23 de septiembre de 2011

CAYETANA DE SILVA, LA OTRA DUQUESA DE ALBA



Cayetana de Silva, 

la otra Duquesa de Alba

 María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII Duquesa de Alba, fue una de las mujeres más atrayentes del Madrid de la Ilustración, y la segunda mujer de la Casa de Alba en ostentar el ducado por derecho propio. 
Su belleza ha sido cantada por poetas y músicos, de ella decían que era tan bella que cuando paseaba por la calle todo el mundo la miraba desde las ventanas y hasta los niños dejaban sus juegos para contemplarla. La duquesa tenía un fuerte temperamento y era conocida en los suburbios de Madrid por disfrazarse de maja y participar en las fiestas populares. Protectora de actrices, poetas, pintores y toreros, llegaba a disputarse los favores de los bellos jóvenes con otras cortesanas, incluso con la propia reina. A su muerte circularon rumores que había sido envenenada por María Luisa de Parma.
Nació el 10 de junio de 1762 en Madrid, cuando sus padres ya creían que su matrimonio era estéril y desde pequeña fue frágil, delicada y enfermiza, aunque en su juventud y en su vida adulta compensaría esta condición con un entusiasmo por la vida poco común y un gran encanto personal. Nació en el seno de una familia de rancio abolengo español, entre una de las pocas familias de Grandes de España y de las pocas elegidas por los reyes españoles para su círculo personal. 

Adinerados y con un gran patrimonio, los Alba lo tenían todo, sobre todo una gran posición social en la corte de los Borbones. Su madre se ocupó de su educación intelectual que con el tiempo harían que la duquesa de Alba fuera dueña de una exquisita preparación cultural. Cuando murió su padre don Francisco de Paula de Silva y Álvarez de Toledo, su madre María del Pilar Ana de Silva Bazán y Sarmiento se volvió a casar con Joaquín Pignatelli de Aragón y Moncayo, conde de Fuentes. 

Su abuelo la casó a los doce años de edad con su primo José María Álvarez de Toledo y Gonzaga, XV duque de Medina-Sidonia, que era un joven distinguido, cultivado, melómano y muy bien vinculado con la realeza por su amistad con don Gabriel, el más querido de los hijos del rey Carlos III de España. El matrimonio se convirtió en el más poderoso, acaudalado y titulado del reino, en constante competencia con los duques de Osuna. 
Si algo está comprobado fue que ese matrimonio no fue dichoso. Cayetana era impetuosa, enérgica, vital e impulsiva mientras su esposo era un melancólico al que sólo parecía interesarle la música. La duquesa no pudo tener hijos legítimos con el duque de Alba por lo que ambos adoptaron una niña de ascendencia africana, María de la Luz. Pero a Cayetana la vida de esposa fiel y casera no era para ella, necesitaba disfrutar de la vida y de su posición.
 De muy joven, Cayetana rivalizó en la Corte con María Luisa de Parma, cuando aún era la esposa del príncipe heredero, el futuro Carlos IV. La enemistad entre ellas se atribuye a su lucha por acaparar la atención de Manuel Godoy, que ascendió como político con la protección de la reina pero que también tuvo presuntas relaciones con la duquesa, que era ya viuda. Y se dice que compartió amante con la reina en la persona de Juan Pignatelli, joven libertino próximo al círculo palaciego que se entretenía haciendo juegos peligrosos en una Corte cada vez más podrida, a la que acudían ricos aristócratas desocupados buscando placeres mundanos entre intrigas. 
El odio entre Cayetana y la que luego sería Reina de España fue a más. Retándose ambas en caprichos, travesuras y perversidades cortesanas. Se cuenta que la duquesa y la reina competían por sorprender en atuendo y lujos para lo que importaban vestidos exclusivos de París. En una ocasión, la duquesa plagió un diseño pensado para la reina y vistió con la misma ropa a sus criadas con el único propósito de ridiculizarla. Extravagante y provocadora pero también divertida y cercana al populacho, la duquesa de Alba se ganó la admiración del propio rey.
La Duquesa y Goya

En 1795 surge por primera vez en la trayectoria goyesca el nombre de la duquesa de Alba, que tanta importancia habría de tener para la carrera del pintor. Se ha fantaseado en demasía sobre las relaciones del pintor y la duquesa, no siempre sobre hechos constatables sino por el mero deseo de novelar la vida de ambos personajes. Goya pudo estar enamorado de ella durante un tiempo (ciertos indicios permiten afirmarlo), pero de ello es, por lo menos aventurado, dar el paso de asegurar que hubo una relación amorosa entre ambos.

