cuál fue el aporte de Piñeiro al son y la música cubana? El gran músico "habanizó" el son, fundiéndolo con las variantes de la rumba, la guajira y otras variables tímbricas afrocubanas. Introdujo el lirismo en el primitivo son oriental, logrando una evolución amplia en lo musical y lo temático.

  Es una cristalización melódica decisiva de la música cubana sacada de acertadas combinaciones instrumentales de donde salieron las variantes de maravilla que nacerían después: danzón, mambo, cha cha cha y muchos de los ritmos venideros.

Hay que atribuirle también a Piñeiro la incorporación o el traslado del tiempo de la guajira, al compás de 2 por 4 del son. Mi son guajiro genuino, conocido como “Alma guajira”, es el primero en ese estilo, y abre un nuevo camino. Concedió mayor libertad, dando preeminencia al protagonismo del cantante. Primero con cierto toque lírico, después con esa impronta callejera sin la cual no hay auténtica música popular.

También rompió con la métrica establecida al componer al margen de la cuarteta, incorporando versos más libres -influencia trovadoresca- que se interrelacionaba con el son. El lirismo terminaba con un cadencioso estribillo bailable y sabroso, como apunta la investigadora Adriana Orejuela.

“Habanera no te canses de/
querer a tu sonero,/
que si me olvidas me muero.

Fue cuidadoso en el aspecto melódico de sus obras, cualidad que aprovechó George Gershwin al incorporar un pasaje de su son-pregón, “Échale salsita” en su Overtura Cubana.

Piñeiro fue un creador prolífero, con cientos de creaciones que abarcan el son, el bolero, la conga, la rumba, la guajira-son, la guaracha, el guaguancó, los danzones, el tango-congo, las plegarias, los lamentos y otras diversas variantes soneras y rumberas.

Hay músicos que son como arquitectos de la estructura musical en los inicios de la síntesis ritmática de un país. En ese cuadro de honor se encuentran, Ignacio Piñeiro, Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguez, los hermanos Israel y Orestes López (Cachao), Pérez Prado, Enrique Jorrín. Son verdaderas escuelas, conservatorios de la música cubana de donde se nutren los músicos de nuestro tiempo.

Fuente:
Rafael Lam, http://www.conexioncubana.net

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