La
historia de “El Gaitero”
El origen de la compañía que
comenzó a embotellar la sidra más popular de España hay que ir a buscarlo a los
años finales del siglo XIX, cuando las sidrerías locales de Villaviciosa,
Asturias, comenzaban a exportar la sidra al otro lado del mar, a las Américas. Esta exportación siguió en aumento
durante la mayor parte del siglo siguiente. Se ha dicho –y alguna razón hay en
ello- que "El Gaitero” se convirtió en el cordón umbilical de los
‘indianos’, (emigrantes asturianos que residían en América), con su Asturias
natal, con sus costumbres y sus recuerdos”.
Entre todos aquellos comerciantes de Villaviciosa
sobresalieron los hermanos Alberto y Eladio del Valle, quienes –con gran
visión- en 1888 llevaron de Francia la
maquinaria necesaria para un proceso de carbonización de la sidra, lo que dio
un gran impulso a la producción.
Apenas al año siguiente de haber montado la maquinaria,
los hermanos del Valle fabricaban y exportaban una sidra espumosa que llamaron “El
Gaitero”, como particular referencia a la tierrina,
referencia subrayada con una pintura de José
Fernández-Cuevas para ilustrar cada etiqueta. Formaron sociedad con Ángel Fernández y
Bernardo de la Ballina y desde entonces la rúbrica de "Valle, Ballina y
Fernández" puede leerse en la etiqueta de cada botella, aunque Eladio del
Valle y Ángel Fernández vendieran poco después su participación a Obdulio
Fernández: los tres apellidos quedaron, pues, vigentes y válidos para la razón
social. Obdulio Fernández centralizó la producción, fomentó el uso de la
publicidad y ordenó la construcción de una fábrica de botellas consolidando así
la compañía.
Fue el comienzo
de una sidra “achampañada” que ya no solo era degustada por los asturianos para
refrescar su nostalgia, sino que pasó a ser preferida popularmente por su mayor
dulzura y su condición de bebida casi similar y más económica que el champán
francés, aunque luego tuvieron
que renunciar a lo de “achampañada” por los derechos legales de la bebida
francesa, y conformarse con un modesto “artificialmente carbonatada”. No provenía
de la uva sino de la manzana, no era champagne pero, a falta de otra cosa, la
gente le reconocía cierto parecido. Al menos entre muchas familias. Un zumo
fermentado de manzanas, agradable, dulce, espumoso... Justo la bebida que se
tomaba con los turrones y con la que se brindaba después de las uvas.
Curiosidades de nuestra vieja historia.
¿Sidra champagne? No es extraño que
circulara un viejo chiste: sentado en la mesa de un restaurante un cliente pide
una botella de champagne. El camarero le responde: “Le parece bien una botella de
la Viuda? (Veuve Clicquot, se sobreentiende). El cliente, sorprendido, le
contesta: “Pero cómo, ¿Ha muerto el Gaitero?
¿En qué momento “El Gaitero” dejó de utilizar la frase “sidra champán”?
Salvo error, el último cartel corresponde al año 1982 más o menos, porque en otro posterior del año 1984, ya no
figuraba. “L´appellation d´origine contrôlée Champagne” tomaría
cartas en el asunto.
Hoy, la mas que
centenaria firma “Valle, Ballina y
Fernández” sigue elaborando su producto estrella: la sidra “carbonatada” “El
Gaitero”, con diferentes modelos (normal
(0.5% de alcohol), natural, extra -etiqueta negra-, sin alcohol). En los últimos años ha
centrado también sus esfuerzos en otros productos como el vino y zumos. Además de bebidas, también poseen alimentos
preparados y dulces navideños bajo esa denominación. Dentro del grupo también
se encuentran las filiales Zarracina (sidras y vinos) o Bodegas Asturianas
(licores).
Aún hoy la marca permanece grabada a
fuego en la memoria de muchos españoles y su descendientes en América, igual
que el fino Tío Pepe, la manzanilla Pochola, los brandis (otro eufemismo por
cognac) de Domec, las sardinas Palacio de Oriente, el aceite Carbonell, las
galletas María de Fontaneda y los turrones Sánchiz Mira y El Almendro. Y que el
caldo gallego, la fabada, los callos a la andaluza y el cocidito madrileño.
Fuentes: Wikipedia,
y la página oficial de Sidra “El Gaitero”.
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