28 de enero de 2010


Desde Cuba:
Ayuda y manipulación

Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org)

Cuba y Haití están enlazadas por la geografía y la historia. Millares de colonos franceses que huyeron de las sublevaciones de esclavos en Haití crearon haciendas cafetaleras a partir de 1791 en las montañas de Oriente y Pinar del Río, donde incidieron en la música y la danza. Un siglo después, los inmigrantes haitianos laboraron en nuestros campos de caña. Decenas de apellidos, vocablos y asociaciones étnicas testimonian esos flujos humanos.

Es lógico pues, que ante el desastre ocasionado por el terremoto en Haití, la nación cubana tienda su mano solidaria. Ya lo hacía con personal de salud en base a convenios gubernamentales. La prensa insular afirma que 200 de los 500 médicos haitianos graduados en Cuba ejercen en su país, donde laboran ahora 447 clínicos de la mayor de las Antillas.

Nadie niega el desempeño de nuestros profesionales en Haití. Pero una cosa es la solidaridad y otra la manipulación política de tal ayuda a través de los medios de comunicación. El adalid de la intriga mediática es el ex gobernante Fidel Castro, quien desde su bunker “reflexiona” sobre la culpa de los Estados Unidos y las naciones desarrolladas “que sumergen a Haití en la pobreza”, como si la naturaleza fuera cómplice de tales “monstruos” y esa nación, 200 años después de su independencia, no tuviera responsabilidad sobre su propio destino.

Estamos acostumbrados a los vaticinios apocalípticos del déspota cubano, pero la tragedia aconseja mesura. Gústenos o no, Estados Unidos es la nación que más le aporta ahora a Haití: toneladas de alimentos y medicinas, millones de dólares, helicópteros, marines para garantizar el orden interior, equipos de rastreo, barcos-hospitales, agua potable, electricidad, etc. A ese esfuerzo se suman Francia, Alemania, España y otras naciones de Europa, Asia y América que ofrecen sus recursos y no hablan tanta cáscara.

Nuestros medios de comunicación politizan la debacle de Haití, exageran la contribución de Cuba y denigran el aporte de países e instituciones, mientras los fotógrafos y reporteros meten el dedo en las llagas del desamparo y evocan las intervenciones militares y la explotación de los recursos de dicho país. ¿Entenderá estas cosas la madre naturaleza?

Los cronistas oficiales aderezan el paño haitiano con retratos nostálgicos. El domingo 17 de enero Arleen Rodríguez publicó en Juventud Rebelde Los cantos de Puerto Príncipe donde recuerda a “aquella gente que iba de la zafra de azúcar a la del café, sin lograr escapar de la pobreza, y sin embargo cantaba”. En la misma página, José Alejandro Rodríguez –El viejo sismo de Haití-, revive a Mackandal y Toussaint Louverture, pregunta qué determinismo geográfico o histórico habrá para el sufrimiento de ese “eslabón más débil”, al cual ahora envían ayudas y fuerzas especializadas “los solemnes poderosos”, como “si quisieran lavar las culpas de siglos sobre un Haití desangrado”.

Ese es el tono, la prensa partidaria no cambia los niveles de apreciación de la realidad haitiana. El Noticiero Nacional de Televisión llega al extremo de acusar a los Estados Unidos de “aprovechar el desastre para apropiarse de Haití”.

En medio de la catástrofe las lupas de la sospecha recaen otra vez sobre el enemigo de siempre. El ex comandante en jefe y sus escribanos combaten ahora desde los escombros de Haití. ¿Cuál será el próximo escenario del odio y la manipulación?

Foto: Google
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