A la vista de los datos objetivos que es posible manejar, nada indica que la joven noble correspondiera al ya maduro pintor. Se conservan de su mano dos magistrales retratos de la duquesa de Alba, el que la presenta vestida de blanco con cinturón rojo (1795) y el que la muestra de negro (1797) con dos anillos en la mano: en uno de ellos se lee claramente el nombre de Alba y el de Goya en el otro. En este retrato aparecen además, como trazadas en la arena del suelo, "solo Goya", aunque la palabra "solo" fue recubierta de pintura por el propio artista. 


Por otra parte, en uno de los grabados de los Caprichos,  titulado "Sueño de la mentira y la inconstancia", se ve a la duquesa con doble rostro y alas de mariposa. El origen de tales aguafuertes se halla en el álbum de dibujos que realizó Goya en Sanlúcar de Barrameda (1796), donde estuvo visitando a la duquesa de Alba. Pintó también algunos cuadros de gabinete con escenas de su vida cotidiana como La Duquesa de Alba y la Beata, donde ésta aparece de espalda en flagrante travesura sorprendiendo a una anciana ama de compañía de nombre Rafaela Luisa Velázquez y a quien familiarmente llamaban la Beata por responder con rezos exagerados a todo lo que le escandalizaba.  

Cayetana murió el 23 de julio de 1802 a los cuarenta años. Dicen que de unas fiebres, aunque se llegó a especular que fuera envenenada por encargo de la reina María Luisa de Parma, quien habría urdido su muerte junto a su amante Manuel Godoy. De hecho, el rey Carlos IV encargó al propio Godoy una investigación que, como cabía esperar, terminó archivada. 
 
En el año 1945 se exhumaron y estudiaron los restos de la duquesa de Alba para confirmar o descartar la leyenda del envenenamiento por orden de María Luisa de Parma. Se practicó una auténtica autopsia con valor legal. La muerte se debió a una meningoencefalitis de origen tuberculoso, lo que descartaba el presunto crimen. 

Descubrieron también que habían seccionado ambos pies a la altura de los tobillos faltando el pie izquierdo. Se cree que al ser colocada en el ataúd, su altura impedía la correcta postura y tuvieron que serrarle los pies para que cupiese en el féretro. Más importantes son las anomalías óseas. La columna vertebral presenta convexidades. Provocan la inclinación de la pelvis en el lado derecho. El resultado de estas anomalías significa que la duquesa no pudo adoptar la posición de las famosas pinturas de Goya de las majas. Esto, unido a la cara distinta a la de Cayetana, indica que la modelo pudo ser la protegida de Godoy. 

Muerta la duquesa, Godoy llevó a cabo la expropiación de varias de sus propiedades, cuadros y joyas. Un gran número de sus famosos cuadros pasaron a sus manos, como la Venus del espejo de Velázquez y La educación de Cupido de Correggio, y el Palacio de Buenavista dejó de ser residencia de los Alba. Varias de estas obras, incluyendo las dos “majas”,  fueron incautadas a Godoy en 1808, y en 1901 pasaron al Museo del Prado.

El testamento de Cayetana, desaparecido, instituía como herederos universales a sus criados y a su niña adoptada, María de la Luz. Sin embargo, finalmente, toda su fortuna y títulos recayeron en la Casa de Berwick.

Fuentes:
http://mujeresdeleyenda.blogspot.com
http:www.ordenbonaria.com
Ilustraciones:
La duquesa de Alba, Goya. Colección Duque de Alba, Palacio de Liria, Madrid.  
La Duquesa de Alba y la beata, Goya. Museo del Prado
La Duquesa de Alba vestida de negro, Goya. Museo del Prado

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