16 de abril de 2011

.

CUANDO LO POLÍTICO SOCAVÓ LO MILITAR

Por Mario U. Tápanes

El Lunes 17 de Abril de 1961, la Brigada de Asalto 2506 integrada por 1300 cubanos, desembarcó en Cuba por la Península de Zapata al Sur de la Provincia de Matanzas, uno de los escondites del pirata francés Gilberto Girón en la Bahía de Cochinos que debe su nombre a la variedad de peces que abundan en sus aguas llamados “cochinos” y no porque allí habiten cerdos jíbaros que atacan a las personas, como algunos autores han escrito.

Fue un Proyecto creado, planeado, dirigido y financiado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA). Su objetivo inmediato consistía en establecer una cabeza de playa sostenible donde funcionaría un Gobierno Provisional Cubano que sería reconocido por los Estados Unidos y países amigos que le darían ayuda. Y con una pista de aterrizaje para continuar el apoyo aéreo a las ulteriores acciones militares contra el régimen castrista.

Su éxito dependía de que la Fuerza Aérea de la Brigada tuviera el control absoluto del aire destruyendo todos los aviones enemigos con ataques previos a sus bases en tierra. Y ésto no se logró debido a las restricciones impuestas al plan por consideraciones políticas. Aunque el Presidente Kennedy pronto asumió públicamente la responsabilidad por el fracaso, en privado culpó a la CIA y a los Jefes del Estado Mayor Conjunto señalándoles, entre otras faltas, el no hacerle comprender lo vital e indispensable que era el exclusivo poderío aéreo de la Brigada.

La primera vez que el Presidente Kennedy conoció de un plan secreto anticastrista fue después de ser nominado como candidato presidencial demócrata. El Director de la CIA, Allan Dulles, el 23 de Julio de 1960 le informó en general del proyecto que 4 meses atrás había aprobado el Presidente Eisenhower, entonces limitado a la unificación de los grupos de exilados, propaganda, el entrenamiento e infiltración de grupos de guerrillas y su abastecimiento aéreo y marítimo.

La segunda vez, como Presidente Electo, Dulles con Richard M..Bisell, Jr.,- responsable principal en la CIA del proyecto,- el 27 de Noviembre de 1960 le reportaron de nuevo a Kennedy cuando ya había evolucionado hacia una fuerza de asalto aeromarítimo con la posible toma de la Isla de Pinos. Por eso se incorporó a un Jefe Militar con experiencia de la Infantería de Marina, el Coronel Jack Hawkins, quien al estudiar los planes tentativos, sometió a la CIA el 4 de Enero de 1961 un extenso memorando que resultó profético: “En operaciones anfibias el control del aire y el mar en la zona del objetivo es axiomático y absolutamente requerido”...” “que se resista firmemente cualquier intento de reducir los aviones disponibles” ...”que la operación sea abandonada si el plan no contiene el uso del adecuado apoyo aéreo”.

El 28 de Enero de 1961, Kennedy, siendo Presidente, recibió el primer reporte sobre el proyecto cubano en una reunión en la que estaban el Vice-Presidente Johnson, los Secretarios de Estado y Defensa Dean Rusk y Robert McNamara, el Consejero Nacional de Seguridad McGeorge Bundy, el Jefe del Estado Mayor Conjunto (JCS) Gral. Lemnitzer, los Secretarios Asistentes Mann y Nitza. Y por la CIA, su Director Dulles y Tracy Barnes. Después de una larga discusión, el Presidente Kennedy autorizó a la CIA para continuar sus actividades, y que sometiera un plan de acción al Estado Mayor Conjunto (JCS) para su análisis, el cual fue favorable con ciertas recomendaciones.

Desde ese momento hasta el mismo desastre final, comenzó la oposición a minar el proyecto. La encabezó Dean Rusk alegando graves repercusiones, entre otras, que la América Latina acusaría al “imperialismo yanki” de agredir a una pequeña nación, más las reacciones adversas de la Unión Soviética y China en Berlín, Laos, Vietnan y otros asuntos; que sufriría grandemente la reputación y el prestigio con que se había inaugurado la nueva Administración; se violaban tratados de la Organización de Estados Americanos, y el Código Federal. etc... De aquí que si se ejecutaba la acción militar, tenía que realizarse de forma que la participación de los Estados Unidos no se descubriera, y si lo fuera, la acusación pudiera ser desmentida creíblemente.

Esta insistencia en la “doctrina de la clandestinidad” llevó al Presidente a rechazar el llamado “Plan de Trinidad” que presentó Bissell el 11 de Marzo. Abarcaba la toma de la ciudad donde la población mayoritaria era favorable y como base del Gobierno Provisional; bombardeos masivos para destruir la fuerza aérea castrista; así como depósitos de municiones, puentes y otros objetivos estratégicos. Y era una zona cerca del posible refugio del Escambray. El Presidente consideró el plan muy espectacular, como una invasión de la 2da. Guerra Mundial, prefería un desembarco discreto, con poco “ruido”, que luciera una operación de guerrillas y un alzamiento popular cubano, sin complicidad de los Estados Unidos, cosa ya del dominio público.

