30 de junio de 2011

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Breve semblanza
sobre la tauromaquia en Cuba


Anuncio de una corrida de Luis Mazzantini en La Habana

-Marlene María Pérez Mateo

Hacia 1514, en las Fiestas de Corpus Christi, el conquistador español Diego Velázquez Cuéllar, organizó en Cuba la primera corrida de toros en el continente americano. Fray Bartolomé de las Casas en su “Historia de las Indias” escribió:

“ Acaeció allí luego de un terrible caso, que el día de Corpus Christi…, que es cuarto día después del domingo de la Santísima Trinidad, lidiaron un toro o toros, y entre otros españoles había uno allí, llamado Salvador, muy cruel hombre para con los indios, el cual fue vecino de una llamada de Bonao, en la isla de Santo Domingo, veinte leguas tierra adentro (…) Y trataba tan mal a los indios que lo tenían por diablo (…) Así que aqueste Salvador pasó a la Cuba, donde también comenzó a usar de sus crueldades con los indios, y se halló aquel día de Corpus Christi con lo otros que dije haber lidiado los toros..”


Veinticuatro años después el acontecimiento se repitió para festejar la llegada del nuevo gobernador a la isla Don Hernando de Soto y de su esposa Inés de Bobadilla, en la Villa se Santiago de Cuba. Luego de un lustro llegó a La Habana la fiesta brava para honrar a su patrono San Cristóbal.

   En 1727 la “Atenas de Cuba”, Matanzas, se suma al  mencionado tipo de festividad, con su primera corrida oficial en 1749. Hasta entonces dichos eventos acontecían en plazoletas, ya que la primera Plaza ve la luz en 1769, ubicada en la ciudad capitalina, en la intercepción entre las Calzadas del Monte y Arsenal, bajo el nombre “Aserradero y Millo de Blas”. Otras se construyeron en 1881 en la Calle Águila, y en 1825 en Calzada del Monte y Amistad, nombrada “Campo de Marte y Belona”. Todas en la capital de la mayor de las Antillas.

   Al cruzar la bahía de La Habana, en Regla, detrás de la Parroquia se edificó otra Plaza de toros en 1842. El primero de julio de 1850 acontece la corrida de la que se dispone mayor información.  Sucedió en la Ciudad de Santi Spiritus, ubicada cerca del acueducto municipal. Figuró incluso una mujer apodada “La Pepilla”, (nacionalidad desconocida), esposa de un mexicano, José Vázquez; actuaron también Cenobio como picador y López, el andaluz.

En las calles habaneras, Belascoaín entre Virtudes y Concordia, nació hacia 1853 una nueva Plaza al fondo de la casa de Beneficencia, activa desde 1897 y destruida por un incendio. Tuvo capacidad para 6000 personas y una circunferencia de 200 varas. Tres nuevas locaciones nacen en la mencionada ciudad. Una en la Calzada de la Infanta, otra en Carlos III y la última en Regla (1866).


    Luis Mazzantini, el aún recordado torero y protagonista de uno de los dicharachos del refranero popular (aunque con cambios en la ortografía de su apellido), estuvo en Cuba entre 1886 hasta 1887. Era de origen vasco y poseedor de una amplia cultura, conocimientos de música y, además, políglota. Era para entonces la “Joya de la Corona” en materia taurina. Tenía una cuadrilla compuesta entre otros por Diego Pérez, segunda espada. Se hospedó en el Hotel Inglaterra de La Habana coincidiendo con la actriz francesa Sarah Bernhardt (1844-1923) durante su primera gira en Cuba. Ambos protagonizaron un sonado romance que cruzó el océano y llegó hasta las páginas de “Le Figaro” en París. Los regalos suntuosos se sucedieron, incluida una corrida a puertas cerradas. El idilio melló en algo el desempeño del diestro, mas no su popularidad.


Ininterrumpidamente hubo fiesta taurina en Cuba desde 1538 hasta 1899, siendo el 10 de octubre de 1899 bajo la orden número 187 que se decretó la prohibición de la fiesta brava, aunque con excepciones. Muchos diestros pasaron por Cuba tales como: José Ponce, Manuel Hermosilla, El Marinero, El Platero, Parmio y Francisco Arjona Herrera “Cuchares”. Como dato curioso señalaré que la tripulación del barco “Maine” estuvo presente como parte del público en alguna de de estas fiestas taurinas.

La ultima plaza de edificó en San Miguel del Padrón, La Habana, en 1908 y funcionó hasta 1940. Por ley, las banderillas no tenían punta, las espadas eran de madera y no se sacrificaba al animal.

Silverio Pérez
El 30 y 31 de agosto de 1947 el Gran Estadio del Cerro habanero vio a los maestros Silverio Pérez y Fermín Espinosa (Armillita) ambos mexicanos, ante 30,000 asistentes.

Dos cubanos destacaron entre las artes de la tauromaquia: Betancourt y José Marrero Baez.(Cheche de La Habana).

Del primero hay un pequeño verso rememorando su bravura:

                             “Será el primer habanero
                             que haga lucir su valor
                             como bizarro torero,
                             como diestro matador”

José Marrero Báez
Del segundo se dispone de más datos. Nació en La Habana un 19 de marzo de 1870.  Comenzó  como medio espada en la cuadrilla de Ponciano Díaz. Llegó a Mexico y hacia 1842 tomó la alternativa en Monterrey. Se presentó en Tijuana, Ciudad Juárez y Denver, Colorado. Se casó con María Aguirre (La charrita mexicana), rejonera y torera de Zamora, Michoacán. Murió de una cornada el 9 de agosto de 1909, en la Plaza azteca de ciudad Jiménez.

Existe la referencia a un tercer torero cubano apodado “El Guajiro”.


¿Por qué no hay más tauromaquia en Cuba? ¿Dónde quedó toda esa tradición? Conjeturas para dar respuestas a esas preguntas pudieran ser entre otras, por ejemplo: el creciente nacionalismo, el cese del colonialismo español, la afición en la joven Republica por el baseball y quizás en cierto grado el reemplazo por el rodeo. 

Silverio Pérez en la voz de José Antonio Solís:

http://www.youtube.com/watch?v=zPLEh1UM3ws
 
Marlene María Pérez Mateo
Junio 26, 2011

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