14 de mayo de 2012

DE ATENAS A BOTSUANA


Dos vidas y un destino:
De Atenas a Botsuana

Por Carmen Enríquez
Por los cincuenta años de matrimonio 
de Don Juan Carlos y Doña Sofía
ha transcurrido buena parte
de la historia política de España.
No todo ha sido un paseo de rosas,
pero la monarquía no se acaba
por un accidente de caza.

La primavera empezaba a despuntar en los terrenos del Monte del Pardo cuando los inquilinos recién llegados al Palacete de la Zarzuela iniciaban su vida en común.

Corría el mes de marzo de 1963, diez meses después de la boda de la pareja formada por Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, cuando el matrimonio se podía instalar, al fin, en su propio hogar. En ese tiempo transcurrido desde que se dieron el sí por partida doble en Atenas, en la catedral católica y en la ortodoxa, el matrimonio había disfrutado primero de una larga luna de miel que les llevó a dar la vuelta al mundo.

Pero los últimos meses, el hijo de los Condes de Barcelona y la hija de los Reyes de Grecia –Juanito y Sofía familiarmente– libraron un tenso pulso con los padres de ambos que intentaban que se establecieran o bien en Estoril, cerca de Don Juan y su camarilla monárquica, o bien en Atenas, cerca de los soberanos griegos. La batalla, al final, la ganaron ellos, que rechazaron las propuestas de las dos familias y decidieron vivir en Madrid, donde se involucraron en una tarea prioritaria para ambos y que no era otra que hacer retornar la monarquía a España.


La Zarzuela, un hogar

Aquellos días de marzo, el interior de aquel antiguo pabellón de caza mandado construir en tiempos de los Austrias hervía de frenética actividad. Bajo las órdenes de doña Sofía, un par de ayudantes de Patrimonio y su propio marido organizaron y decoraron aquel inhóspito y austero palacete para transformarlo en un verdadero hogar. Días antes habían llegado varios contenedores desde la capital griega con muebles, vajillas, cristalerías, cortinas, cuadros y tapices y ropa de casa, todos ellos regalos de boda de la Princesa y pertenencias de su familia donadas al matrimonio. Doña Sofía siempre se ha mostrado muy orgullosa de aquel trabajo de decoración de su casa, de la que dice con frecuencia que ella fue la única responsable. Y así es, porque la joven princesa, que se casó por amor y sólo porque estaba enamorada, creó lo que ha sido desde entonces el núcleo de la vida de la Familia Real, el punto de encuentro y centro de referencia en todas las etapas que han transcurrido a lo largo de los últimos cincuenta años.


Porque el Palacio de la Zarzuela no sólo ha sido sólo el escenario de una muy intensa vida familiar. También ha sido el epicentro de la vida política española, sobre todo en los años en los que se urdió un plan para cuando el longevo general Franco muriera y hubiera que transformar un régimen dictatorial y autoritario en un sistema democrático y de plenas libertades públicas.


La familia Franco

La etapa de convivencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía con el régimen de Franco fue un tiempo de difíciles y a veces imposibles equilibrios. Los Reyes lo llaman la época en la que «no éramos nadie» porque su papel institucional era nulo, eran una pareja a la espera de algo –la sucesión– que no estaba asegurado, un momento en el que Franco les aconsejó que viajaran por España para que los españoles los conocieran pero sin rango ni representación de ninguna clase. Había que mantener las buenas relaciones con el régimen, pero sin entrar demasiado a fondo en sus entresijos. Puro encaje de bolillos para el representante de una dinastía que era ninguneada e incluso rechazada por los franquistas.

Pronto nacieron los hijos, dos niñas primero, Elena y Cristina, que trajeron una gran alegría a la familia pero que, a efectos sucesorios, dejaban la cuestión abierta y sin resolver. Por ello, la llegada del pequeño Felipe, en enero de 1968, fue recibida con entusiasmo por toda la Familia Real, ya que colmó las exigencias de un heredero varón al posible sucesor de Franco. Su bautizo, con el regreso temporal de la Reina Victoria Eugenia del exilio para asumir junto a su hijo Juan el padrinazgo del pequeño, se convirtió en un acto de reafirmación monárquica.

En julio de 1969, Franco decidió al fin nombrar sucesor a título de Rey a Don Juan Carlos. Un acto en las Cortes, en las que el sucesor tuvo que jurar las leyes del Movimiento, que pareció asegurar el retorno de la monarquía a España el día que el dictador muriera. Sin embargo, la jura de Don Juan Carlos abrió entre él y su padre, el Conde de Barcelona, una brecha que tardó años en cicatrizar si es que alguna vez cerró del todo. Fueron años duros y tensos en los que, a pesar de las apariencias, nada estaba asegurado. Prueba de ello fueron los intentos de desbancar al sucesor, instigados por la familia Franco, para colocar en su puesto a su primo Alfonso de Borbón Dampierre y a su mujer, Carmen Martínez Bordiú, la «nietísima», y fundar así una nueva dinastía de Borbones sin derechos dinásticos y la familia Franco.

Proclamación

Una vez muerto Franco y proclamado rey Don Juan Carlos, comenzó la apasionante aventura de «ser rey de todos los españoles». Una tarea llena de escollos, zancadillas y riesgos que pusieron en peligro los planes de transformar España en un país libre, democrático y miembro de pleno derecho de los organismos internacionales que antes vetaban su presencia. El joven monarca pilotó la transición política española que, todavía hoy, es un modelo a seguir por países de todo el planeta. La Reina fue su más fiel colaboradora.

En 1981, con una nueva Constitución aprobada tres años antes, el sistema sufrió el más duro ataque con el golpe de Estado del 23-F [23 de febrero]. La actuación del Rey paró la intentona golpista y conjuró el riesgo de involución política. Las palabras inequívocas del mensaje real, ordenando a los militares golpistas volver a los cuarteles, catapultó la figura del monarca español a unos niveles de prestigio internacional que le hicieron merecedor de numerosos premios y distinciones. Las universidades más prestigiosas le nombraron doctor honoris causa y galardones como el Carlomagno, el Simón Bolívar, el de la Unesco fueron a parar al monarca español.

El año de España

A pesar de que 1992 no empezó con buen pie para Don Juan Carlos –un accidente de esquí lo tuvo apartado de la vida oficial durante casi cuatro meses–, ese año fue el de la consagración de España como país moderno y avanzado. Los Reyes participaron plenamente en los eventos del 92 –Expo de Sevilla, Juegos Olímpicos de Barcelona, Cumbre Iberoamericana de Madrid– y contribuyeron a proyectar una imagen del país inmejorable. La figura del Príncipe Felipe como abanderado del equipo español y la presencia entusiasta de la Familia Real en todas las pruebas en las que participaban deportistas españoles coincidieron con la obtención masiva de medallas. Alguien atribuyó a los Reyes lo que se denominó el «efecto talismán»: cada vez que Don Juan Carlos estaba entre el público, había medalla para los españoles.

La década de los noventa también fue importante desde el punto de vista familiar. La boda de las Infantas –en Sevilla la de doña Elena y en Barcelona la de doña Cristina– y la llegada de los primeros nietos fueron momentos vividos de forma muy intensa tanto por los Reyes como por los ciudadanos españoles que fueron partícipes de los acontecimientos.

En 2004, la boda del heredero puso fin a las inquietudes surgidas por su prolongada soltería. El Príncipe logró su sueño de casarse por amor, al contraer matrimonio con la periodista Letizia Ortiz, y formar una familia al nacer sus dos hijas, Leonor y Sofía, que han asegurado la sucesión del heredero.


Tiempos difíciles

Los últimos años han estado plagados de episodios difíciles y complicados para los Reyes y sus hijos. La separación y posterior divorcio de la Infanta Elena, los problemas reiterados de salud del Rey que le han llevado cinco veces al quirófano en los dos años recientes, la actuación poco ejemplar de Iñaki Urdangarín en su actividad empresarial y el accidente de Don Juan Carlos en Botsuana que le llevó a pedir disculpas públicamente, han enturbiado la trayectoria de la Corona en España. Pese a todo y frente a los rumores de enfriamiento de la relación de Don Juan Carlos y Doña Sofía, los Reyes siguen al frente de una institución que ha funcionado de forma modélica en España. Su espíritu de servicio a los ciudadanos españoles está por encima de cualquier otra consideración y siguen desempeñando su tarea con la misma fe y dedicación que hace 50 años, cuando decidieron unir sus vidas para siempre tras contraer matrimonio en Atenas.

Reproducido de larazon.es 

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