2 de septiembre de 2012

ADIÓS A LAS BOMBILLAS INCANDESCENTES


 
Adiós a las bombillas incandescentes

Los europeos pueden irse despidiendo de las bombillas tradicionales incandescentes. Esas, con filamento de tungsteno en su interior y que producen luz amarilla y cálida, oficialmente dejaron de fabricarse ayer 1 de septiembre en cumplimiento de una directiva europea. No es una orden que se realiza de golpe, sino que estos focos se han venido eliminando del mercado desde 2009, 2010 y 2011. Primero las de 100 vatios, después las de 75 vatios y 60, y ahora es el turno de las bombillas de 40 y 25 vatios.

La visión de Alva Edison
Han pasado 133 años desde que Thomas Alva Edison comercializara la primera bombilla en 1879. Sí, la comercializó, pero no fue su creador original. Todo comenzó en 1809 con Humphry Davy, un químico inglés que produjo la primera luz eléctrica al conectar dos cables unidos por una tira de carbón a una batería. El carbón al cargarse de energía se calentaba y brillaba.

En 1850, Edward Shepard inventó una lámpara de arco eléctrico incandescente con un filamento de carbón y en 1854 un relojero alemán colocó el circuito dentro de una ampolla de vidrio. Henry Woodward y Evans Matthew en 1875 patentaron la primera bombilla, pero al no tener éxito comercial, cedieron los derechos en 1879 a Thomas Alva Edison, quien hizo que el filamento de carbón ardiera durante 40 horas dentro de una bombilla sin oxígeno. En 1880 Edison hizo que el foco durara hasta 1200 horas. El resto es historia.

Lo malo de estas bombillas es que son poco eficientes y con su sustitución se ahorraría hasta un 20% de energía. «Las bombillas incandescentes no contaminan más o gastan más energía sino que son menos eficientes ya que necesitan más cantidad de electricidad para crear luz», explica Xavier Perpinyà, coordinador español del proyecto «Consumerising solid-state lighting

«En una bombilla de 60 vatios los electrones van pasando por los filamentos, empieza un proceso de termoiónica y por esto vemos luz. En este proceso se consume mucha energía y por ejemplo, una bombilla de 60v tiene el mismo rendimiento de una bombilla fluorescente de 10v», señala el investigador.

Presente, bajo consumo

Actualmente la Unión Europea recomienda (y permite) utilizar bombillas incandescentes mejoradas, que tienen la forma y el casquillo de las tradicionales pero dentro, el filamento está recubierto por una cápsula halógena o de xenón y consumen menos energía.

La siguiente opción para ahorrar son las bombillas fluorescentes compactas. En 1900  Peter Cooper Hewitt patentó la lámpara de vapor de mercurio y casi 40 años después la General Electric y la Westinghouse presentaron lámparas blancas y de descargas de baja presión de mercurio revestidas con fósforo. Crearon la lámpara fluorescente que emplea fotoluminiscencia excitada por emisión UV de mercurio y es mucho más eficiente que la lámpara incandescente, señala Michael S. Shur en su trabajo «Solid-State Lighting: Toward Superior Illumination».

Según la UE, lo mejor son las bombillas fluorescentes compactas, que vienen en diferentes tamaños y necesitan entre el 65% y el 80% menos de energía que las tradicionales. Pero tienen cosas en contra. «En las fluorescentes la corriente de luz no es continua y se producen destellos, ya que no hay una corrección de la corriente. Estos destellos o flashes cansan la vista», explica Perpinyà. Un hogar con bombillas eficientes ahorraría hasta un 15% del precio en el recibo de la luz, que se traduce en 25 a 50 euros anuales. Se espera que para 2020 se dejarán de emitir hasta 15  millones de toneladas de CO2 al año.

 

LED: MAS EFICACIA A MAYOR PRECIO

Las bombillas LED (Light Emitting Diode) tienen un diodo semiconductor que emite luz. «Es un componente sólido que solo con el hecho de que pase corriente a través de ese material produce luz. Se regula con un elemento llamado Driver», señala Perpinyà. Para los expertos y la Unión Europea, estas bombillas son el futuro próximo, ya que producen más lúmenes ( flujo luminoso) por vatio que las demás y por esto son más eficientes. Permiten controlar la intensidad de la luz y pueden reproducir un haz de un color específico con filtros adicionales. Se encienden rápidamente, a diferencia de las bombillas fluorescentes, y tienen una duración de 25.000 horas, frente a las 1.200 de la bombilla incandescente o las 10.000 de las compactas.

Tampoco tienen mercurio, y por tanto son menos contaminantes. Su principal inconveniente es el precio. Una bombilla de 25v a 60 v de última generación cuesta entre 15 y 70 euros.
Fuente: Andrea Fernández, ABC, Madrid

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