18 de abril de 2011

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Alice Cunnigham Fletcher

Por Marlene María Pérez Mateo

Mi encuentro con la vida e historia de la Doctora Susan Lafleshe Picotte por medio de un libro biográfico, primera mujer médico en la comunidad de nativos indo-americanos, fue el catalizador de muchos otros acertados momentos de cercanía con personas, hechos y lugares.

Me remito a uno de ellos, sobrecogedor e inesperado. Una cubana en el siglo XIX dedicó sus esfuerzos profesionales y propios a la antropología y etnología de los más antiguos pobladores de este continente Americano: los aborígenes.

Alice Cunningham Fletcher nació en La Habana un 15 de marzo de 1838. Su familia se había establecido en Cuba para lograr  recuperar la salud su padre de familia. No logrado su objetivo, regresaron a Massachuset donde Alice  se formó y educó hasta llegar a la Universidad de Harvard donde se graduó en 1879.

Su motivación hacia los aborígenes norteamericanos nació muy temprano en su carrera y se extendió durante toda su vida  hasta su muerte en 1923. Trabajó  como comisionada de educación en Missisipi, Ohio y Alaska. Fue la primera mujer en ocupar posiciones presidenciales en múltiples entidades académicas, sociales, culturales y profesionales.

Sus estudios no fueron hechos desde la distancia ni basados en datos fríos y burocráticos. Trabajó y vivió entre los Omahas y los Milkos. El rescate y preservación  de la música en las comunidades aborígenes en lo cual fue pionera, es para los entendidos la materia que más invita a su recordación.

El respeto y el aprecio por la multiculturalidad queda como el mayor legado de Alice Cunnigham Fletcher.

 Marlene María Pérez Mateo
Marzo 2011
 

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