23 de octubre de 2011

DOLORES BETANCOURT Y AGRAMONTE

Dolores Betancourt y Agramonte

Dra. Isabel Hernández Rivas


DOLORES BETANCOURT Y AGRAMONTE, descendiente de antiguas familias, de las mas acaudaladas y distinguidas del legendario Puerto Príncipe, era hija, en segundas nupcias, del Licenciado Don Tomas Pío Betancourt y Sánchez Pereira, abogado, naturalista y primer historiador que tuvo el Camagüey y de su prima Mercedes Agramonte y Sánchez Pereira. Nació en Puerto Príncipe el quince de marzo de 1856 en la calle San Francisco (hoy Luaces) No. 1


Después de estallar la guerra de 1868, emigró a Estados Unidos con su madre -que ya había enviudado- y otros familiares. Allí, años mas tarde, en 1873, supo de la muerte en combate por la independencia de Cuba, de su primo, el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, de sólo 32 años.


Ella era entonces una adolescente. Su vida transcurrió en el extranjero, en constantes viajes entre Estados Unidos y Europa y visitas a Camagüey. Sus más allegados la llamaban Lola, y por el pueblo recibía, indistintamente, los apelativos de Doña Lola, Doña Lolita y "Medio Millón", aunque, ciertamente, poseía mucho más: era la dama más adinerada de Camagüey y una de las mas ricas de Cuba. Su fortuna la constituyeron diversas herencias recibidas.

DOLORES BETANCOURT, quien era profundamente católica, puso su fortuna al servicio de la Iglesia y de las clases pobres. Fue en Camagüey donde se hicieron más patentes que en otra parte sus muchas obras de caridad. Repartía su dinero a los humildes; ayudaba a familias necesitadas, para lo cual tenia a su servicio a personas que le informaban sobre esos casos y, a través de ellas, les hacia llegar frecuentes donativos.

En 1905, hizo erigir un busto al Padre Valencia en el patio-jardín central de la ermita de San Lázaro. El 7 de noviembre de 1906, un incendio destruyó el altar de plata y numerosos objetos de la iglesia del Convento de la Merced; en 1910, ella le donó el actual Altar Mayor de puro estilo gótico, de cedro sobredorado, levantado sobre rica base de mármol, y que costó entre $16,000 y $20,000.


   Una de sus obras más importantes fue la edificación del templo neogótico del Sagrado Corazón de Jesús, a cuya inauguración asistió el 21 de mayo de 1920, y el cual fue donado en usufructo a las Escuelas Pías. Construido con arreglo a un proyecto del arquitecto español Don Augusto Font y Carreras, con capacidad para 1,500 personas, pero donde podían caber hasta 2,000 entre nave, presbiterio, capillas y coro, en casos de gran aglomeración de público, es una joya arquitectónica de la ciudad. Consta de una sola nave con capillas laterales emplazadas entre dos contrafuertes y posee 26 ventanas ojivales en todos los tramos y en los lados del ábside, cubiertas de vidrieras policromadas, protegidas por cristales gruesos, fabricadas en Alemania, y que representan los Misterios dolorosos, gozosos y gloriosos del Rosario. El Altar Mayor y los dos laterales, el pulpito, las barandas del presbiterio y del comulgatorio y las cuatro pilas de agua bendita fueron todos construidos de mármol blanco de Carrara, fabricados en Piedra Santa, Italia. Dignos remates de la obra eran el reloj con su campana, el juego de tres campanas armónicas y los catorce cuadros del Vía Crucis, todos ellos construidos en los Estados Unidos.


El 31 de julio de 1916, Dolores Betancourt otorgó testamento en Nueva York. Dejaba por ejecutor o albacea a su primo el Licenciado Francisco Agramonte y Ávila. Declaraba, en primer término, que "creia en todo lo que enseñaba y confesaba la Santa Madre Iglesia Católica, bajo cuya fe había nacido, vivido y pensaba continuar hasta morir" (sic). Donaba grandes sumas al Asilo San Juan Nepomuceno para niñas huérfanas y pobres; a la Congregación de las Siervas de María; a las Asociaciones de Señoras y Caballeros de San Vicente de Paúl, consagradas a obras de caridad entre los necesitados; al antiguo Hospital San Lázaro, entonces ya convertido en asilo para ancianos, así como para la reedificación de la iglesia de San José en el reparto La Vigía, la cual se reconstruyó también en estilo neogótico y fue inaugurada el 31 de mayo de 1936, en la Avenida de los Mártires.


De un remanente del dinero legado a la edificación de dicho templo, fue posible construir la capilla de San José -en la calle de igual nombre- e inaugurada el 28 de agosto de 1938. Además, otorgaba grandes sumas para la construcción de dos colegios, uno para niños y otro para niñas pobres de la ciudad y sus alrededores.


En la 25ª cláusula, encargaba a su albacea que, tanto la iglesia que estaba por inaugurarse, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, como la de San José, no se dedicaran, en ningún tiempo ni por ningún motivo, sino al culto católico, e igual recomendación le hacia respecto a los colegios que se proponía instalar, para que, por ningún motivo, se impartiese educación laica ni se enseñara en ellos otra religión que no fuese la Católica. Especialmente le encarecía que, en ese punto, no se alterase su voluntad.


En 1918, la ilustre benefactora volvió a establecerse en Cuba, donde alternaba temporadas entre La Habana y Camagüey y cortos viajes al extranjero. El primero de febrero de 1921, retornó a su ciudad natal, en la cual falleció repentinamente, en su casa paterna, en la madrugada del 25 de abril. Ante su cadáver, los sacerdotes Bonet, Felipe de la Cruz y Monseñor Basaldúa -quien era Gobernador Eclesiástico- oficiaron las tres misas que ella pedía en su testamento. Aunque en éste expuso sus deseos de tener unos funerales modestos, ello resultó obviamente imposible por el respeto, la admiración y el cariño que había sabido ganarse. La agencia de pompas fúnebres "Bueno, Toledo y González" se encargó de las exequias.


