22 de noviembre de 2014

Isabel, la reina nómada

Isabel, la Reina nómada

G. Granda, La Razón, Madrid

«Si recorrí incontables leguas a lomos de mis cabalgaduras, también transité, armándome de paciencia, constancia y determinación, los angostos y laberínticos caminos que conforman el mapa de mi vida personal». Así comienza la historiadora Teresa Cunillera a narrar «La España de Isabel» (Lunwerg), un libro que cuenta en primera persona los viajes que por diversos motivos tuvo que realizar por sus dominios. El volumen incluye más de 35 destinos y cerca de 130 fotografías que detallan la vida a caballo de una de las mujeres más influyentes de su época.

Cunillera es investigadora especializada en el siglo XV y ha sido asesora histórica de la serie de TVE «Isabel», «por casualidad, ya que Ana Melero, de la productora Diagonal TV, visitó el Alcázar de Segovia –en el que trabaja Teresa de guía– buscando localizaciones y así entramos en contacto». Su fascinación por la figura de la reina católica la ayudó a sumergirse completamente en el proyecto televisivo. «Me fascina como mujer, pero también como persona, puesto que era muy completa: cubrió muchas esferas vitales y en todas ellas alcanza la excelencia», relata la investigadora.
 
También le tocó vivir un difícil momento político, ya que «si te dejabas llevar por la época podías caer en sus intrigas, pero ella tenía un toque de ética en el que la religión era casi Justicia». El libro sobre sus viajes, que también obedece a la casualidad, tiene su base en un aspecto del momento: «En el Medievo el viajar era intrínseco porque no tenían una corte fija y se pasaban tres meses en un sitio y cuatro en otro ya que no estaba centralizada la administración».
 
Cunillera cuenta incluso que se puede hablar de un reino «nómada», ya que Isabel siguió a su ejército en la ampliación de sus territorios hacia el sur de España. «Durante la reconquista estaba en los campos de batalla; se puede decir que fundó los hospitales de campaña. Era un poco la encargada de la logística y eso subía mucho la moral de los soldados».

Así, el libro, aunque no guarda una línea cronológica en sus capítulos, empieza con el lugar de nacimiento de la reina, Madrigal de las Altas Torres, Ávila, «y sigue una lógica que permite abrirlo por cualquier página y que no sea una guía llana y aburrida». Por ello sus viajes a Santiago de Compostela –«a donde quiso peregrinar»– Vitoria –«de donde era señora»– obedecían a necesidades en ocasiones políticas –Aragón– o personales, como sus desplazamientos al norte de España «cuando embarcaban sus hijas». «Hay muchos pueblos en los que también estuvo y que no caben en la guía aunque pasara allí una noche y haya miles de anécdotas. No pernoctaban en palacios, el ‘‘aposentador’’ era el encargado de ir unos días antes con sus oficiales auxiliares cuando iba a pasar la corte».
 
Para ayudar a comprender la ruta isabelina, la historiadora cuenta con pequeñas fichas que detallan en cada localidad las características geográficas y brindan pistas sobre dónde comer y comprar y algunas curiosidades. «En cada lugar se aportan aspectos de la época, una parte histórica y otra geográfica, haciendo hincapié en las tierras de Castilla en las que podía moverse con más facilidad, aunque Granada le gustó muchísimo y se hubiera quedado allí a vivir, pero no pudo por cuestiones políticas».

Teresa Cunillera está muy orgullosa del trabajo que ha realizado junto con Diagonal TV y TVE. El departamento de vestuario hizo un trabajo fabuloso. Yo les pasé alguna información y ellos luego han escogido. De vez en cuando me hacían preguntas puntuales de confección, sobre todo con los trajes eclesiásticos. También me consultaron para alguna lozalización».
 
El trabajo más duro en este volumen fue sin duda tener que elegir entre la amplia documentación fotográfica existente, momento en el que la historiadora destaca el papel de la editorial, que «ha hecho una gran labor de equipo para poder tener el libro a tiempo». Aunque no espera que cuenten con ella para la futura continuación de la serie –«porque ya hay alguien especializado en esa época»–, se siente satisfecha cuando en su trabajo en el Alcázar alguien va de visita con este libro como guía imprescindible.

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