17 de mayo de 2016

Del dicho al hecho, no va mucho trecho


Del dicho al hecho,
no va mucho trecho

Marlene María Pérez Mateo
 
Libro de los Proverbios, Antiguo Testamento
La literatura sapiencial saturada de historias, mitos, personajes y sobre todo gran saber, es parte de todo pueblo. En el saber popular se crece: “Vox populus, vox Deus”. Es esta sencilla, pero para mi entrañable reseña,  un viaje por su razón y origen en la patria cubana, y en las muchas patrias que a ella dieron origen. “La sabiduría viene llamando por las calles y levanta su voz en las plazas”, nos recuerda un  versículo bíblico (Pro 1, 20). Así sea.

“El que fue a Sevilla perdió la silla”
Catedral de Sevilla

   «Fagamos una Iglesia tan hermosa y tan grandiosa que los que la vieren nos tengan por locos» aseguraron en 1401 los canónigos  de la que en 1507 se alzara y desde entonces hasta nuestros días como Catedral de Sevilla, España. Su sentencia no pudo ser mas cierta, pues la edificación es considerada la mayor catedral gótica del mundo y la tercera en dimensiones de la cristiandad. Tal colosal obra fue la sede y razón del nacimiento de un antiguo y aun usado refrán.

   Corría el año 1454 y la cabeza del arzobispado hispalense era ocupada por Alonso de Fonseca y Ulloa (1418-1473). Según el escriba Diego Enriquez y Castillo en sus “Crónicas del Rey Enrique IV”, en 1460 quedó vacante el obispado de Santiago de Compostela y moviendo sus influencias el obispo sevillano logró para su sobrino-nieto Alonso de Fonseca y Acevedo -por entonces deán en Sevilla- fuera promovido para el alto puesto clerical.

   Con gran esfuerzo se cumplió el objetivo, pero al parecer el nuevo prelado carecía de diplomacia, tacto y habilidad: en fin era sumamente torpe. La aristocracia gallega a la sazón se rebeló y tras enfrentamientos violentos le tomaron preso por dos años, alcanzando la libertad luego del pago de un rescate y la intervención oportuna de su tío.

   Este último se ofreció a intercambiar las sedes arzobispales para zanjar cualquier diferencia. La idea fue bienvenida y la paz llegó a Galicia, en manos ahora si de un líder diligente y capaz. Cuando ya todo estuvo resuelto, el viejo obispo quiso deshacer el trueque y regresar a su posición inicial, a lo que el malagradecido sobrino respondió: «Quien se fue de Sevilla perdió la silla». Él se resistía a abandonar un lugar tranquilo, lujoso, ya establecido.  Solo la intervención armada por orden del Rey, luego de la del Papa Pío II, lograron poner a cada cual en su sitio y hacer justicia.

   La voz popular logró poner la expresión del malogrado obispo en moda hasta nuestros días, haciéndola incluso cruzar el Atlántico. Ha habido un cambio preposicional del “de” por “a”, en el fraseo de la expresión. En Cuba se le ha adicionado una segunda parte: “…y el que fue a Morón perdió el sillón”.

   El significado sigue siendo el mismo, esencialmente sentencia que el abandonar una posición implica la improbabilidad de su recuperación y de todos los beneficios a que ella acarrea. 

16 de mayo de 2016

Los 400 milagros que elevaron a los altares a un labrador madrileño

El milagro del pozo de san Isidro,
Alonso Cano, Museo del Prado
 
 
Los 400 milagros
que elevaron a los altares
a un labrador madrileño
C. Cervera
  
San Isidro labrador no fue beatificado hasta el siglo XVII, pero no cabe duda, a la vista del fervor popular, que siempre arrastró este labriego mozárabe fama de que fue un personaje destacado en su tiempo, el Madrid de influencia musulmana del siglo XI.  Así, en un tiempo repleto de santos procedentes del clero y la nobleza, emergió la excepcional figura de un laico de orígenes humildes casado con una mujer que también llegaría a santa.

Como suele ocurrir con todos los santos medievales, el mito y la realidad confluyen en su biografía sin que sea posible saber dónde empieza uno y donde acaba otro. Isidro nació en torno al año 1082, poco antes de que el territorio madrileño pasara a manos cristianas, y lo hizo en el Mayrit [Madrid actual] musulmán. Siguiendo la estela de los visigodos, los musulmanes establecieron un asentamiento fijo en el centro de la meseta debido a su abundancia de agua y de otros recursos. Es por ello paradójico que la ciudad del agua –conocida desde los tiempos de los visigodos por el enorme acuífero que atraviesa el subsuelo madrileño– diera luz al santo labriego que tantos milagros realizó vinculados al líquido elemento.

Según estos testimonios, la infancia de San Isidro transcurrió en los arrabales de San Andrés, en lo que hoy es el céntrico Barrio de La Latina, pero la inestabilidad militar en Madrid –que seguía siendo un objetivo recurrente de los musulmanes– obligó a la familia del santo a trasladarse a Torrelaguna, donde se dice que conoció a su mujer, María Toribia, la cual también alcanzaría la santidad con el nombre de María de la Cabeza. En su edad adulta, Isidro aparece en el códice como un humilde siervo, laico, labrador incansable, casado, padre preocupado y que trabajaba con sus propias manos en campos ajenos.

«Isidro no abría pozo del que no manase abundante caudal, aun tratándose de tierras secas», afirma el códice sobre el tipo de milagro más abundante de entre los 400 que se le achacan: encontrar agua incluso en las zonas más angostas. Como prueba de ello, hizo brotar un manantial de un campo seco en una ocasión con solo un golpe de báculo, abasteciendo a Madrid en un año de sequía. Otros milagros reseñables del hombre nacido en la «Matriz de aguas» (Madrid) también tuvieron al líquido elemento por protagonista: como cuando salvó a su hijo único que había caído en un profundo pozo o cuando permitió a su esposa María pasar a pie enjuto sobre el río Jarama y así librarse de los infundios de infidelidad que contra ella lanzaban las gentes.

El Santo de Felipe II

Isidro Labrador falleció en el año 1172 y su cadáver se enterró supuestamente en el cementerio de la Iglesia de San Andrés dentro del arrabal donde había nacido. Uno de sus milagros póstumos más famosos fue el de guiar –junto a otros santos– a las tropas castellanas en la victoria de Las Navas de Tolosa contra el ejército Almohade. Por ello, el Rey Alfonso VIII levantó una capilla en su honor en la iglesia de San Andrés y colocó su cuerpo incorrupto en la llamada arca «mosaica». Desde entonces, el fervor del pueblo por el milagroso pocero no dejó de aumentar y su vida fue difundida de forma oral hasta que Felipe II trasladó la capital del reino a Madrid y mostró interés en recopilar su historia de forma escrita.

En el siglo XVI, las autoridades eclesiásticas plantearon la posibilidad real de canonizar a Isidro Labrador ante la insistencia de Felipe II, quien, como otros muchos miembros de la Familia Real española, recurrió en varias ocasiones a las aguas del santo madrileño en busca de la curación de sus enfermedades. Finalmente, fue beatificado por Paulo V en 1618 y canonizado por Gregorio XV en 1622, cuando se aprobó su Patronazgo sobre la Villa y Corte de Madrid. En la actualidad, los restos del santo se encuentran en el retablo central de la colegiata de San Isidro.   

  Publicado originalmente en ABC, Madrid.

15 de mayo de 2016

Pentecostés, entender y vivir la liturgia


 
Pentecostés,
Entender y vivir la liturgia


Este domingo la Iglesia celebra la Fiesta de Pentecostés, día en que se cumplió la promesa de Cristo a los apóstoles de que el Padre enviaría al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizadora. Para comprender más de esta fecha, aquí presentamos ocho claves:

1) ¿Qué significa la palabra “Pentecostés”?

Proviene de la palabra griega pentecoste que significa "quincuagésimo", 50º.  

2) ¿Qué otros nombres tiene esta festividad?

La fiesta de las semanas
La fiesta de la cosecha
El día de los primeros frutos

Hoy en día en los círculos judíos se le conoce como “Shavu`ot” (en hebreo, "semanas"). Además, se le conoce con diferentes nombres en varios idiomas. En los países de habla inglesa también se le ha conocido como "Whitsunday" (Domingo Blanco), nombre que se deriva probablemente de las prendas blancas de los recién bautizados.

3. ¿Qué clase de fiesta fue Pentecostés en el Antiguo Testamento?

Fue un festival para la cosecha y significaba que esta estaba llegando a su fin. Deuteronomio 16 dice:

“Luego contarás siete semanas; las contarás desde el día en que comiences a cortar el trigo. Entonces celebrarás la fiesta de las Siete Semanas a Yahvé, tu Dios, haciéndole ofrendas voluntarias según lo que hayas cosechado por la gracia de Yahvé, tu Dios”. (Dt. 16:9-10)

4. ¿Qué representa Pentecostés en el Nuevo Testamento?

Representa el cumplimiento de la promesa de Cristo al final del Evangelio de San Lucas:

“Les dijo: ‘Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. Ustedes son testigos de todo esto. Ahora yo voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de arriba’”. (Lc. 24:46-49)

5. ¿Cómo es simbolizado el Espíritu Santo en los eventos del día de Pentecostés?

Hechos 2 nos recuerda:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y fueron posándose sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que se expresaran”.

Este pasaje contiene dos símbolos del Espíritu Santo y su actividad: el viento y el fuego.

El viento es un símbolo básico del Espíritu Santo; la palabra griega que significa "Espíritu" (Pneuma) también significa "viento" y "aliento". Aunque el término usado para "viento" en este pasaje es pnoe (un término relacionado con pneuma), al lector se le da a entender la conexión entre el viento fuerte y el Espíritu Santo.

En relación al símbolo del fuego el el Catecismo  señala:

Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la vida  dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo.
 
El profeta Elías escribió  que “surgió […] como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha” (Si 48, 1), con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo (cf. 1 R 18, 38-39), figura del fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista, “que precede al Señor con el espíritu y el poder de Elías” (Lc 1, 17), anuncia a Cristo como el que “bautizará en el Espíritu Santo y el fuego” (Lc 3, 16), Espíritu del cual Jesús dirá: “He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviese encendido!” (Lc 12, 49).

En forma de lenguas “como de fuego” se posó el Espíritu Santo sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él (Hch 2, 3-4). La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo (cf. San Juan de la Cruz, Llama de amor viva).  “No extingáis el Espíritu” (1 Ts 5, 19). (CIC 696)  

6. ¿Hay una conexión entre las "lenguas" de fuego y el hablar en otras "lenguas" en este pasaje?

Sí. En ambos casos la palabra griega para "lenguas" es la misma (glossai), y el lector está destinado a entender la conexión.

La palabra "lengua" se utiliza para significar tanto una “llama (fuego)” como “lenguaje”.

Las "lenguas como de fuego" que se distribuyen y se almacenan sobre los discípulos, provocan que empiecen a hablar milagrosamente en "otras lenguas" (es decir, los idiomas)

Ese es el resultado de la acción del Espíritu Santo, representado por el fuego.

7. ¿Quién es el Espíritu Santo?

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo es la "Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal.

8. ¿Qué significa la fiesta de Pentecostés para los cristianos?

La solemnidad de Pentecostés es una de las más importantes en el calendario de la Iglesia y contiene una rica profundidad de significado. De esta forma lo resumió Benedicto XVI el 27 de mayo de 2012:  

“Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo (cf. Hch 2, 1-11). Jesús, después de resucitar y subir al cielo, envía a la Iglesia su Espíritu para que cada cristiano pueda participar en su misma vida divina y se convierta en su testigo en el mundo. El Espíritu Santo, irrumpiendo en la historia, derrota su aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece en nosotros la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo”.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en Natural Catholic Register. Reproducido de ACIprensa.   

14 de mayo de 2016

LA REINA QUE TUVO QUE COMPRAR LA MITAD DEL MUSEO DEL PRADO

La Reina que tuvo que comprar
con su dinero
la mitad del Museo del Prado

Nunca España se lo ha agradecido bastante. Y es que es muy difícil mencionar el nombre de esta Reina sin que alguien desvíe la conversación hacia sus escándalos amorosos, relatados ya tantas veces que llegan a aburrir. Pero Isabel II no sólo amó; también reinó, con sus errores y sus aciertos.

Una de sus decisiones más trascendentes fue el gran gesto de generosidad que esta Reina hizo hace 150 años para mantener unida la colección de pinturas que ella y su hermana, la Infanta Luisa Fernanda, habían heredado de su padre, Fernando VII, y de sus antepasados.

El Rey difunto había trasladado más de tres mil cuadros desde sus Palacios al Real Museo del paseo del Prado, para que pudieran ser contemplados, pero los cuadros seguían siendo de su propiedad.
 
Al morir, Fernando VII dejó un quinto de su herencia a su esposa, la Reina María Cristina, y el resto, a partes iguales, a sus dos hijas. Si cada una se llevaba lo que le correspondía, la maravillosa colección de pintura que habían reunido los Reyes de España, desde tiempos de Isabel La Católica, acabaría dividida.

La solución la propuso el duque de Híjar, director del Real Museo, quien sugirió que Isabel II comprara con su dinero las partes de su madre y de su hermana. La colección de pinturas y obras de arte fue tasada en 152 millones de reales, e Isabel tuvo que afrontar este elevado gasto, con lo que salió muy perjudicada en el reparto. Más aún, cuando poco después se aprobó una ley, a petición suya, que distinguía sus propiedades personales y las propiedades de la Corona, que hasta entonces formaban una misma cosa.

El Real Museo del Prado  pasó a formar parte del patrimonio de la Corona. Lo que había comprado meses antes a su hermana y a su madre dejaba de ser suyo, pero la colección de pintura permanecía unida.

Tres años después, estalló la Revolución de 1868, Isabel partió al exilio y los bienes de la Corona fueron nacionalizados, aunque con el paso del tiempo todos ellos se mantuvieron al servicio de la Familia Real y hoy forman parte del Patrimonio Nacional de España.  La única excepción fue el Museo del Prado, que se le retiró a la Corona y pasó a depender del Estado (primero del Ministerio de Hacienda y ahora del de Cultura).

En el exilio, Isabel II tuvo que vender valiosas joyas para mantener a la Familia Real. Para ella, la compra de los cuadros fue un mal negocio personal, pero a España no le pudo dejar un mejor legado. Aunque 150 años después, los dos millones y medio de personas que cada año visitan el Museo Nacional del   Prado pasen ante su cuadro ignorando su sacrificio.

Fuente: Amudena Martínez-Fornés, abc, Madrid
Ilustración: Óleo de Federico Madrazo, Museo del Prado

12 de mayo de 2016

Historia de la cerveza en Cuba

Historia de la Cerveza en Cuba

Ana Dolores García

Las primeras cervezas que degustaron criollos y españoles en Cuba fueron inglesas y llegaban a nuestra isla contrabandeadas desde Jamaica a través de la provincia oriental cubana. Su consumo no era muy notable pero  luego, allá por el año 1762 cuando  la capital de la colonia y su importante puerto fueron ocupados por Ingleterra, -que por aquel entonces sostenía una guerra con España-, la importación de cerveza inglesa se hizo legal y su consumo se tornó mas fácil.

En tal sentido se cuenta que “con esta medida, la cerveza inglesa entró en grandes cantidades… Curiosamente y de acuerdo con la prensa de la época, las damas se inclinaban por la marca británica “Ale”: suave, clara y -segun decían- beneficiosa para los males de estómago. De cualquier forma, era de las cervezas de mayor demanda junto con la “Cabeza de Perro”, también inglesa, preferidas entre aquel amplio muestrario de mas de cien marcas distintas. Otra de las que gozaba grandemente del gusto de los bebedores era la “Tennet Lager”, a tal extremo que en la isla se hizo popular el nombrar simplemente “laguer” a la cerveza.

La historia de una cerveza hecha en Cuba no comenzó sino hasta el año 1841 al surgir en La Habana una pequeña cervecería en la que se intentó sustituir la cebada, elemento de necesaria importación y esencial de esta bebida,  por el jugo de la caña de azúcar, experimento que resultó fallido. Existió también otra pequeña cervecería en la ciudad de Cárdenas, en la costa norte de la provincia de Matanzas que, aunque logró subsistir hasta 1883, tampoco pudo competir con las cervezas importadas.

La subida de los impuestos a las cervezas de importación creó un prospecto más halagüeño para la industria local y permitió que surgiera  en Marianao, en el área conocida ya desde entonces como “Puentes Grandes”, una nueva fábrica de cerveza en 1888.

Fue en realidad el inicio feliz de una pujante industria cervecera que, aunque su producto inicial no se distinguió precisamente por una buena calidad, esta se mejoró prontamente con la ayuda de maestros europeos.  

Su fundador fue un español natural de “La Mortera” en el Valle del Piélago en Cantabria, Ramón Herrera Sancibrián, quien junto a su familia se instaló en La Habana a finales del siglo XIX.  Don Ramón dirigió primeramente sus actividades empresariales a la industria naviera, y luego compró en Puentes Grandes una fábrica de hielo que llamó “La Nueva Fábrica de Hielo S.A,”. También era de su propiedad otra antigua fábrica de hielo en el barrio de Palatino, que luego fusionó con la Nueva Fábrica de Hielo de Puentes Grandes. Sus descendientes adquirieron  de su propietario Andrés Fernández, la “Tropical”, que ampliaron y modernizaron, y lanzaron una nueva  “Tropical” que superando su pobre calidad inicial llegó a obtener primeros premios en Exposiciones internacionales europeas en sus distintas variedades: Tropical Clara, Tropical Oscura Excélsior,  una cerveza clara que se llamó “Cristal Palatino”, cerveza tipo Munich oscura “Tivoli”, y la “Maltina Tívoli”. La empresa de la familia Blanco Herrera continuó extendiéndose mediante la adquisición de la “Havana Brewery”, y la produción de la marca Tivoli.

La cerveza Cristal fue poco a poco ganando en preferencia a la Tropical aunque fueran elaboradas por la misma empresa. Porque tal como la anunciaban, era “clara, ligera y sabrosa”.
Al arribo del castrismo, todas las empresas privadas fueron confiscadas por el gobierno. No fue hasta el año 1997 que la Cristal reapareció comercializada por la compañía Bucanero S.A. y la entidad canadiense Cerbuco Brewing Inc., subsidiaria de la Compañía Belga Interbrew NV.  
Fue también en Puentes Grandes donde comenzó a producirse la segunda de las más populares cervezas de Cuba, la Polar, en el año 1911. Sus propietarios, secundados por la Beer Company International, fueron unos catalanes radicados en Cuba, la familia Zorrilla y Giraudier. El lema publicitario que explotaron hasta que dejó de producirse por igual motivo que las otras cervezas cubanas existentes fue: “La cerveza del pueblo, y el pueblo nunca se equivoca”.

Una nueva cerveza surgió en el mercado cubano en 1927. La presentaban Emilio Bacardí y su gran empresa elaboradora del mundialmente famoso Ron Bacardí. Fue la cerveza Hatuey, que por su calidad y la inteligente publicidad con que fue lanzada, pronto se convirtió en la preferida del 50% del los bebedores cubanos. Se elaboraba en la Planta Modelo del Cotorro y la de Manacas en Las Villas. Fue “la gran cerveza de Cuba”.

Otros cervezas que se venden en la Cuba actual: Bucanero, Tínima, Guamá, Varadero, Cacique, Mayabeque…

11 de mayo de 2016

Miguel de Cervantes: 4º Centenario de su llegada a la Historia

Miguel de Cervantes,
Cuarto Centenario de su llegada a la Historia

Nicolás del Hierro

El 23 de abril de 1616, Miguel de Cervantes se despedía de la vida. Se le quebraban las cadenas del ser y el existir para pasar, afortunadamente, a la inmortalidad que la literatura ofrece a sus elegidos.

Su existencia personal dejaba de ser creadora en la gran parcela terrenal del idioma castellano; pero también desde aquel mismo día la virtud de su palabra escrita impulsaría con mayor fuerza la hasta entonces impecable altura que, desde lustros atrás, ya hubiera comenzado a ser el trampolín que agigantara la perpetuidad con su literatura.

No pocas veces, paradójicamente, el cuerpo de la persona donde radica el genio ha de tragárselo la tierra para que el nombre del mismo se prolongue en la constancia a través de su quehacer anterior.

Aquel luchador de Lepanto, presidiario, cobrador de alcabalas, buena persona y permanente buscavidas, magnífico prosista, ponedor de su propio pensamiento humano en el cerebro y labios de un tranquilo neurótico, aquel “famosillo” entrecomillado, junto a famosos de turno que, como poeta, mintiera asegurando que fuera ésta, la ciencia del verso, “una gracia que no quiso darle el cielo”, le bastó sola su mano derecha para escribir la mejor prosa española que haya dado jamás la literatura en nuestro idioma.

Perdonad que me cite en uno de mis ya antiguos sonetos dedicados al genio cervantino; un soneto que repite su auto-rima:

 De una mano tan sólo, de la mano
tan sólo con que el hombre, el escritor,
se sirve cuando escribe, cuánto amor
pudo salir, Cervantes, de una mano.

No hacía falta más, sólo tu mano
derecha y tu cerebro soñador,
soñando que la vida y su dolor
estaban al alcance de tu mano.

Tú eras la vida misma, la existencia,
el fruto y la razón, eras conciencia,
de noble humanidad, eras el brote

más puro del amor, naturaleza,
la poesía misma, la grandeza…
Y te nos diste todo en Don Quijote.

Esto, que sucedió con don Miguel, no es una excepción ni mucho menos, pero sí lo es un vivo ejemplo, un gran ejemplo. La segunda parte de El Quijote, sumó y acrecentó el acierto que ya obtuvo en la primera, no sólo por el éxito editorial sino también por lo que suponía la corona literaria del escritor casi septuagenario, que había peleado durante toda su vida entre las luchas de guerra, las sociales y las del espíritu, pero sobre todos con las económicas, dentro siempre del duro resultado que la cruda existencia le proporcionó en los personales campos de todas sus batallas, y cuyos ecos triunfales le llegaban postrado en un sillón donde, todavía, el escritor incombustible y nato, daba los postreros retoques a la última de sus novelas, “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, cifrando en ella sus mayores esperanzas, pero harto convencido de que aquello era el final de su existir. No en vano su confesional apoyo sobre los versos de antiguas coplas en la dedicatoria que, desde esta obra, hizo al conde de Lemos:

      “Puesto ya el pie en el estribo,
 con las ansias de la muerte,
 gran señor, ésta te escribo...

Premonitorio, y adivinando cercana su terrenal despedida, lo escribiría en su casa de la madrileña calle de León, en el hoy “Barrio de las Letras”, o de “las Musas”, barrio que hicieron inmortal las triunfadoras obras literarias que salieron de mentes y de plumas, de dramaturgos, poetas y escritores que en aquel Siglo de Oro español lo habitaron, nombres y apellidos tan ilustres como fueron y son Lope de Vega, Quevedo y el propio Miguel de Cervantes, entre otros, aseverando los investigadores y biógrafos de éste que tal dedicatoria al Conde resultó ser lo último escrito por el “Príncipe de las Letras”, muy pocos días antes de aquel infausto 23 de abril, cuyas cercanas, próximas y nominadas calles podemos recorrer aún cualquier día, incluso visitar la casa donde alguno de ellos próceres habitara entonces.

Lo cierto es que, de una u otra forma, una vez más la desidia nacional y el generalizado poco aprecio de los valores personales en los momentos de la existencia de quienes están dotados de méritos para una mayor atención con su persona, sus restos quedaron confundidos en el osario común, casi imposible de identificar cuando el nombre se inmortalizó a través de la obra y quisieron recuperarse.

Sí quedó a buen recaudo el manuscrito de “Los trabajos de Persiles y Segismunda”, en los que tantas esperanzas había puesto Cervantes, terminados como estaban y en vías, entonces, de hallar el privilegio necesario para su publicación, que pronta y afortunadamente consiguiera su viuda doña Catalina Salazar y Palacios y que vendiera a Villarroel.

 La obra apareció en librerías en los primeros días de 1617, alcanzando desde el primer momento tal popularidad, que aquel año se hicieron siete ediciones de la misma. Pero luego, como es bien sabido, la generalizada, extensa y maravillosa obra cervantina, quedaría minimizada ante la magnitud y grandeza de “Don Quijote de La Mancha”, imponiéndose en el mundo de las traducciones, publicaciones y lecturas. 

Se dice, y es la pura verdad, que el mejor homenaje que podemos hacerle a un autor, vivo o ya no entre nosotros, es leerle en sus obras.

Por ello, cuando de nuevo el 23 de abril celebremos el Día del libro y con él el de Cervantes, o lo que supone mayor fuerza aún, el mismo día en el que ya vayan a cumplirse o se hayan cumplido cuatro centurias de tres importantes eventos literarios en la vida y en la obra del mejor y más universal prosista que hayamos tenido en nuestro idioma (obran completa de Don Quijote: 1615; fallecimiento del escritor: 1616, y publicación de Los trabajos de Persiles y Segismunda: 1617).

