5 de septiembre de 2009

Cubanos en la Luna

Víctor Manuel Domínguez,
Sindical Press

LA HABANA, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) - Abelardito “palitroque” sueña con llegar a la luna el día menos pensado; no por ser cosmonauta y contar con un transbordador que lo deje feliz sobre la superficie lunar.

La licenciatura en Historia se lo impide. El oficio de vendedor clandestino de pan en miniatura también. Pero piensa que, de seguir creciendo el vertedero donde hace esquina su casa, en Zanja y Soledad, Centro Habana, sólo con escalarlo podría igualar la hazaña de los estadounidenses.

La tarea no es fácil. Aunque según calcula, con la nariz tapada y los ojos llorosos por el humo que sube del basurero hasta su barbacoa, si logra trepar esa montaña de cartones, restos de comida, perros muertos y cuanto desperdicio genera una ciudad en toque de queda sanitario, alcanzaría el éxito en su viaje.

Cualquier esquina del municipio más antihigiénico del país serviría como plataforma de lanzamiento. No importa que haya dengue, leptospirosis o un brote de diarreas que acelere el ritmo de la ciudad.

La basura sigue ahí, bajo el humo de los fumigadores y el desbordamiento de los tanques hacia las aceras y calles, como muestra del excesivo consumo de alimentos en la capital.

Diestro en sortear las completas de bilongo: gallina prieta con tira roja en la pata izquierda, plátanos maduros, coco seco y calabaza (rociada con siete potencias), Abelardito asegura que no hay esquina en Centro Habana donde no esté presente el aporte del folclor africano a la cultura del país.

Especializado también en fintas y zigzagueos ante los paquetes con desperdicios, sólidos y líquidos, lanzados desde algunos balcones donde todo puede suceder, “palitroque” recorre la ciudad.

Según su experiencia, también se pueden escalar montañas en los “basuródromos” diseminados por el municipio Habana Vieja. No en el itinerario de la ruta Andares, por donde Eusebio Leal conduce a los turistas entre museos, casonas coloniales y palacios, pero sí a dos cuadras de Obispo y Mercaderes, distancia a la que algunos extranjeros pueden olfatear el olor original de la ciudad.

En Villegas y San Juan de Dios sólo falta otra jaba de basura para llegar al cielo, calcula “palitroque”. En Aguacate y O´Reilly, dos.

Allí el amanecer es una fiesta para el olfato. Una mezcla de olores y restos de basura que gráciles muchachas, niños inquietos y tembas recatadas atraviesan, cubriéndose la nariz, para llegar incontaminados al Parque Central.

Mierda de perro aquí, la puerta de un refrigerador allá, el cadáver de un gato más acá y decenas de jabas, periódicos y otros desperdicios comunican entre sí a esas montañas-vertederos, y sirven como vallas de saltos para el entrenamiento del pueblo trabajador.

De continuar “comiendo así”, las montañas de basuras de Habana Vieja se unirán con las de Centro Habana y Plaza hasta formar una elevada cordillera de desperdicios que cualquier ciudadano de a pie, sin exclusión por raza, sexo, ideología o religión, podría utilizar si se decide a vivir en la luna. El único sitio al cual los cubanos no han podido emigrar.

Víctor Manuel Dominguez,
Sindical Press,
www.cubanet.org
Imagen: Google


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