El alto mando de la CIA y el JCS buscaron alternativas según los deseos del Presidente y pronto se llegó al Plan Zapata, en la Bahía de Cochinos, modificando el preferido de Trinidad. El desembarco sería en la noche; los bombardeos se limitarían a destruir los aviones enemigos en sus bases. Con 16 aviones y unas 48 acciones aéreas, se atacarían durante 3 días las bases de Columbia, San Antonio y Santiago de Cuba empezando 2 días antes del arribo de la Brigada cuando un ficticio desertor de la fuerza aérea castrista aterrizaría en la Florida aparentando que se trataba de una sublevación interna y de guerrillas. Tomada la cabeza de playa con la pista de aterrizaje de Girón, de allí saldrían los sucesivos ataques aéreos y se establecería el Gobierno Provisional.

En la reunión del 4 de Abril, el proyecto se aprobó por 12 de los asistentes, excepto Rusk. El Presidente insistió en su “cubanización”; autorizó la continuación y evaluación sin dar su aprobación final reservándose el derecho de cancelarlo con 24 horas antes de su inicio. Los dos responsables de la CIA por la implementación, el Coronel Hawkins, Jefe Militar, y en lo Civil Jake Esterline, al estudiar el nuevo plan, concluyeron que su éxito era casi imposible, y si no se suspendía renunciarían. El 8 de Abril, por 3 horas discutieron los pro y contras con Bissell quien les dijo que era muy tarde, que no podían ser sustituidos, que seguiría con o sin ellos, cuestionó su lealtad y les pidió que no lo abandonaran. Después que Bissell les aseguró que no habrían más restricciones, desistieron de sus renuncias como buenos soldados.

En la reunión del 12 de Abril con el Presidente, el Secretario de Estado Rusk, el Consejo Nacional de Seguridad, y el JCS, Bissell analizó con más detalles las operaciones señaladas para el Lunes 17 de Abril con inicio del ataque a las bases aéreas al amanecer del Sábado 15. Se discutió otra vez el “ruido” que harían. El Presidente tampoco dio su aprobación final, pero si cancelaba, sería antes de las 3 p.m. del Viernes 14. En una conferencia de prensa ese mismo día 12, Kennedy anunció que bajo ninguna circunstancia las fuerzas de los Estados Unidos intervendrían en Cuba.

El Coronel Hawkins viajó a Centroamérica a inspeccionar la Brigada y reportó el día 13 que estaba bien entrenada y equipada y sobre todo con un alto espíritu de combate y moral excepcional como lo demostrarían después los valientes brigadistas hasta que se les acabaron las balas. Al siguiente día 14, el Presidente llamó a Bissell y dio su aprobación final diciéndole que no usara los 16 aviones en los ataques, que los redujera al mínimo. Acordaron que irían la mitad.

Sólo 3 escuadras de 2 aviones cada una, bombardearon al amanecer del Sábado 15 las bases enemigas, mientras el presunto “desertor” llegaba a Miami. El Embajador Cubano en la ONU denunció la agresión imperialista americana mientras el de los Estados Unidos Adlay Stevenson defendía la falsa versión del desertor. Al comprobarse la verdad, Stevenson llamó sumamente irritado a Rusk culpándolo del engaño que lo había humillado y ridiculizado.

En la base de la Brigada en Centroamérica, los pilotos se preparaban para una segunda oleada de ataque antes de la puesta del sol del mismo Sábado, pero llegaron órdenes “muy superiores” cancelándola y también las del siguiente día. Tarde el Domingo 16, el Secretario de Estado Rusk llamó por teléfono al Presidente y en extensa conversación hizo que Kennedy cancelara también los ataques aéreos de la mañana del 17, a pesar de saberse que la mitad de los aviones castristas estaban intactos. La protesta airada de Stevenson causó esta sentencia de muerte para la Brigada. Rusk encargó a Bundy la comunicara a Bissell y al Gral. Cabell quien actuaba de Director de la CIA porque Dulles estaba en Puerto Rico. Eran las 9 de la noche del 16 de Abril.

Cabell y Bissell acudieron a Rusk para que se revocara la cancelación advirtiéndole de sus fatales consecuencias. Rusk no cedió y en su presencia llamó de nuevo al Presidente expresándole los argumentos de Cabell y Bissell, pero repitiendo su recomendación de mantener la cancelación. Kennedy reafirmó su decisión y Rusk les extendió el teléfono a los dos para que directamente hablaran con el Presidente, lo que declinaron por no molestarlo inútilmente. Bissell, como él mismo reconoció, fue cobarde, pues no tuvo el valor de darles la noticia al Coronel Hawkins y Jake Sterline. Y la encargó a Cabell. Al oírla, Hawkins exclamó “es negligencia criminal”.

El resto es historia bien conocida. El Lunes 17 la aviación castrista bombardeó los barcos de abastecimiento y ametralló la Brigada. El Almirante Burke desde su portaviones, pidió permiso al Presidente para lanzar dos jets y destrozar al enemigo negándolo Kennedy porque los Estados Unidos “no podían estar envueltos”, a lo que replicó el Almirante “¡Maldición!, Señor Presidente es que ya estamos envueltos”. Y el Miércoles 19, el “disposal problem” de Dulles quedó resuelto.

Se ha culpado del desastre a la falta de acciones y ayuda de la resistencia por no habérsele avisado del desembarco. Este argumento falla, porque en operaciones militares, es esencial que los atacantes tengan bajo su dominio todo lo necesario para lograr el objetivo y en ninguna forma pueden subordinase a hechos que están completamente fuera de su control. Además en el caso concreto cubano, los jefes más importantes de la clandestinidad estaban presos desde hacía un mes, incluyendo a Rogelio González Corzo, (Francisco) el Coordinador General. En conclusión, que en este caso, al igual que en otros de esta gran Nación, lo político socavó lo militar.

Reproducido de Libreonline.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario