19 de noviembre de 2014

Hermano Victorino: Toma de Hábito

Hermano Victorino: Toma de Hábito

Manuel Bonet

Uno de los  recuerdos más gratos de un Hermano Lasallista es la toma de hábito, momento en el cual comienza a formar o parte del Instituto. El H. Michel Sauvage en “La Frágil Esperanza de un Testigo, al referirse a este momento expresa: “partir para un aspirantado o un seminaro menor, era visto corrientemente como una opción de vida. A fortiori la toma de hábito, a los 18 años frecuentemente, y más temprano entre los Hermanos, era vista como un compromiso definitivo (Cfr. p 46). Hay mucho de sueño y promesa en esa celebración antes del Concilio Vaticano II de carácter privado y hoy, vivida con el pueblo de Dios en medio de la Eucaristía.

He tratado de conseguir algún detalle de esta ceremonia a inicios del siglo XX, sin embargo, no me ha sido posible encontrar un ritual de esta época o detalles sobre la misma. He podido leer el esquema de la toma de hábito de 1964, probablemente con algunos cambios, pero el centro sigue siendo el mismo, el revestirse del hábito de Hermano de las Escuelas Cristianas.

La toma de hábito se iniciaba con el retiro que le antecedía. Una semana de encuentro con Dios, cara a cara. La víspera de la ceremonia se hace aún una sencilla oración en la capilla del Noviciado llamada “vela de armas”, presidida por el Maestro de Novicios. Al día siguiente, se realizaba la ceremonia con carácter privado, presidida esta por el Hno. Visitador a nombre del Hermano Superior General. En este caso, fue el Hno. Exupérien (1829-1905), Asistente y Visitador de los Distritos de París y Le puy, quien presidió la ceremonia.

El H. Exupérien tiene fama de santo, para unos Hermanos es excesivamente riguroso, exigente y poco sensible, pera otro fue un maestro de energía espiritual o un renovador espiritual. En todo caso, era un Hermano según el espíritu del Instituto.

Después del canto del Veni Creator, se realizaba un interrogatorio común a los quince postulantes que iniciaban el noviciado. Una vez expresados sus deseos de perseverar en su vocación ante los Hermanos que asistían a esta ceremonia, se le iba llamando uno a uno en compañía de su padrino de hábito. En su caso, fue su padrino el Hermano Director de la escuela lasallista de Coubon.

En alguna habitación cercana se revestía el joven novicio, sotana negra con cuello o rabbat blanco, una carterita para llevar un tomo que incluía el Nuevo Testamento y la Imitación a Cristo, un rosario de seis decenas para llevar en algún bolsillo y un abrigo de mangas grandes; completaba el hábito un solideo negro y para salir, el típico tricornio.  Aquí está la corteza del Hermano Lasallista, ahora falta que el tronco sea el de un hombre interior como pedía San Juan Bautista de la Salle, y esto será poco a poco, sin prisas.

Mientras su padrino le ayudaba a revestirse, le repite la frase del Fundador: “Desde que se usa este hábito, cuando se solicita ingresar en ella no se tiene otra idea que la de incorporarse a una comunidad para permanecer en ella el resto de la vida”. El joven escucha y en su corazón se va formando un grito, un “por siempre, para siempre, Señor”.

Al ingresar a la sala nuevamente, el Hermano Exupérien le daría un nombre nuevo: Hno. Nymphas Victorin, nombre que con los años sería cambiado por el conocido  Victorino o Vitico por los más pequeños. Su distrito de Le puy daba como nombre religioso nombres que empezaban con la letra N… por eso le llamarían así.

La bendición del Santísimo y el canto del salmo 132 daba por terminada la sencilla ceremonia. En mi época cantábamos emocionados en francés, el himno de San Juan Bautista de La Salle, probablemente los Hermanos todos juntos.
Reproducido del blog santidadencuba.blogspot.com
 

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