4 de diciembre de 2009


NAVIDAD A LA CUBANA
(tiempo ha)


De mi tierra bella, de mi tierra santa... Así canta mi paisana Gloria Estefan en un desgarrador grito de añoranza. En estos últimos días del año se agolpan fechas y celebraciones familiares que me hacen recordar y extrañar mi tierra. Llamadas telefónicas y mails desde la isla me recuerdan de una u otra manera que todavía existe un cordón umbilical que me ata a ella, un cordón invisible, disimulado, escondido pero presente, un cordón que alimenta mi espíritu pero que a veces me estrangula y hace que me falte el aire.

En mi infancia celebrábamos Noche Buena, se reunía la familia y los amigos de mis padres en la casa. Desde la noche antes se preparaba el puerco para asarlo, se adobaba con naranja agria, comino, ajo y sal. Al día siguiente se ponía un madero, llamado en Cuba púa, en el cerdo, se cosía la panza del mismo y se clavaban las patas y manos para evitar que cayera y se montaba en dos horquetas, encima de un hoyo abierto en el suelo lleno de ramas encendidas.

Como a las dos de la tarde comenzaban a llegar los invitados, se plantaba una mesa de madera en el patio y se armaba el juego de dominó cubano con doble nueve (mula de nueve en México), la pareja que perdía le tocaba darle vueltas al cerdo para que se fuera asando parejo, mientras las mujeres en la cocina preparaban la gandinga y chicharrones para “abrir boca” y ofrecían tragos de ron y cervezas frías. La cena donde el plato principal era el cerdo, se acompañaba con congrí, tostones, yuca con mojo y ensalada de lechuga.

En la casa la familia no era muy aficionada al baile pero no faltaban los trovadores improvisados que le echaban más sentimiento a las canciones mientras más alto fuera el nivel de alcohol, las mujeres de mi familia eran medio persignadas por lo que comúnmente interrumpían la pachanga y nos arrastraban a la misa de gallo, terminada la misa continuaba la fiesta hasta que el cuerpo aguantara.

El 25 de diciembre generalmente se reunía en casa la misma gente de la noche anterior más algunos visitantes, se recalentaba la comida y se hacía lo que se llamaba montería (Se recalentaba la carne del cerdo y freía el pellejito) y la pachanga continuaba hasta bien entrada la noche.


La fiesta de fin de año era muy similar a la anterior, lo único que se sustituía la misa de gallo por las tradicionales 12 uvas y otra serie de ritos y juegos, como echar una cubeta de agua para la calle para que se fueran las malas vibras, disparar al aire (todavía algunas personas podía portar armas), barrer hacia la calle para ahuyentar las cosas malas. Era una locura, a las doce de la noche estábamos tragando uvas, brindando barriendo y tirando agua a la vez. En alguna que otra familia las cubetadas de agua se dispersaban sobre los invitados y aquello terminaba en una gran guerra acuática.

La navidad de 1968 fue particular en nuestra familia, ya una de mis tías se había ido de Cuba, mi otra tía estaba esperando que le dieran el permiso para salir del país, su hija que es mucho mayor que yo, sintiendo su inminente salida y creyéndose ya con una pata en el avión, se vistió muy elegante y hasta fue a la peluquería para que le hicieran un elevado peinado a la usanza de entonces.

El peinado en sí parecía un nido de pájaros, a mi hermano a y a mi se nos hizo gracioso poner unas avellanas sin que mi prima se diera cuenta para simular los huevos ¡Así era un nido perfecto! El caso es que mi prima fue a la misa de gallo y allá le hicieron notar lo de las avellanas, la vergüenza de ella se convirtió en castigo para mi hermano y para mi.


En 1969 se anunció que no se festejaría la Navidad, según explicó para que la gente no se distrajera en el momento que el país llevaba a cabo las labores relativas a la Zafra ¡El azúcar era lo más importante en ese momento! Lo que el Comandante anunciaba otros se encargaban de extremarlo y a partir de ese momento fueron mal vistas las celebraciones Navideñas y aquellas memorables pachangas se convirtieron en una cena especial, luego en una cena (Sin lo especial) y luego en a ver si encontrabas qué cenar.

En 1997, así sin que nadie lo esperara y sin dar explicaciones, se reestableció en Cuba el día 25 como día feriado, con ello se autorizaba veladamente la celebración de la Navidad. Coincidió que ese año me dieron permiso para reingresar al país después de siete años de espera. Lorna, los niños y yo fuimos a la isla a pasar Navidad y Año Nuevo.

Llegamos cargados de juguetes para mis sobrinos y por supuesto para mis hijos, llevamos un árbol artificial, esferas, series de luces y todo tipo de adorno. En la aduana nos detuvieron, un oficial se empeñaba en que abriera delante de toda la familia, la maleta que contenía los regalos. Me negué rotundamente y le dije al oficial:

-Oiga ¿Usted no cree en Santa Claus?
Me miró, como yo hubiera mirado a un extraterrestre.

-Ahí vienen los regalos de Navidad.-Le susurré.-Deje que mi esposa y los niños salgan y yo abro la maleta.

Accedió, abrí la maleta y miró los juguetes con desprecio, seguro pensó que traía veneno capitalista para futuras mentes proletarias, pero me dejó pasar.

La Navidad de 1997 se festejó en casa de mis padres con mucha alegría. Estábamos juntos por primera vez en siete años. Mis hermanos conocieron a mis hijos y yo conocí a mis sobrinas. Los niños recibían sus juguetes con especial euforia, ellos no sabían quien era Santa Claus pero estaban encantados con los regalos.

Escrito por Fabrizio,
www.sabroson.blogspot.com
Foto: www.nuevoaccion.com
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1 comentario:

  1. que lindo de tu parte atesorar tan bellos recuerdos eso se debe aquilatar como algo de mucho valor y lo importante es que te sientas orgulloso de tu terruño, saludos desde culiacan, sinaloa mexico.

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