5 de febrero de 2012

EL MANNEKEN PIS DE BRUSELAS


El Manneken Pis de Bruselas

La ola de frío ártico que después de dejar nieve en las Islas Baleares y cruzar el Mediterráneo se ha desplazado hasta el norte de África, ha dejado desolación y muertos a todo lo largo de Europa. 

Uno de los efectos menores ha sido el cierre de las fuentes que adornan plazas y paseos de las capitales del viejo mundo, ante el temor de la congelación de las cañerías por efecto de las  gélidas temperaturas.  

El ayuntamiento de Bruselas ha decidido también detener cautelarmente el mecanismo hidráulico de sus fuentes por ese riesgo de congelación de los conductos, una medida que ha aplicado incluso a la diminuta fuente del Menneken Pis, uno de los íconos de la capital belga. En Bruselas las mínimas llegan a alcanzar los -11 grados centígrados.

Ubicado en el centro histórico de la ciudad, el Manneken Pis ("niño que orina", en el antiguo dialecto bruselense) es uno de los símbolos citadinos junto a la Grand Place o el Atomium, y atrae cada día a centenares de turistas.

La pequeña estatua de bronce fue esculpida en 1619, aunque según historiadores belgas su origen se remonta al siglo XIV. 

Había ya una estatua parecida de piedra a mediados del siglo XV, quizás ya desde  1388  (fecha de la primera mención hallada en los archivos de la catedral de santa Gúdula), y que fue robada en varias ocasiones. En 1619   fue reemplazada por una estatuilla de bronce hecha por el escultor barroco  franco-flamenco Jérome Duquesnoy   el Viejo, y que se situó sobre una columna de seis pies tallada por Daniel Raessens. Esta columna  fue sustituida en 1770 por el actual nicho en estilo rococó.  Los bruselenses protegieron la estatuilla durante el asedio  de la ciudad por los franceses en 1695, en conmemoración del cual se grabó una sentencia bajo la estatua después del asalto: El Señor me levantó sobre una roca, y ahora elevo mi cabeza sobre mis enemigos”. 

La estatua actual es una réplica, pues la original fue robada en la década de los años sesenta. Recuperada posteriormente, se encuentra junto a una copia en bronce dorado del siglo XVII en el Musée de la Ville de Bruselas.   

Se han forjado varias curiosas e increíbles leyendas sobre esta estatua. Entre ellas, la que cuenta que en 1142, a las tropas del duque Godofredo II de Lobaina  se les ocurrió colgar de un árbol una cesta con un pequeño niño  de dos años, el que orinó sobre la tropas enemigas haciendo que éstas perdieran la batalla.  

Otra leyenda relata que en el siglo XIV  Bruselas se encontraba sitiada por tropas enemigas que idearon un plan para colocar cargas explosivas y lograr entrar en la ciudad. Un niño llamado Juliaanske los espiaba y decidió orinar sobre la mecha encendida, con lo que logró salvar a la ciudad del asedio. 

Pero la historia que más oyen los turistas es la del relato de un rico comerciante que visitaba la ciudad con su familia y al que se le extravió un hijo. Se organizaron grupos en su búsqueda y lo encontraron muy divertido orinando en un cercano jardín. El rico comerciante decidió ayudar a la construcción de la fuente en la que, desde luego, se colocó una escultura de su pequeño hijo haciendo pis.  

A la estatua se la viste en muchas ocasiones con un disfraz alusivo para celebrar festividades  y cuando  se abre de nuevo el grifo de la fuente al terminar de vestirse la pequeña estatua, el exceso de presión del agua puede llegar a salpicar a los espectadores para diversión general.  

También hubo costumbre de sustituir el chorro de agua con líquidos menos trasparentes  durante  determinadas fiestas. Se sabe que en 1890, se celebraron grandes festividades en Bruselas, en las cuales el Manneken orinó vino y cerveza.  

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