2 de septiembre de 2013

La iglesia de Baracoa es ya Basílica Menor



La iglesia de Baracoa 
es ya Basílica Menor




 Homilía de Mons. Wilfredo Pino, Obispo de Guantánamo-Baracoa, en la fiesta de la Asunción de María en Baracoa.

Queridos hijos e hijas: Una vez más,  la Iglesia elogia, en su liturgia, a una mujer de carne y hueso como todas, la Virgen María, pero que fue escogida por Dios “entre todas las mujeres”.  Cada vez que celebramos la fiesta de la Asunción de María a los cielos, se nos presenta ante los ojos la grandiosa señal de la que nos habla la primera lectura de la Misa de este día: una mujer revestida por el Sol, o sea, inmersa en la luz de Dios porque Ella habita en Él, y que tiene la luna por debajo de sus pies, como señal de que lo temporal, lo mortal, ha sido superado. Una mujer que lleva sobre su cabeza una corona de doce estrellas, que significa la salvación de toda la familia nueva de Dios, anticipada por los doce hijos de Jacob y los doce apóstoles de Jesucristo.

El evangelio nos presenta a María como la criatura a la que han llamado dichosa todas las generaciones y que, sin embargo, no busca el aparecer en primer plano. Su presencia está siempre marcada por la discreción. Ella está convencida de que quien debe hablar es su hijo Jesucristo, no ella. Ella no nos dice: “hagan lo que yo les diga”, sino “hagan lo que él les diga”. Ella no nos dice “escúchenme a mí” sino “escúchenlo a él”.

A la Virgen María le gusta ayudar. Y, además, hacerlo rápido. El evangelio nos dice que María caminó “aprisa” los 150 kilómetros de montaña para darle una mano a su prima Isabel.

Ella, como sabemos, también llegó aprisa a nuestra tierra cubana. A este lugar, en 1492, llegó el gran almirante Cristóbal Colón capitaneando una nave llamada ¡vaya sorpresa!  “La Santa María”. Y esta villa, para orgullo de todos nosotros, y especialmente de los baracoesos, lleva por nombre el de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa. Si Maria se quedó con Isabel tres meses, con Baracoa, con Cuba, ella lleva ya más de 500 años.

Hace pocos días, durante el vuelo de regreso a Roma desde Brasil, el Papa Francisco habló sobre la mujer con  las más bellas palabras dichas en su breve tiempo como Papa. Más que comparar a la mujer con la Iglesia, comparó a la Iglesia con la mujer, y resaltó el papel protagónico  de la  mujer en  la Iglesia, que es, dijo, “femenina, porque es  esposa y madre”. Añadió que “no se puede entender una Iglesia sin mujeres activas en ella”. Y a la pregunta de los periodistas de por qué la Iglesia no llamaba a las mujeres a ser sacerdotes, el Papa les recordaba a todos que en la Iglesia era precisamente una mujer, la Virgen María, alguien más importante que los doce apóstoles, que todos los Papas de la historia, que los obispos y que cualquier sacerdote.
Y los invitó a todos a hacer una teología de la mujer.
Alegra saber que, entre los 33 doctores de la Iglesia, haya 4 mujeres: la española Santa Teresa de Jesús, la italiana Santa Catalina de Siena, la francesa Santa Teresita del Niño Jesús y recientemente la alemana Santa Hildegarda. ¡Ojalá que algún día haya una Doctora de la Iglesia nacida en Cuba!

Hace dos años celebramos esta misma fiesta conmemorando los cinco siglos de la fundación de Baracoa. El año pasado reinauguramos y dedicamos esta Iglesia Parroquial. Y en este 15 de agosto del 2013, celebramos esta Misa en la ahora BASÍLICA MENOR de nuestra Diócesis de Guantánamo-Baracoa. ¡Son muchos los regalos que Dios nos ha estado brindando en todo este tiempo! Y debemos hacernos merecedores de ellos. Este nombramiento recibido debe notarse aún más en nuestro comportamiento diario, porque amor con amor se paga. Si Dios no deja de hacernos el bien, nosotros tendremos que hacer lo mismo. Debemos abandonar nuestra vida de pecado para empezar a vivir la vida cristiana. Habiendo dejado a un lado los robos, los adulterios, los abortos, el alcoholismo, los suicidios, los chismes, las mentiras, los divorcios y la vida pagana, comencemos a vivir la vida cristiana a plenitud, dediquémonos a hacer el bien, comencemos a practicar la misericordia y llenemos Baracoa de amor. No olvidemos lo que nos enseña el apóstol Santiago: “Habrá un  juicio sin misericordia para quien no practicó la misericordia” (St. 2,  12)

Los cristianos seguimos las enseñanzas de Jesucristo. Los cristianos estamos llamados a vivir  una religión completa y auténtica, interior y exterior, de fe y obras, de culto y vida, de  fe y  conducta. Jesús dice no a una religión que pase por alto al hombre y el amor al hermano.

