9 de noviembre de 2015

Cien años de Hedy Lamarr

 
Cien años de Hedy Lamarr
Eduardo De Rivas

La vida de Hedy Lamarr bien habría valido como guion de una gran película, aunque fue ella quien las protagonizó. Considerada una de las grandes bellezas de la historia del cine, la actriz, nacida en la Viena del Imperio austrohúngaro, revolucionó el séptimo arte al protagonizar tanto el primer desnudo que se vio en la gran pantalla como el primer orgasmo en «Éxtasis».

Hedwing Eva Maria Kiesler, conocida más tarde como Hedy Lamarr, llego al mundo el 9 de noviembre de 1915 y este lunes se celebra el centenario de su nacimiento. Pocos podían imaginar que esta chica judía marcaría un punto de inflexión en el mundo del cine por culpa de un engaño. Con 16 años protagonizó «Éxtasis» con Gustav Machaty como director. El director la convenció para que rodase desnuda en lo alto de una colina, haciéndole pensar que casi no se le vería al estar colocadas las cámaras demasiado lejos, pero ella no contó con el zoom.

Aquella película la puso en el foco del arte y también le cambió su vida por completo. El filme, bastante polémico para la época, provocó que el empresario Friedrich Mandl se obsesionara con ella y utilizara su amistad con Hitler y Mussolini, a los que vendía armas, para obligar a sus padres a darla en matrimonio. Tal fue la obsesión de su nuevo marido -el primero de los seis que tendría Hedy Lamarr- que intentó retirar todas las copias que se habían distribuido de la película en la que su mujer salía desnuda. No lo consiguió, pero sí la obligó a llevar una vida de clausura en la que el único contacto con el exterior lo hacía cuando él la acompañaba.

Hedy Lamarr tuvo que dejar de lado su carrera cinematográfica. Enclaustrada en casa, como mera comparsa de un empresario que solo la permitía desnudarse cuando él estaba delante, como ella mismo contaba tiempo después, aunque el tiempo alejada del mundo exterior le permitió desarrollar su vena científica. Produndizó en la ingeniería y se aprovechó de los contactos de su marido para enterarse de los secretos de la industria armamentística del III Reich, algo que utilizó años más tarde cuando emigró a Estados Unidos para ganarse el apoyo de las autoridades.

Fue en 1937, después de conseguir huir de su marido. Durante meses estuvo organizando un plan de fuga con la complicidad de su asistenta, con la que mantenía una relación sentimental. Una compleja historia de amor que terminó con la actriz escapándose por la ventana de un restaurante y montándose en un coche con rumbo a París perseguida por los guardaespaldas de su marido.

La actriz dejaba atrás una vida casi de esclavitud y se abría ante sí una nueva en la que se reencontraría con el cine de Hollywood, previo paso por Londres y consiguiendo su billete a Estados Unidos vendiendo todas sus joyas. Llegó allí con el aval que se había ganado con sus cuatro películas en Alemania y con el apoyo de Louis B. Mayer, empresario de la Metro Goldwyn Mayer, quien la bautizó como Hedy Lamarr.

Empezó a destacar de nuevo en la gran pantalla, hizo cerca de 30 películas, aunque no tuvo un gran ojo a la hora de elegir sus papeles. Fue Dalila en "Sansón y Dalila",  a las órdenes de Cecil B. DeMille, aunque rechazó protagonizar "Casablanca" junto a Humprey Bogart. Lo hizo, en realidad, no porque el proyecto no le llamase la atención sino porque en esos años estaba muy involucrada en sus investigaciones científicas.

Comunicaciones inalámbricas

Consciente de los horrores del régimen nazi por su marido y por su condición de judía, cuando llegó a Estados Unidos colaboró con los aliados en facilitarles todos los secretos que conocía. Además, consideraba que su privilegiada mente podía ayudar en la lucha contra Hitler y empezó a trabajar en el desarrollo de tecnologías militares.

En colaboración con el compositor George Antheil, creó un sistema de comunicaciones secretas. Sabía que los gobiernos eran reacios a lanzar misiles teledirigidos por miedo a que los rivales interceptasen las señales, pero Hedy Lamarr encontró la forma de hacerlo posible. Se trataba de una versión inicial del salto de frecuencia que mezclaba la modulación de señales con el sistema de una pianola y que se utlilizó tiempo después para construir torpedos aunque solo cuando la patente había prescrito, por lo que la inventora no recibió un dólar por su obra.

La primera vez que se utilizó fue durante la crisis de los misiles de Cuba y también contribuyó en algunos mecanismos de la guerra de Vietnam. Años más tarde traspasaría las fronteras militares y con la irrupción masiva de la tecnología digital, su invento permitió implantar las redes Wifi.

ABC, Madrid

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