11 de mayo de 2013

TRISTE ADIÓS A LA LIBRERÍA LA UNIVERSAL




Triste adiós a la

Librería Universal de la calle Ocho

Daniel Shoer Roth
El Nuevo Herald


Uno de los últimos bastiones que ha dado voz, forma y sentido a la cultura cubana y literatura hispanoamericana en Miami está a punto de silenciarse.

La icónica librería Universal, y su brazo editorial, Ediciones Universal –que ha publicado cerca de 1,600 títulos de autores cubanos exiliados– cerrará sus puertas a finales de junio, víctima de las nuevas tecnologías que han provocado que descienda la lectura de los libros impresos.

«Ha sido un orgullo muy grande para nosotros haber ayudado a mantener la cultura cubana y latinoamericana a lo largo de casi medio siglo», reflexionó Juan Manuel Salvat, propietario de la Librería, Distribuidora y Ediciones Universal en la Calle Ocho. «Toda la familia está muy triste y afectada. Es realmente terrible buscar una salida para los libros del almacén».

Sin embargo, Salvat rehúsa retirarse del mundo literario. Sus planes contemplan escribir ensayos sobre Cuba, así como un libro que condense sus ricas y heroicas memorias.

Dicha edición comenzaría en 1959, en la Universidad de La Habana, cuando participó en la lucha por evitar la entronización de los comunistas. De allí pasó al clandestinaje y una vez que se exilió en Miami, dos años más tarde, se mantuvo en las filas del movimiento dedicado al rescate de libertad en Cuba. Pero al cerrarse todos los caminos, encontró en el libro un sendero a la tierra del corazón.

«Cuando todo se nos cerró, busqué algo para trabajar a favor de Cuba y en lo libros lo conseguí», relató Salvat el miércoles en su primera entrevista sobre el cierre de la empresa. «Era la única manera de mantener el espíritu y los valores esenciales de la nacionalidad cubana».

Desde entonces, lo que empezó como un pequeño negocio de venta de libros distribuidos por correo, se transformó en una entidad protagonista del mundo de la literatura hispana en Estados Unidos, y particularmente, un baluarte del exilio cubano.

«No se puede escribir la historia cultural de este medio siglo sin colocar en un lugar muy destacado a Juan Manuel Salvat y su editorial», comentó el periodista y pensador Carlos Alberto Montaner. «Entre sus autores hay escritores tan valiosos como Lydia Cabrera y Reinaldo Arenas».

Al igual que innumerables librerías independientes a lo largo de Estados Unidos, e incluso cadenas nacionales, Universal ha sufrido un declive sustancial en la comercialización de los libros. Sus ventas actuales han caído en un 60 por ciento comparadas a las de hace siete años, informó Salvat.

«Primero fue la crisis económica, porque redujo los presupuestos de las bibliotecas», agregó. «También la competencia de la internet y del libro electrónico, que cada vez gana más adeptos, nos ha impactado».

Conocido entre sus amigos simplemente como “el gordo”, Salvat ha tenido que ponderar el cansancio de haber cumplido el mes pasado 73 años de edad, y el hecho que no tiene herederos para tomar las riendas del negocio. Ninguno de sus hijos o nietos ha seguido la profesión de librero, aunque han trabajado, durante sus años universitarios, entre los anaqueles de la librería en 3090 SW 8 Street, rodeados de un universo de creatividad y palabras.

Aunque tradicionalmente se ha percibido al exilio cubano como una fuente de empresarios exitosos que han transformado el rostro del sur de Florida, también ha habido un caudal importante de intelectuales, académicos y escritores de diversos géneros, que no han dejado de crear. Parte de ese vasto mundo aparece recogido en el catálogo de Universal.

Uno de los autores es el dramaturgo, narrador y novelista Matías Montes Huidobro, quien publicó en 1973 Personas: viva y máscara en el teatro cubano, con la editorial de Salvat, entre otros títulos.

«Muchos profesores universitarios como yo podíamos publicar a través de otras vías, pero nuestra aproximación era desde el punto de vista del exilio, lo cual restringía esas posibilidades», recordó Montes Huidobro, de 81 años. «Ediciones Universal permitía un punto de vista independiente no simpatizante con el castrismo».

Agregó que con el cierre, los autores cubanos en el exilio se quedan con menos posibilidades de dar vida a sus obras.

Apenas un puñado de pequeñas editoriales independientes y proyectos personales continúan la labor de publicar, en ediciones limitadas, la obra de los escritores cubanos del exilio. También quedan menos lugares donde exponerla. En años recientes, desaparecieron la legendaria librería La Moderna Poesía –un puntal de la distribución de libros en español, textos de referencia y mapas sobre Cuba–, así como la librería Cervantes en la Calle Ocho, que vio hacerse cenizas sus libros durante un voraz incendio en el 2006.

  
Salvat reconoce que el exilio cubano que solía venerar la literatura de sus ediciones se ha transformado: «Las nuevas generaciones no leen en español, sino solamente una pequeña minoría; y los que llegan ahora de Cuba, vienen con la urgencia de levantarse y no están en el mundo de la lectura».


No obstante, para los lectores que aún disfrutan de la prosa de Guillermo Cabrera Infante o los ensayos de Rafael Rojas, el hecho de que Salvat apague la luz de la librería, taller de composición para las ediciones y salón para presentaciones de libros y conferencias, deja una suerte de orfandad en la cultura local. Después de todo, “el gordo”, apuntó Montaner, “era uno de los editores que leía todos los manuscritos que llegaban a su escritorio”.

Recibido de Tania Moreno.

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