19 de agosto de 2012

EL PIRATA EN LA JAULA DE ORO



El pirata en la “jaula de oro”
Celia Maza 
La Razón, Madrid

Quién le iba a decir a Julian Assange que, a su edad, iba a acabar bailando salsa a escasos metros del anillo con el que supuestamente Dodi le pidió matrimonio a Diana. El fundador de Wikileaks ya ha demostrado en otras ocasiones sus dotes como bailarín a través de distintos vídeos que gente anónima ha subido a internet. 

Nadie mejor que él conoce el poder de las redes sociales. Por eso, no es de extrañar que los amigos que se acercan estos días a verle a la embajada de Ecuador le pongan un poco de música para animarle en su particular cautiverio. El «pirata» informático lleva dos meses encerrado en el edificio. Allí se fue a buscar cobijo cuando el pasado mes de junio agotó todas las vías legales para luchar contra su extradición a Suecia. 

No se puede decir que su nueva cárcel de oro se encuentre mal situada. El edificio del exclusivo barrio de Chelsea, una preciosa casa victoriana convertida ahora en pisos de lujos, está justo detrás de los almacenes Harrods.

El edificio, que tiene seis plantas y un sótano, aparte de la embajada ecuatoriana y la colombiana, alberga elegantes pisos de tres o cuatro habitaciones que rondan entre los 5,6 y los 8 millones de libras. Sólo la plaza de garaje cuesta 7.000 libras al año por vehículo. En su interior viven adinerados inquilinos.  «La mayoría de esta gente accede siempre por el garaje que da acceso directo al ascensor, pero esto no está conectado con las embajadas porque hay un muro, así que si este tipo quiere salir tendrá que hacerlo por la puerta principal y lo tiene complicado», dice un chófer sobre la posibilidad de una futura huida de Assange.

La gente que reside en el piso del sótano es otro mundo. Se trata de familias enteras de nueve personas que viven hacinadas en un apartamento de dos habitaciones. Y aunque Assange es un invitado de categoría para el presidente Correa, su modo de vida durante los últimos dos meses se acerca más al estilo de los vecinos del sótano que los vecinos del sexto piso. 

Una de las personas que le ha ido a visitar recientemente cuenta a LA RAZON que, a pesar de que la embajada tenía la misma distribución que los pisos de lujo, ahora se ha transformado en varias salas para poder acoger a los trabajadores. Porque la casa del embajador está en otra parte de Londres. Y es en uno de estos habitáculos reconvertidos donde se encuentra el fundador de Wikileaks. 

Su habitación es interior. No tiene ventanas, pero me cuentan que «vive muy bien» porque el personal le ha instalado una cinta para correr y una lámpara de rayos, por aquello de que tenga un «aspecto saludable» cuando este domingo salga a las dos de la tarde a anunciar al mundo entero cuáles son sus próximos planes.

Lo más probable es que lo haga al más puro estilo «No llores por mí, Argentina», como Evita, asomado bien al balcón o bien a una de las dos ventanas que corresponden a la Embajada. El australiano es muy consciente de que si pone un solo pie en la calle sus esperanzas de viajar a Ecuador se acaban porque los agentes de Scotland Yard tienen orden de detenerle. Las autoridades británicas no reconocen el asilo diplomático que se le concedió el pasado jueves.

«Cuando yo hablé con él estaba tranquilo. Intentamos hablar de cosas personales. Yo le conté cosas de mi familia para cambiarle un poco de tema porque se pasa todo el día pegado a su ordenador con internet y de vez en cuando necesita desconectar», asegura esta fuente, que no quiere revelar su identidad. Los que no tienen problemas de ser vistos entrando y saliendo son el nutrido grupo de amigos del australiano que le ayudaron a reunir las 240.000 libras que necesitó para su primera fianza en diciembre de 2010. Entre ellos están el periodista John Pilger y Vaughan Smith, que se convirtió en casero de Assange durante el año que éste pasó en su casa de campo.

Las visitas de Julian Assange son aplaudidas por los manifestantes que se encuentran en la puerta para mostrar apoyo a su héroe, al que no dudan en ponerle a través de un altavoz la canción de «I will survive», de Gloria Gaynor.

LA FAMILIA REAL SAUDÍ, SUS VECINOS
 
Entre los vecinos de Assange en el edificio de la embajada ecuatoriana se encuentran miembros de la familia real saudí  y la de Mustafa Ben-Halim, el que fuera primer ministro de Libia. «El lujoso y tranquilo vecindario de Knightsbridge no está acostumbrado a ver manifestantes sin camisa fumando tabaco de liar por las calles. La verdad es que intentamos llevar una vida normal», asegura una encantadora señora que vive sola, desde «hace muchos años», en uno de los apartamentos del sótano del edificio de la embajada.

Fuente: La Razón, Madrid
 

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