17 de enero de 2011

  
LAS REFORMAS EN CUBA 
BUSCAN AFIANZAR EL PODER CASTRISTA,
NO HACER CRECER LA ECONOMÍA


José Azel
The Wall Street Journal

Mucho se ha hablado de las reformas económicas prometidas por Raúl Castro, incluyendo los comentarios del propio presidente cubano. "O rectificamos", dijo recientemente el general Castro, "o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio y nos hundimos". Pero basta echar un vistazo la plataforma económica del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, programado para abril de este año, para tener claro que no cambiará mucho.

El "Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social", un documento de 32 páginas que propone una hoja de ruta para el futuro económico de Cuba, afirma que "la política económica en la nueva etapa se corresponderá con el principio de que sólo el socialismo (es decir, el comunismo cubano) es capaz de vencer las dificultades… y que en la actualización del modelo económico, primará la planificación y no el mercado".

El documento enfatiza persistentemente la visión militarista del general Castro sobre un aumento de la eficiencia, la disciplina y el control. Insiste, por ejemplo, en fijar precios de acuerdo con los dictados de la planificación central. También hace hincapié en que no se permitirá que cualquier nueva actividad económica no estatal (privada) conduzca a la "concentración de la propiedad" (es decir la acumulación de riqueza). No hay ningún interés en introducir el socialismo de mercado de Deng Xiaoping, que en una recordada frase dijo a los chinos en 1984 que "volverse rico es glorioso".

No es de extrañar que Raúl y sus compañeros generales se sientan más cómodos con la cadena de mando de una economía centralmente planificada que con las vicisitudes de la economía de mercado. Más desconcertante es su incapacidad para entender los principios básicos del desarrollo económico.

Después de muchos debates y con vacilación, los "reformadores" de la economía cubana han decidido permitir que entre 500.000 y 1,3 millones de cubanos sean despedidos de sus empleos estatales y solicitar permisos que los autoricen a autoemplearse en ciertas actividades. Es instructivo examinar algunos de los 178 oficios y profesiones privadas que, supuestamente, ayudarán a rescatar la economía.

El oficio número 23 es la compra y venta de libros usados. El 29 es asistente de baños públicos (presumiblemente recibirán propinas), el 34 es el de podador de palmeras (aparentemente otros árboles seguirán siendo podados por el gobierno). El oficio 40 es cubrir botones con tela, el 61 es el de lustrador de zapatos, el 62 el de sacar lustre a tapones, el 69 el de dactilógrafo, el 110 el de reparador de colchones de resorte (que no debe ser confundido con el 116, que corresponde a quien arregla colchones). El oficio 124 corresponde a quienes reparan paraguas, el 125 a quienes rellenen encendedores para cigarrillos, el 150 a quienes predicen la suerte con las cartas del tarot, 156 es ser dandy (la definición técnica es desconocida, ¿quizás acompañante masculino?), el 150 pelador de frutas naturales (tarea diferente al oficio 142, que es el de quienes las venden en quioscos).

Esta extraña lista de actividades del sector privado no va a impulsar el desarrollo económico, pero revela la mentalidad totalitaria del régimen. Aquí los tecnócratas cubanos proyectan el grado de control que tienen la intención de imponer al elaborar una lista específica de actividades legales. El objetivo de estas reformas no es liberar la "mano invisible" del mercado, sino afianzar el puño cerrado de los Castro. No hay que ser economista para apreciar que rellenar encendedores desechables, por ejemplo, no va a contribuir en ninguna medida al desarrollo económico.

En su fantasía económica de yuxtaposiciones surrealistas, Raúl cree que una mejor administración estatal es la salvación del sistema comunista. El deseo de de los militares y del Partido Comunista de controlar cada aspecto de la vida cubana atenta contra la libertad individual necesaria para producir un renacimiento económico.

José Azel es un académico del Instituto de Estudios Cubano-Americanos de la Universidad de Miami y es el autor de "Mañana en Cuba" (Autorhouse, 2010).
 

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