3 de marzo de 2013

REFLEXIÓN



El domingo de las higueras sin frutos

Y les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía una higuera plantada en su viña,
y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró».
Dijo entonces al viñador:
«Ya ves: tres años llevo
viniendo a buscar fruto en esta higuera,
y no lo encuentro. Córtala.
¿Para qué va a ocupar terreno en balde?»
Pero el viñador contestó:
«Señor, déjala todavía este año;
yo cavaré alrededor y le echaré estiércol,
a ver si da fruto. Si no, la cortas».
Lucas 13, 1-9

¿Qué frutos darte, Señor?
Deseas el fruto de mi constancia y,
 a la menor,
me dejo enredar 
por los hilos de la pereza,
la tibieza o las dudas, 
la fragilidad o la torpeza…

Estoy en la higuera,
pero la higuera de mi vida
no siempre
 fructifica en lo santo, noble y bueno.
Miras a las ramas de mis días
y, lejos de comprobar
 cómo despuntan sus yemas
me limito a vivir bajo mínimos,
a dar aquello que me conviene 
y no me molesta
a fructificar, poco o nada,
 si no es beneficio propio.

Mira mi miseria
y  perdona mi débil cosecha.
Sigue sembrando, Señor, 
para que tal vez mañana
puedas descubrir en mí
aquello 
que hoy brilla por su ausencia:
frutos de verdad y de amor,
de generosidad y de alegría,
de fe y de esperanza,
de confianza y de futuro,
de vida y de verdad.

Y no te canses, Señor, 
de visitar tu viña,
tal vez hoy, ya sé que no,
pero mañana, 
con tu ayuda y mi esfuerzo,
deberá brotar con todo su esplendor
la higuera de mi vida.

Javier Leoz.

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