22 de junio de 2011

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El Arca de No-Él 

- Por José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) – Disimuladamente, como quien no quiere la cosa, van desapareciendo de la jerga oficial en Cuba las palabras “cambio”, “reformas” y similares al uso en meses atrás. En breve, pocos recordaremos que alguna vez se habló aquí del asunto.

Era de esperar, por las muchas veces que ha ocurrido con otras palabras, si no iguales, al menos con igual función: envaguecer los hechos. Llámese “rectificación de errores”, “perfeccionamiento” o “ajustes en el modelo”, jamás nuestros caciques utilizaron las palabras para revelar sus verdaderas intenciones.

Ni aun en este caso, hundidos en el pantanal y con el fango ya en la boca, introdujeron cambios en su clásica manera de cambiar, siempre para peor. Ahora, eso sí, al margen de las palabras, esta vez parecen estar manejando una intención que si bien no pregonan abiertamente, según su estilo, sí demuestran interés porque se la adivinemos y hasta que la comentemos sotto voce.

Persuadidos de que detrás o delante de cada metida de pata que les llevó a la ruina está la vesania y el absolutismo individual de Fidel Castro, parece que estuvieran apostando por dar a entender (sin reconocerlo por lo claro, nunca lo harían) que la oportunidad de perfeccionar el socialismo ha llegado al fin para ellos, puesto que cada día es más evidente que el cacique mayor no podrá impedirlo.

Al final se trata de una nueva actuación para el público, puesto que si algo quieren y necesitan ellos es precisamente conservar intacto lo que les legó el máximo líder. Pero en el aparentar que ahora sí se puede porque él ha depuesto el control, radica el nervio de su actual estrategia, llámese como se llame.

El resto es tarea para los medios oficiales de información, los que, como siempre, pero ahora con un énfasis que raya la desmesura, se esfuerzan por aguzar los temores del pueblo saturando la televisión con imágenes de cuánta catástrofe social ocurre en el mundo, y recargando los noticiarios con las teorías de cualquier tarúpido (preferiblemente los que hablan el español con acento extranjero) dado a profetizar que el capitalismo boquea, que su fin se encuentra al doblar de la esquina, y que ha convertido a la civilización occidental en un agujero negro por el que no debemos permitir que nos arrastren.

En su delirio no reparan siquiera en la posibilidad que están ofreciendo a nuestra gente para que compare lo que ve en televisión con la pesadilla que vive a diario.

Da grima verlos dedicándole la mayor parte del tiempo del noticiero de la televisión nacional a huelgas de obreros, marchas de protestas ciudadanas, caravanas por la paz, demandantes todos de reformas y derechos que nunca hemos disfrutado aquí y que ni en sueños podríamos lanzarnos a la calle a reclamar.

Qué remedio, es su juego: hacernos creer que llegó la hora del diluvio universal, pero aquí somos privilegiados, pues los caciques convierten la Isla en un nuevo Arca de Noé. Tanto más segura por cuanto para el caso tiene un nombre particular, a tono con la manera en que ellos utilizaron siempre las palabras: El Arca de No Él, o sea, sin Fidel Castro al mando, pero que en definitiva únicamente persigue salvarlo a él y a los aguerridos capitanes de su tripulación.

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