3 de agosto de 2012

Un Matisse en Miami: robar arte es mas fácil que venderlo

Un Matisse en Miami:
Robar arte es más fácil que venderlo

Por Roberto Ramos*

El encausamiento de un cubanoamericano y una mexicana en un tribunal de Miami por la posesión e intento de venta del famoso cuadro Odalisca con pantalón rojo, de Henry Matisse (1869-1954), culmina una larga odisea que se remonta 11 años atrás, cuando el presidente Hugo Chávez decretó la destitución de Sofía Imber al frente de la más importante institución de arte en Venezuela.

Una historia reciente de arrogancia chavista y desmoronamiento institucional que al parecer quieren olvidar hoy los medios  de comunicación que reportan el hallazgo de la obra y la detención de los presuntos culpables.

En 1973 Imber fundó el Museo de Arte Moderno de Caracas (MAMC) y comenzó a crear una colección que hoy está considerada entre las mejores de América Latina, con más de 4,000 obras. Ocho años después, la reconocida periodista y coleccionista de arte compró Odalisca con pantalón rojo (1925, óleo sobre lienzo, 81 x 93.5 cm) por 480,000 dólares, convirtiéndola así en una de las joyas del museo por su calidad reconocida y por pertenecer a un período importante del artista.

Odisea de la Odalisca

Matisse, una de las figuras centrales del arte moderno, fue el padre del fauvismo (bestias salvajes), un movimiento artístico que se caracterizó por el uso estridente del color, la distorsión de las formas y el sentido expresionista en la captación de las emociones. Sus figuras humanas responden a la expresividad de las formas, destacando la importancia del instinto y la intuición. “El artista no debe tener un completo dominio entre formas y colores, sino que son las propias formas, líneas y colores las que debe dictar al artista la sensibilidad de combinarlas”, consideraba Matisse, que fue un abanderado del radicalismo artístico.

 La pieza de Matisse fue robada del MAMC en el 2000 y apareció en Miami 12 años después. Marianela Balbi, periodista venezolana, trabajó por siete años en la investigación de este robo y en el 2009 publicó el libro Odisea de la Odalisca, donde explica las vicisitudes para vender la obra en diferentes países.

Según la investigación periodística, en el 2000 Efrén Castillo, coronel de la Guardia Nacional de Venezuela, viajó a Miami con la obra de Matisse y se comunicó con Silvia de Acevedo, dealer de arte. De Acevedo intentó venderla en Nueva York, en octubre del 2000, a un francés interesado en el cuadro: Philippe Cazeau. El potencial comprador se comunicó, en febrero del 2001, con Wanda de Guebriant, experta autorizada en Mattise. Wanda pidió ver la obra y comprobar su procedencia.

El 21 de diciembre, De Guebriant recibió la obra para examinarla y se impresionó por la manera en que había sido montada en un bastidor barato, salvajemente estirada con presillas. Para su sorpresa, cuando la examinó -acostumbrada a recibir obras falsas- se dio cuenta de que se trataba del original que pertenecía al museo venezolano. Ella pidió papeles y le presentaron certificados en inglés y falsificados, como si el MAMC hubiese autorizado la venta. Finalmente la certificó como la obra original.

Una pista en Miami

En noviembre del 2002, el galerista venezolano de Miami Gerardo Ambrosino fue contactado para vender la obra. Ambrosino informó indignado al MAMC de la transacción en marcha.

La restauradora Ingrid Lucena determinó entonces que la pieza que estaba en el museo era falsa. Los ladrones rompieron el listón de madera europea de la época en la base del bastidor y le colocaron un listón de madera americana para instalar el falso, dejando en su lugar el marco original. En diciembre del 2002 se intento vender la obra en México y un año después la fiscalía venezolana y la Interpol comenzaron las investigaciones.

En el 2011, el cubanoamericano Antonio Marcuello Guzmán, de 46 años, un chofer de un asilo y residente en Miami, y la mexicana María Elisa Ornelas, de 50, agente de bienes raíces en Acapulco, propusieron la obra en $740,000 dólares a un agente encubierto de FBI. El valor de Odalisca con pantalón rojo se calcula en unos $3 millones.

El  pasado 16 de julio, Ornelas viajó desde México al Aeropuerto Internacional de Miami trayendo en sus manos un tubo rojo que contenía la pintura. Al día siguiente, los dos implicados se reunieron con los agentes encubiertos y mostraron la pieza a los supuestos compradores. Son detenidos el 17 de julio en un hotel de Miami Beach.

Las revoluciones sociales se han caracterizado por destruir la historia y distorsionar la cultura. La revolución francesa de 1789 destruyó obras muy importantes en el Palacio de Versalles y varios museos. La revolución rusa de 1917 derrumbó esculturas públicas, quemó libros y borró parte de la historia de la nación. La revolución china (1927-1949) no fue menos salvaje que las anteriores en la destrucción y en la manipulación del arte como propaganda política, censurando todo lo que no le convenía en su estrategia de imposición ideológica.

Los cuadros malditos

También la revolución cubana quemó libros, desintegró la biblioteca del Congreso nacional y retiró las obras en los museos -que pertenecían, según Fidel Castro, a los enemigos que pretendían emigrar y pertenecían al pasado capitalista. Destruyó obras en el Palacio Presidencial (no hay que olvidar la imagen de Camilo Cienfuegos pisoteando un Romañach) y prohibió hablar en las universidades de los artistas que no pertenecieran al “proceso revolucionario”. Tampoco permitió publicar libros que recogieran a los artistas emigrados, acusándolos de traidores, y como toda revolución, desapareció obras importantes de las colecciones de varios museos.

La odisea del cuadro de Matisse es la confirmación de una historia conocida que se repite ahora con resonancias en Miami.

En enero del 2001, en un programa Aló Presidente, el revolucionario Chávez destituyó a la fundadora y directora del MAMC, alegando que había que renovar a los dirigentes del área cultural del país, que, según él, estaba “secuestrada por una élite”. La decisión chavista no sólo tuvo el rechazo de artistas, galeristas y figuras del mundo del arte, sino que pronto comenzaron a aflorar sus nefastas consecuencias.

El populismo cuesta muy caro al arte, a las instituciones y los pueblos. Pronto empezaron a desaparecer obras del museo, como en las escenas cinematográficas. El empeño de Imber quedaba a merced de la desfachatez y su nombre fue retirado del sello de la prestigiosa institución.

Pues resulta que ahora la Fiscalía General de Venezuela dice estar interesada en recuperar la obra. La fiscal Luisa Ortega Díaz, a cargo de la investigación, está activando los “procedimientos necesarios por vía diplomatica” para proceder a hacer la solicitud formal a Estados Unidos para que la obra sea devuelta a Venezuela.

Ese es ciclo perfecto de los ladrones en el chavismo. Es más fácil robar que vender las obras de arte.

*Galerista y propietario del centro cultural Cuba Ocho en Miami
Fuente: cafeFuerte.com

1 comentario:

  1. Voy muy seguido allí y en los hoteles en miami donde me hospedo siempre hay cuadros colgados, uno no sabe si son verdaderos o falsos pero leyendo este artículo deben ser verdaderos porque los falsos no se venden mucho. Me alegro escuchar esta noticia porque hay que fomentar el arte pero sanamente. Saludos

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