6 de noviembre de 2011

EL DOMINGO DE LA ESPERA


El domingo de la espera
Porque tengo sueño, Señor,
despiértame
con la luz de tu verdad.
Porque siento que,
el mundo que me rodea,
me contagia
con la pesadez del desencanto,
con el desazón del pesimismo.
Porque frecuentemente, mi Señor,
caigo abatido
en el traicionero sueño
de la desesperanza

Porque tengo sueño, Señor,
levántame y,
que en la lámpara de mi alma,
nunca falte la alegría
de salir a tu encuentro,
la satisfacción de ser de los tuyos,
la seguridad de que, esperándote,
estoy en lo cierto.

Porque tengo sueño, Señor,
no dejes
que me abata el desencanto
ni la desilusión.
No dejes que, la noche
que se cierne sobre el mundo,
apague las llamas
de tantos hijos tuyos
que soñaron,
y nunca se cansaron,
de verte frente a frente;
de tus hijos vivos
y de tus hijos muertos
de los que por Ti
sufrieron y lloraron
y de los que,
con la lámpara de la fe,
la fueron transmitiendo
de mano en mano.

Porque tengo sueño, Señor,
que no me duerma
 en el letargo de la indiferencia,
que no me pierda
en la oscuridad de la impaciencia,
que no me acueste
en la comodidad del
«ya no merece la pena».

Y si vienes, Señor,
y me encuentras o me sorprendes
con mi lámpara a punto de extinguirse…
perdóname, Señor;
 sabes que hice lo que pude
por amarte, servirte, quererte….
y esperarte.


Javier Leoz,
www.betania.es

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