Se equivoca quien piensa que la Iglesia es sólo para el culto,  que un  título de Basílica es sólo para lo relacionado con el culto, olvidando su dimensión misionera y caritativa o de misericordia. Una cosa, por ejemplo, es tener libertad de culto y otra el tener libertad de religión. Libertad de culto es poder reunirnos para celebrar la Misa, rezar el rosario, recibir la comunión, confesarnos, etc. Libertad de religión es poder educar a los hijos en la escuela religiosa que los padres deseen, es poder anunciar el evangelio por la prensa, la radio y la televisión, es poder manifestar públicamente la fe sin temor a represalias, desconfianzas o a que se considere al creyente como alguien no-confiable o sospechoso. La libertad de religión no es un privilegio sino un derecho de los creyentes que todo país debe garantizar.

Lo que nos corresponderá a los cristianos es ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos, entre liturgia y vida, entre fe  y vida.

Pongamos un  ejemplo: Supongamos que mañana se distribuye en Baracoa una copia del Código del Tránsito para cada baracoeso. Pero resulta que, al final del año, los accidentes del tránsito, en vez de disminuir, aumentaron. 
Conclusión: los baracoesos sabíamos lo que teníamos que cumplir, pero no lo cumplimos. A eso se le llama ser incoherentes. También  hoy día hay muchas, muchísimas biblias en Baracoa. ¡Nunca ha habido tantas Biblias en Cuba como hoy día! Y eso tendría que notarse en  nuestras actuaciones diarias. Por eso les cuento esta anécdota, especial para quienes creemos en  Dios, tenemos una  Biblia en nuestra casa y debemos seguir sus enseñanzas.
Queridos hijos e hijas: Nuestra Iglesia de Baracoa es ya una Basílica Menor. Y nuestra respuesta agradecida debe ser muy clara: si tenemos fe, ¡que se nos note! Si decimos que Dios debe ser el primero, ¡que se nos note! Si predicamos el amor al prójimo, ¡que se nos note! Si queremos que la gente aprenda a perdonar, ¡que seamos los primeros en  hacerlo! ¡Enseñemos a las nuevas generaciones que la grandeza de una mujer no se mide por el  número de abortos, o por la cantidad de vestidos y zapatos que tenga, o por la  belleza de su rostro! ¡Unamos a  una  Basílica Menor, un Amor Mayor!
Queridos baracoesos todos: Quiero recordarles, una vez más, lo que les dije, en aquella preciosa tarde como ésta cuando nos visitó la imagen peregrina de la Virgen de la Caridad:  

·       Los cubanos necesitamos de Baracoa para recordar nuestras raíces y para que no nos avergoncemos de nuestros orígenes, de nuestros caciques Hatuey y Guamá.

·       Cuba necesita de la Asunción de Baracoa para no olvidar cómo debe ser un pueblo de sencillo, humilde, cordial, cortés, hospitalario y apegado a la familia. Y de cómo un pueblo debe saber sobreponerse a las mil vicisitudes por las que ha pasado en su larga historia.

·       Cuba necesita de la naturaleza virgen, los limpios ríos y frondosos árboles de la Asunción de Baracoa, única en animales y plantas, para que el resto de Cuba pida perdón por haber contaminado tanta agua y arrasado tantos bosques.

·       Cuba necesita conservar su originalidad y sus tradiciones, como las ha sabido conservar la Asunción de Baracoa, con su devoción a la Virgen, su café, sus cocos y su cacao, sus cucuruchos, sus tetíes, su bacán, su frangollo, su tulanga y sus polimitas. Es muy importante que el turismo extranjero ayude, pero no corrompa a Baracoa. Que los jóvenes baracoesos nunca negocien su dignidad y sean ejemplo ante todos.

·       Cuba necesita que Baracoa cuide celosamente esta Cruz de la Parra, única que se conserva de las 29 cruces que plantó Colón en sus cuatro viajes a través de América. Esta Cruz de la Parra que debe recordar a cada cubano nuestras raíces cristianas.

Que la Virgen María de la Asunción vele celosamente por cada uno de los que aquí viven, por sus autoridades aquí presentes y por los que trabajan por este pueblo de Baracoa.

Baracoa, como dice su escudo, es la “más pequeña de las ciudades de Cuba, pero la primera en el tiempo”.  

Rezamos para que Baracoa, la ciudad primada de Cuba, sea también la primera en la fe, la esperanza y el amor.

Que así sea.

Remitido por Ramón Ramos

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