21 de septiembre de 2010


NUEVA ORLEÁNS

- A pocos kilómetros antes de llegar a la desembocadura del río Misisipi encontramos a Nueva Orleáns. Ciudad antigua y misteriosa, de alegre ascendencia francesa y vudú africano, de comida bien sazonada… Cuna, además, de una de las músicas más populares de Estados Unidos, el jazz.

Nueva Orleans fue fundada en 1718 por colonos franceses dirigidos por Jean Baptiste Lemoyne, señor de Bienville, quien dio al asentamiento el nombre de la Nouvelle-Orleáns en honor al duque de Orleáns. El territorio fue obviamente usurpado a la corona española que ocupaba todo el territorio de la actual Luisiana, porque el trono ibérico por aquella época era ocupado por la familia francesa de los Borbones, circunstancia que propició el asentamiento de los colonos galos.

La tierra era literalmente una pequeña isla rodeada por el Río Misisipi, el inmenso lago Pontchartrain y un montón de pantanos. Los descendientes de los primeros pobladores españoles y franceses son conocidos hasta el día de hoy como criollos (creoles), con su propia cocina y estilo de vida.

Precisamente la cultura “Cajún”, típica de esta ciudad, proviene de esos primeros pobladores franceses, quienes primeramente colonizaron Nueva Escocia y Nueva Brunswick, en Canadá. Al ser expulsados por los británicos en el siglo XVIII, escaparon hacia el sur, hasta llegar a las colonias de Luisiana, particularmente la colonia de la corona en Nueva Orleáns.


La descendencia española y francesa la podemos ver en toda la ciudad vieja, la que llaman el French Quarters (barracas francesas). Ésta es la sección más turística y donde la música se prolonga hasta altas horas de la madrugada, porque no hay cuerpo que aguante hasta el amanecer allí.

También encontramos en esta zona tiendas de antigüedades y recuerdos turísticos. En esta zona hay restaurantes que sirven comidas típicas, deliciosa y no muy caras, y otros más selectos donde las exquisiteces del paladar comienzan por $80 el plato. Hay muchas cantinas animadas por conjuntos musicales. Con el consumo se permite sentarse y disfrutar de la música. En el Café du Monde preparan unos deliciosos beignets (panecillo francés rociado con azúcar en polvo) para acompañar un buen café con leche y disfrutar de una merienda perfecta.

En verano la temperatura puede ser calurosa y es conveniente llevar ropa ligera. No es una ciudad que se le considere fría en invierno, aunque en ocasiones la temperatura baja a 0ºC. En cualquier temporada se deben llevar zapatos cómodos para usar durante el día. Esta ciudad es una de las pocas en los Estados Unidos donde el automóvil no le es necesario, más bien un estorbo. Si se hospeda cerca del French Quarters puede visitar a pie o en transporte público suficientes lugares para entretenerse por una semana, y hay quien dice hasta una vida.

Antes de comenzar el tiempo de Cuaresma, cuando el mundo se envuelve en los ritos del carnaval, surge en la ciudad el Mardi Gras (Martes grasoso): el carnaval más grande, más loco y divertido de toda Norteamérica.

Hay quien dice que el jazz se originó en lo que es hoy el parque Louis Amstrong, antes conocido como “Congo Square" (Plaza Congo). En efecto, el jazz y Nueva Orleáns son sólo uno. Desde los bancos del río a los rincones más ocultos, podemos disfrutar de este género musical. Un lugar imprescindible para escucharlo es el Preservation Hall, donde la luz es bien tenue y se le permite a los visitantes, por un costo de entrada, pasar a un saloncito bien caluroso en verano. Los que llegan primero logran sentarse y el resto tendrá que permanecer de pie, pero cuando comienza tocar un grupo de unos cinco o seis músicos, todas las incomodidades desaparecen. Es porque estamos oyendo el jazz como sólo allí se escucha.

Fuente: http://www.usatourist.com
fotos: Google


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