22 de septiembre de 2010


LA VIRGEN MAMBISA
LLEGA A LA BAHÍA DE NIPE


- Poblado de Guatemala, Mayarí, Oriente (14 de septiembre, de 2010).- El portal de una casa, mirando al mar, fue el lugar escogido para colocar la imagen de la Virgen Mambisa durante las 24 horas que iba a permanecer en el poblado de Guatemala, en el que hasta el año 2001 funcionó el central azucarero Preston. Es la casa en la que se reúne la comunidad parroquial en esta zona y está frente a la Bahía de Nipe, a sólo veinte metros del mar.

Jugando con la fantasía, ¡cuántos recuerdos habrá traído a la mente de cualquiera de los allí reunidos la presencia de la bendita imagen, al tener tan cerca las mismas aguas en las que flotara hace 400 años!

Al llegar a la casa la imagen fue acogida por Juana Muguercia, su residente. Una anciana de 89 años que representaba a la generación adulta mayor. Con la ayuda de un cronista y de manera personal, desempolvó historia acumulada al tejer los años del ayer para hacerlo ofrenda hoy.

Dijo que no olvida el día que recibió la Comunión de manos del Papa Juan Pablo II en su visita a Santiago de Cuba en 1998. «¡Ha sido lo más grande de mi vida. No lo esperaba porque me siento muy poca cosa!» Compartió también que, en su vida, la tristeza más grande había sido en 1999 «cuando, a las dos de la mañana, me avisaron que la iglesia (el templo) se estaba quemando y mi familia no me dejó ir hasta que amaneció … ¡Es que la Iglesia es mi vida!» exclamó.

Y recordaba que «cuando pasó el ciclón Ike aquello no tuvo nombre». El P. Juanito quería se fuese a
Mayarí, «pero, ¿quién se quedaba cuidando la casa?» decía. Siguió contando que cuando oscureció y ya arreciaba el viento, su sobrino le llevó para su casa, pero «me llevé conmigo al Santísimo, porque es lo más importante de este pueblo, aunque muchos no lo sepan o no lo crean».

De esta visita de la Virgen dijo: «Yo espero –y así se lo pido a Dios- que, como dice el obispo, sea de bendición, porque la verdad es que este pueblo mucho lo necesita: el muelle se cerró, el central fue desmantelado, (la fábrica de) torula no funciona, …»

Y para ella misma le pide a la Virgen «que me dé ánimo para seguir. Cada día rezo el Rosario y leo el Evangelio que toca en el librito que nos
dieron, y siempre repito: ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!».


La Visita de la Imagen de la Virgen Mambisa

A su llegada hacia las 10 de la mañana los fieles salieron a ofrecerle la acogida frente al Taller de Ferrocarriles y, colocada la imagen sobre el Panel, la acompañaron hasta el Parque Central y de allí al área donde estuvo el antiguo templo que fue destruido por el fuego hace 11 años.

La imagen había llegado al poblado de Guatemala desde Mayarí, en donde la despidieron a las 9 de mañana. Aún sin salir de la ciudad, en el mismo cruce con el camino de Guatemala, se detuvo ante un nutrido grupo de devotos del Barrio Naranjal que pedían venerar la imagen «mientras iba de camino».

A partir de ahí, quedaría un recorrido de 9 kilómetros. Un poco más adelante haría parada en Playa Manteca donde, cerca del asentamiento, está ubicado un centro penitenciario. Los pobladores esperaban en el portal de la bodega y bajo la sombra de varios árboles. Al abrir la puerta trasera del auto y los congregados ver la imagen, el P. Juanito Banog dirigió unas palabras e invitó a la oración. De igual forma sucedió en Camilo, un barrio casi a la entrada de Guatemala.

Ya en Guatemala, la procesión siguió por la calle estrecha que desciende al malecón o calle de Los Muros. A mitad del trayecto la imagen fue bajada en hombros porque las ramas de la angosta callejuela no permitían el paso de la urna. En ese momento sobresalió una voz femenina que dijo: «¡Mejor, Ella quiere seguir a pie!».

Un poco más adelante, al llegar al mar, los ojos de la bendita imagen divisaron, a la vez, la orilla y el horizonte: cerca estaban las barcas atracadas en el muelle bamboleándose al compás del viento y de los cantos y, a su vez, a lo lejos aparecía el otro extremo de la bahía.. Tal vez ella, la imagen, podría haber dicho: «Por aquí mismo entré».

¡Fue linda tarde en la que la comunidad “guatemalteca” estaba acompañada por 51 peregrinos venidos de la Parroquia “La Pastora” de Santa Clara, junto a su párroco el sacerdote capuchino, P. Emilio Biosca Agüero.

Habían peregrinado hasta el Oriente para encontrarse con la Virgen «donde estuviera». Y fue aquí, junto a la Bahía de Nipe. Por eso, varios de los visitantes, apoyándose en el muro del litoral o bajando algunos escalones de una maltrecha escalera, quisieron tocar con sus dedos el agua del mar para santiguarse. ¡Agua bendita por el lugar, por el sacrificio del camino, por el encuentro fraterno entre ambas comunidades, por la mirada de Aquella que, observándolos por las espaldas, también los bendecía!

En la tarde llegaron los niños, las embarazadas, muchos de la tercera edad, familiares de los presos y, también, en la madrugada, lo harían los pescadores para «que Ella les acompañe cuando salgan a la mar».

El P. Biosca celebró la Misa a las 4 de la tarde como despedida de los santaclareños y, después, a las 7 p.m., al caer la tarde, el Obispo Emilio Aranguren presidió la Eucaristía con la jubilosa participación de una asamblea muy numerosa que, con mucha devoción, entonaba los cantos y rezaba las oraciones. Una vez más se actualizó el texto evangélico de la Visitación de María a su prima Isabel. En este caso la generación joven fue representada por una niña de 12 años, Raisa Imilsi Vega González, quien –a los pies de la Virgencita– recitó unos versos:

Bienvenida, madre, hermana,
madre de Nuestro Dios Santo,
aquí todos te esperamos,
¡cúbrenos con tu manto!
Aquí, frente a esta bahía
por donde tú apareciste,
has llegado en este día,
pues por nosotros viniste.
Postrados ante tu imagen
y con todo nuestro amor,
para este pueblo pedimos,
tus hijos, la bendición.
Madre de nuestro Señor
tiéndenos siempre tu mano,
porque todos los cubanos
queremos tu protección.

Al terminar la Misa y antes de despedirse, el Obispo dijo: «Al igual que María de la Caridad, miremos al horizonte. La infinitud no es lejanía, ni la distancia es ausencia, sino que es la certeza de la presencia del Amor Infinito de Dios siempre presente y cercano. En esa confianza en Dios es donde se fundamenta la Fe y el Amor, y de esa experiencia interior brota la Esperanza».

Desde Cuba
Colaboración de Mary Acebo

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