Sus restos yacían en lujoso ataúd de bronce acabado en mate oscuro, imitando nogal, con las esquinas artísticamente ornamentadas y en la cubierta, tres únicas piezas: una flor de lis, una placa con su nombre y fecha de fallecimiento y un Cristo macizo, de grandes dimensiones, todo de plata bruñida.


Desde que se supo su muerte, comenzaron a desfilar ante el féretro multitudes de personas de todas las clases sociales. Su entierro fue el 26, a las nueve de la mañana. La carroza mortuoria, la "Santa Lucia", llevaba el tiro más grande que solía usarse en ese tipo de servicio fúnebre de la época: seis parejas de caballos, postillón, pajes y seis conductores. Abrió la marcha la banda municipal y la seguían la Cruz Alta, las niñas del Asilo San Juan Nepomuceno, Las Hermanas de los Pobres, los alumnos de las Escuelas Pías, el Clero con música de capilla, los Padres Escolapios y los Carmelitas. En el nutrido acompañamiento, figuraban el Alcalde Municipal, el Cónsul de España, el General Lope Recio Loynaz, el jefe de la Policia, familiares de la difunta y una gran representación de la sociedad camagüeyana. Todas las calles del trayecto que recorrió el cortejo -Luaces, Plaza del Padre Trias, Marti, Cisneros y Cristo- hasta el cementerio general se vieron atestadas de público. A su paso por delante del templo de El Sagrado Corazón y de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, a la entrada del cementerio, el desfile se detuvo y el Clero entonó sentidos responsos.


El 27 de febrero de 1922, el Ayuntamiento de Camagüey, reunido en sesión ordinaria, acordó variar el nombre de Calle de la Glorieta, del Reparto La Caridad, por el de Calle Dolores Betancourt, puesta la Cámara de pie, en demostración de respeto y de veneración a la ilustre camagüeyana fallecida.


El 14 de octubre de 1931, sus restos fueron trasladados al templo de El Sagrado Corazón, donde aun reposan. EI séquito fue presidido por el Sr. Obispo Monseñor Enrique Pérez Serantes. El Rector de los Padres Escolapios pronunció la Oracion Sagrada y Monseñor Manuel Arteaga y Betancourt -entonces Provisor y Proto-Notario del Arzobispado de La Habana- hizo el elogio fúnebre. En la solemne ceremonia, se develó una tarja de mármol, donada por la prima de la extinta, la Srta. Altagracia Agramonte y Ávila, con el siguiente epitafio:


"DOLORES BETANCOURT AGRAMONTE, que hizo partícipe de su fortuna a los necesitados. Erigió templos para la propagación de la fe Católica y legó sus bienes para dar asilo y educación a los huérfanos".


La Dra. Isabel Hernández Rivas es una dentista cubana radicada en Caracas, Venezuela.


Nota adicional:


    La señorita Betancourt Agramonte falleció en Camagüey el día 25 de abril de 1921 y su albacea, el Lcdo. Don Francisco Agramonte dio comienzo enseguida a las obras de construcción de un gran colegio de Artes y Oficios para varones, ya que, la casa solariega de la familia Agramonte que ocupa toda una manzana de las calles Plaza de Pablo Trías, Luaces, República y Martí, era la dedicada para las niñas. Las obras fueron suspendidas en virtud de un juicio declarativo de mayor cuantía que sobre nulidad de testamento que promovieron en el juzgado de Primera Instancia de Camagüey, algunos herederos inconformes con los legados que les había dejado la testadora en su disposición testamentaria, pedían la nulidad del testamento, pues la herencia era cuantiosa.

Reunido el Patronato, que según la testadora, sería integrado por el señor Obispo de la Diócesis, el Presidente de la Audiencia Provincial y los respectivos superiores de los P.P. Salesianos y Hnas. de la Orden, fue designado para la defensa de la Fundación el que fuera eminente letrado, gloria del foro de Cuba, Dr. Manuel Dorta Duque, Catedrático de Derecho Hipotecario de la Universidad de La Habana.

La cooperación que tuvo el Dr. Dorta Duque por parte del R.P. Felipe de la Cruz fue muy activa y eficaz, al extremo que en cierta ocasión del proceso, los herederos de la testadora obtuvieron de un juez venal que dispusiera fueran traídos a Camagüey los bonos de los Estados Unidos que se hallaban depositados en un Banco de New York, y el Padre Felipe obtuvo la negativa del Banco de entregar esos bonos, gestión que le llevó varios días en la Babel de Hierro.

El juicio tardó mucho tiempo en su tramitación pero en las tres instancias, obtuvo sentencia favorable el Dr. Dorta Duque, recibiendo con ello un gran triunfo jurídico que le valió una condecoración de la Santa Sede, la Cruz Pro Eclesia et Pontifice.

Las obras fueron reanudadas y el Padre Felipe trabajó personalmente en ella como un simple peón, y el Ayuntamiento de Camagüey lo nombró "Hijo Adoptivo" de la ciudad y dio su esclarecido nombre a una de las calles que dan acceso a la Escuela de Artes y Oficios que lleva el nombre de la Señorita Dolores Betancourt Agramonte.

(Segmento tomado de un artículo sobre El Santuario de Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre de Camagüey, de Alfredo Correoso Quesada, aparecido en "El Camagüeyano", Miami, Fl.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario