18 de febrero de 2011


 MAMBISES EXTRANJEROS

- Por Manuel Márquez-Sterling
Diario Las Américas

- El siglo XIX fue la centuria durante la cual la mayor cantidad de naciones se libertaron de sistemas coloniales explotadores y también de otras formas de despotismo.

El carburante de esta formidable ideología libertaria lo produjeron las ideas salidas de la Revolución Francesa de 1789. Si es bien cierto que muchas de estas ideas tuvieron su origen más allá de la Francia revolucionaria, fue su revolución las que las llevó al ámbito mundial.

En nuestro hemisferio la cosa principió con la revolución e independencia de los Estados Unidos y que a punto de terminar ese siglo, en 1898, concluyera con la liberación de Cuba. Todo esto significó que se produjera en nuestro hemisferio el fenómeno de que muchos hombres con su sed de libertades no satisfecha aún con la liberación de sus propias naciones se fueran a ayudar y enrolar en las luchas de las naciones que aún seguían sometidas a formas de gobierno autoritarias y despóticas.

Al respecto, y circunscribiéndose al caso particular de Cuba, nuestro insigne historiador, Enrique Ros, lanza a la luz su nuevo e enjundioso estudio bajo el título de “Cuba: Mambises Nacidos en Otras Tierras,” obra editada por la Universal de Salvat.

Lleno de información que ha tenido que ser extraída de viejos y ya casi desaparecidos libros, cuyas originales y exiguas ediciones hay que buscarlas en bibliotecas especializadas, y de documentos y relatos a punto ya de convertirse en polvo, Ros nos hace un recuento de estos combatientes que oyeron el desesperado reclamo de libertad de los cubanos y que lo dejaron todo para irse a darnos una mano y en numerosos casos a dar sus propias vidas por hacernos libres.

Por las páginas del tomo de Ros desfilan desde los mismos españoles hasta los venezolanos, pasando claro está por los apasionantes casos de los chinos, los famosos culies, los norteamericanos, y esos inmortales dominicanos con Máximo Gómez a la cabeza.

De todos estos extranjeros, quizás el caso más interesante sea el de los chinos, que importados a Cuba bajo un sistema que prácticamente los reducía a la condición de siervos de la gleba de la Edad Media, como bien detalla Ros, al terminar su oneroso contrato, o al escaparse del mismo, se unieron a la gesta libertadora iniciada en Yara en 1868. Leyendo estas páginas no pudimos dejar de pensar en aquel monumento que la República de Cuba le había erigido a los chinos libertadores y en cual había una tarja que declaraba para la posteridad que ninguno de ellos había resultado ser traidor a la causa de la libertad de Cuba

Entre los norteamericanos los casos del General Thomas Jordan, Henry Reeve, el famoso “Inglesito,” y Frederick Funston del cual hasta existe una foto vestido perfectamente, de mambí, con sombrero de yarey y todo, no se les escapan al autor de este valiosísimo tomo.

En el caso de Jordan no era, por supuesto, el propósito de Ros de analizar a fondo la verdadera razón de por que este veterano de la Guerra Civil o de Secesión americana, que había llegado a Cuba con tanto entusiasmo bélico, después de un tiempo corto decidió retirarse y volver a su país. Ros, como es cierto, apunta que al tener Jordan algunas discrepancias con ciertos oficiales criollos, y que al ver que su presencia producía polémicas, decidió partir hacia su patria. Los papeles y las cartas de Jordan constan en archivos americanos y una vez un profesor de este país nos refirió que Jordan se había ido a Cuba pensando que la guerra nuestra era como la de Secesión, con grandes ejércitos bien armados y que al encontrarse con el guerrilleo criollo decidió que eso no era para él. Nunca hemos podido comprobar esta opinión. Ahí queda este problema para ser dilucidado por los historiadores del futuro.

En fin todos los amantes de nuestra historia tienen que estar agradecidos por esta nueva contribución de Ros a nuestro saber histórico. Quizás en un futuro no lejano Enrique Ros dedique su atención al tema de todos aquellos cubanos, que desde la Guerra Civil Americana, hasta la de Vietnam se alistaron en ejércitos extranjeros confiados de que su contribución en esa guerra habría de redundar en la libertad de su Cuba esclavizada. 

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