24 de noviembre de 2009


La barriada del Cristo

Bertha Porro de Lastre

Con mucho orgullo titulo este artículo de la manera que lo he hecho, ya que allí nací y en ningún momento me he sentido desprendida ni ajena a mi barrio. Trato de dar a los que quieran leerme información sobre sus orígenes y su desarrollo, me da mucho gusto hacerlo.

Comienzo por uno de los extremos de la calle del Cristo, el que está al lado del cementerio; para mí es el final de la calle, para otros quizás es el principio… En el año de 1795, no existía la iglesia y en su lugar había una ermita llamada del Santo Cristo del Buen Viaje, los alrededores estaban despoblados y había un pequeño cementerio anexo a la ermita. Pues bien, el 12 de septiembre de ese año, el presbítero Juan Nepomuceno Arango que era párroco de la Iglesia Parroquial Mayor (hoy la Catedral) bendijo la pila bautismal y el coadjutor Don Antonio Aguilar Porro bendijo el cementerio. Años después, cuando se prohibieron los enterramientos en las iglesias, este pequeño cementerio se convirtió en el cementerio general de Puerto Príncipe. A partir de esa fecha, se designó a la ermita como ayuda de la Parroquial Mayor y se fijaron sus límites.

Volvamos a la Plaza. En días de fiesta se llenaba de cantinas y tableros donde se vendían empanadillas de maíz y de harina, rosquitas de catibía, pan de gloria, dulce de yemas dobles, ponche de leche y también muchas frutas. En el centro de la plaza existía una glorieta, muy parecida a la que hoy vemos en el Casino Campestre, aunque de dimensiones más pequeña. Aún creo recordarla pintada de amarillo y adonde no me permitía mi madre subir por lo sucia y descuidada que se encontraba. Pasaron muchos años y aquella plaza se convirtió en un mercado público a donde acudían nuestros guajiros a vender los productos de su tierra y sus animales de cría, dejando por consecuencia una gran suciedad. Con ayuda del Ayuntamiento este mercado se prohibió y un comité formado al respecto logró que se demoliera la glorieta y se reparara el parque.

Después de la restauración y a petición de algunos concejales, como homenaje a uno de sus miembros ya fallecido, oficialmente se le dió el nombre del padre Pablo Gonfaus y Palomares quien fue por muchos años párroco de la Iglesia del Cristo. Sacerdote muy popular y muy querido por su feligresía, que nunca pudo olvidarlo. No recuerdo el año con exactitud, pero creo que fue en 1947 cuando se erigió un pequeño monumento a su memoria en el extremo más cercano a la iglesia y que cuenta con un busto en el que está muy bien representado.

En la calle del Cristo y precisamente en la primera cuadra que nace frente a la Catedral, nacieron dos insignes camagüeyanos: Carlos J. Finlay, médico e investigador, quien demostró experimentalmente que la transmisión del microbio de la fiebre amarilla se producía a través de la picadura del mosquito “aedes aegypti”. Y la poetisa Aurelia Castillo de González. Sin olvidar a la gran patriota Rosa Castellanos, más conocida por Rosa la Bayamesa, que aunque no nació en esta calle sí pertenecía a este barrio ya que hasta su muerte vivió en la calle de San Isidro que ahora lleva su nombre.

Podría hablar más de mi barrio, pero se haría demasiado largo y no terminarían de leerlo, sólo quiero recalcar que la calle del Cristo es prácticamente una línea recta que naciendo frente a la puerta de la Iglesia Catedral va hasta la misma puerta de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. Voy a concluir con un comentario de nuestro poeta nacional Nicolás Guillén, a quien también consideramos miembro del barrio: “Llegaba yo a la plaza del Cristo y allí me juntaba con jóvenes de mi época para escuchar la retreta de los domingos y cuando no la había para conversar con amigos viejos, negros todos de generoso corazón y despierta inteligencia.”

Bertha Porro de Lastre,
Olney, MD.
http://berthaporro.blogspot.com
Foto: Google, Plaza del Cristo,
con la antigua glorieta, desde el Campanario
de la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje.
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2 comentarios:

  1. Excelente artículo. Es un placer caminar por las calles de Camagüey.

    http://regardcubain.unblog.fr

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  2. Anónimo1/16/2010

    Victor Romero Soñora me hizo recordar los distintos rincones ,las guaguas y tambien los refrescos. Siempre fue entretenido caminar por sus calles,.Lo felicito por su trabajo.Saludos de Carmen R. Felipe

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