6 de febrero de 2014

Zahara



Zahara

Paloma San Basilio
en su blog Ciento volando

Ha volado mucho y muy alto. Se ha posado sobre los escenarios de todo el mundo. La han aplaudido a rabiar. Se sienta ahora en el patio de butacas y se convierte en espectadora del mundo. Y aquí está para contarlo. Y habla de su mascota con la misma ternura de Juan Ramón Jiménez cuando describía a Platero.

Zahara no tiene ningún master y no habla idiomas. Sus modales dejan mucho que desear. Se relame cuando come, sorbe cuando bebe y duerme en cualquier sitio mullido con una facilidad pasmosa. Le encanta estar con gente, es tremendamente sociable aunque, a veces, si alguien no le gusta, puede desarrollar un mal genio capaz de asustar al dudoso amigo. Es de padre y madre desconocidos. Como consecuencia de su incierto y bastardo pasado, no posee una especial belleza. Tal vez su mirada desprende un cierto encanto capaz de enganchar a quien, a priori, no repararía en su presencia. No es ni muy grande ni muy pequeña, tamaño normal y cómodo para viajar y acurrucarse en cualquier parte.

Lo que más le gusta es correr en libertad, como a mí, ya sea por la playa que lleva su nombre y de dónde viene o por los montes y bosques del norte. Lo importante es que tú estés con ella, que le des mimos y le hables en un tono dulce y cariñoso.

Comer, come bastante, y si le das un poco de jamón o queso se vuelve loca. En cuanto te descuidas, se zampa la comida de los otros. Son secuelas de su vida salvaje, cuando andaba sola y perdida y tenía que alimentarse de lo que buenamente le daban o encontraba. A pesar de su origen y su falta de educación, tiene una enorme dignidad. Sabe lo que quiere y con quién quiere estar, y no permite que nadie la humille o maltrate.

La primera vez que la vi me llamó la atención su forma de andar orgullosa y alegre, sin hacer caso de los que intentaban jugar con ella o gastarle bromas pesadas. Pasa mucho que algunos confunden el hecho de no pertenecer a nadie con el hecho de ser presa fácil y domable. Nada más lejos de la realidad.

Por eso la quiero: por libre, por leal, por digna, por cariñosa, por ser tan lista y sobrevivir a la desgracia de que te traigan al mundo sin querer. También por eso creo que es una suerte tener a alguien como ella a mi lado, haber conseguido que con paciencia y cariño decidiese, cuando la encontré abandonada, cambiar su libertad por estar conmigo. Por eso aprendo de ella todos los días lo que muchos de mis congéneres no saben, ni pueden, enseñarme. Por eso Zahara, mi perra, se merece que hoy le dedique este artículo. Aunque no sepa leerlo, seguro que lo entiende.

ABC.es

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