13 de mayo de 2010


Nuestra Señora de Fátima

En la Portugal rural del 1917 no era inusual el ver a los niños llevando a sus rebaños a pastorear. Esto es lo que los niños de la familia Marto y Santos, todos primos, hacían en estos días.

Casi siempre eran Lucía Santos, Francisco Marto y su hermana Jacinta, los que con gusto tomaban esta responsabilidad agradecidos por poder estar al aire libre y jugar mientras las ovejas pastoreaban en silencio. Llevaban pequeños grupos de ovejas a pastorear en parcelas pertenecientes a sus padres en diferentes partes de la sierra, el altiplano en el que se encontraba el pueblito de Fátima (donde se hallaba la Iglesia parroquial) y Aljustrel (donde vivían los niños).

Dos lugares favoritos eran las colinas que miraban a Aljustrel, cerca de un campo llamado Loca do Cabeco (Lugar de la Cabeza) y la Cova da Iria (Ensenada de Irene), a corta distancia de Fátima.

En estos lugares ocurrieron las apariciones que cambiarían el curso de la vida de estos niños y de la historia del siglo XX.

El nombre de Fátima, tanto como Aljustrel, son de origen árabe, y fueron dados por los musulmanes cuando ocupaban esa zona. Fátima significa doncella pura y virgen, y fue el nombre de la hija de Mahoma.


Con anterioridad a las apariciones de la Virgen María, hubo tres del ángel mensajero del Señor entre los meses de marzo y finales de septiembre de 1916.

Casi 8 meses habían pasado desde la última aparición del ángel, y Lucía, Francisco y Jacinta continuaban obrando tal como el ángel les había enseñado: orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía ahora 10 años, Francisco nueve en junio y Jacinta acababa de cumplir siete en marzo, cuando el 13 de mayo de 1917 decidieron llevar sus ovejas a las colinas que pertenecían al padre de Lucía, Cova da Iria o Ensenada de Irene.

Fue ahí donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció por primera vez, y lo hizo en seis ocasiones en 1917, los días 13 de cada mes hasta el mes de octubre.


En esos momentos la Primera Guerra Mundial hacía estragos en Europa, conduciendo a la humanidad a la forma más salvaje de guerra vista hasta entonces. En Moscú, Lenin preparaba la revolución que volcó el orden social ruso en noviembre de 1917 y en la que se sumergió eventualmente casi la mitad de los habitantes del planeta.

Fue en este contexto en el que el cielo intercedió por la humanidad para proveer el antídoto a los males morales y sociales del mundo: el mensaje de esperanza de María, Nuestra Señora de Fátima.


Texto editado de www.aciprensa.com.
Ilustración Google

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