3 de diciembre de 2009


La desgracia de ser médico en Cuba

Por: Sinue Escolarte.*

A ninguno de los famosos médicos de antes se les hubiese podido decir que serlo, era una desgracia. El orgullo más grande dentro de las diferentes profesiones lo carga esa, que entrega su tiempo, su sueño, su sacrificio, en nombre de los demás, salvando y protegiendo sus vidas. El reconocimiento social y el respeto fueron y sigue siendo en muchos países el mayor pago.

En Cuba no. La propaganda política que nos ensalza constantemente como misioneros desinteresados no tiene nada que ver con el trato que se recibe de la población y trabajadores del sector, ni con el lugar en que nos tienen. Un medico sin ropa, sin casa, sin auto, sin recursos, con salario de esclavo, no refleja adecuadamente lo que hace y así es visto por esa mayoría mediocre que crece por días en nuestro país, como consecuencia del cierre de las comunicaciones, de la política de la obediencia, del miedo arraigado, de la pobreza creciente y de la lucha por la subsistencia.

Una sociedad corrupta e indolente, no puede saber respetar. Tampoco lo respetarán si deja hijos o nietos pequeños para irse a vivir en la casa de un pobre en condiciones de agregado, compartiendo diferentes culturas como ocurre con los que van a Venezuela o Bolivia. Todo por extrema necesidad después de medio siglo de fracasos y no por patriotismo y solidaridad como se divulga para elevar la imagen del Hombre Mas Bueno Del Mundo, creador del “hombre nuevo y el capital humano” que nos representa en esas tierras.

Pero la desgracia del medico va mas allá de trabajar mas que nadie, hacer guardias gratis y cobrar sueldos ínfimos, o no tener vivienda. El, está sobre-enjuiciado por el estado y sobre-chantajeado. No puede cambiar de trabajo legalmente, el estado no se lo permite. No puede viajar como cualquier otro profesional, ni estando retirado si no lo autorizan. No puede tener una licencia adicional para cualquier forma particular de buscarse honradamente la vida. Si abandona la misión, sus familiares de primer grado son sancionados con no poder viajar hasta un tiempo indefinido. Son considerados desertores y quedarán desterrados definitivamente de su país.

Peor aun es la posición en que quedan sus hijos. ¿Que grado de desesperación alcanzan quienes obcecados por la idea de libertad “desertan” dejando atrás a sus a veces pequeños hijos? Su esperanza es que algún día se reunirán, pero el delito cometido incluye el chantaje de no dejarlos salir, de retenerlos por venganza, para que no den el mal ejemplo de querer ser libres.

Conozco un caso reciente de un niño de 7 años, Brayan, que sus dos padres decidieron alejarse de una misión para carenar en los EE.UU como tantísimos otros. Estuvieron primero 5 años separados de su hijo para garantizarle el futuro, pero se dieron cuenta que era ínfimo lo que les duraría, con respecto a la vida que se vive, que volverían a lo mismo, y apostaron por la libertad.

Ellos recibían un salario en moneda nacional que eran otros que se quedaron haciendo su labor los que lo merecían, y acumulaban una cantidad en cuc y moneda nacional que para todo ese tiempo era considerable al ser dos. El Estado, que no le permite al niño unirse a sus padres, que le niega la salida, debía pagarle el dinero que ellos trabajaron tanto aquí como allá, para que ese pequeño tuviera adecuada subsistencia, administrado por algún familiar. En el caso que les expongo su abuela de 78 años que tiene un retiro miserable. ¿Qué ocurrirá cuando por ley de la vida fallezca? ¿Quien concretará la educación y supervisará la vida de ese niño en un país donde los problemas están en todas partes y por eso, "se acabó el querer"?
¿Por que se defiende tanto a los hijos de los "5" y se le da todo tipo de facilidades y se les paga los gastos de viajes garantizándoles una vida feliz y a este, que es una inocente victima de la falta de libertad y derechos, no se le devuelve lo que legalmente le pertenece y la posibilidad de juntarse con sus padres? ¿Cuanto pierde el estado con esta lógica acción?

Son incontables estos casos, donde no se ve la justicia social que se pregona por el régimen. Los atrapados por el discurso populista, por lo humano de los sistemas socialistas que den una respuesta. Las organizaciones internacionales que tienen que ver con la infancia deben hacer algo. La escuela latinoamericana de medicina seguirá graduando médicos que después harán lo que quieran con sus títulos y sus vidas, y la escuela cubana, egresará a los que un tiempo después, comprenderán que en Cuba, ser medico, es una desgracia.

*Medico y Periodista independiente cubano. Sus artículos de opinión son enviados desde la Isla donde se desempeña en sus labores. Firma con un seudónimo.
Fuente: Conexión cubana. La foto también es de esta publicación digital. Recogido de
medicinacubana.blogspot.com

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