No deberíamos dejar de ejercer este ejemplo en la extensión de su obra y a través suyo, porque amplio es el mundo de las bibliotecas, inmenso el de las librerías, o lo que hoy nos impulsa con mayor fuerza, la digitalización de los libros y la fecunda publicación de tan inmortales y conocidos títulos.

No dejemos, pues, de viajar por ellas, de visitar unas y otras, abordando con un diálogo entre todos, los ambientes, medios y modos para llegar a la mejor lectura en castellano que mantienen los siglos.
 
Publicado originalmente en la Revista La Alcazaba:
Todos los derechos son reservados por el autor o los autores

28 de abril de 2016

Sobre el nuevo Arzobispo de La Habana


Sobre el nuevo Arzobispo de La Habana

Roberto de Jesus Quiñones Aces
Cubanet.

GUANTÁNAMO, Cuba.- Ayer martes 26 de abril del 2016 el arzobispado de La Habana informó que el papa Francisco nombró como nuevo arzobispo de La Habana al monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, que hasta ese momento se desempeñaba como Arzobispo de Camagüey.

Juan de la Caridad García Rodríguez pronto cumplirá 68 años. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario San Basilio de El Cobre y en el Seminario Mayor de San Carlos y San Ambrosio en La Habana. Fue ordenado sacerdote el 25 de enero de 1972 y su ejercicio pastoral ha estado constreñido hasta ahora a las diócesis de Ciego de Ávila y Camagüey, en las parroquias de Morón, Ciego de Ávila y Jatibonico. También fue vicario en la vicaría Ciego de Ávila-Morón. En 1989 fue nombrado párroco de Florida. Fundó y dirigió la escuela para misioneros de la diócesis de Camagüey.

El 15 de marzo de 1997 fue nombrado obispo auxiliar de Camagüey y recibió la ordenación episcopal el 7 de junio de ese año. El 10 de junio del 2002 fue nombrado arzobispo de Camagüey.

Un suceso importante para la Iglesia Católica Cubana

Este nombramiento se produce a consecuencia de la renuncia que el cardenal Jaime Ortega y Alamino presentó a su santidad el papa Benedicto XVI el 18 de octubre del 2011 y que ahora se ha hecho efectiva.

Aún se desconoce la fecha en que el nuevo arzobispo tomará posesión de su cargo pero no es un secreto que su nombramiento ha ocurrido en una coyuntura muy difícil para nuestra patria, en la que confluyen tres circunstancias ineludibles: 1) El nuevo contexto político creado entre Cuba y EEUU luego del restablecimiento de las relaciones diplomáticas; 2) El recién terminado   Séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba y el anuncio de cambios hecho por la cúpula gobernante y 3) El éxodo indetenible de los cubanos, unido al creciente descontento popular y a la progresiva fortaleza de la oposición pacífica.

La Iglesia católica cubana aspira a recuperar espacios que le han estado vedados desde 1959. Constituyen anhelos irrenunciables del laicado católico —compartidos por hermanos cristianos de otras denominaciones— que sus hijos puedan estudiar en colegios religiosos y que todos los cristianos contemos con los medios de comunicación que ayuden a la formación de nuestras familias. Ambos son derechos humanos violados sistemáticamente por el gobierno cubano.

A pesar de tener una agenda muy apretada, el monseñor Wilfredo Pino Estévez, obispo de la diócesis Guantánamo-Baracoa y sacerdote camagüeyano que trabajó con Juan de la Caridad, tuvo la gentileza de responder algunas preguntas a Cubanet relacionadas con este importante suceso para la Iglesia católica cubana:

Pregunta: El nombramiento del monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez como arzobispo de La Habana ha tenido gran repercusión. Usted trabajó con él en la archidiócesis de Camagüey, ¿qué cualidades cree que distinguen al monseñor Juan? ¿Lo sorprendió este nombramiento?

Respuesta: Monseñor Juan es el hombre de la misión y de la caridad. Son dos cualidades que lo distinguen por encima de otras más que tiene. Su lema es la conocida expresión de San Pablo: “Ay de mí si no evangelizo”. Ciertamente es un hombre que no descansa, que busca llegar con el evangelio a todos los rincones posibles de nuestra geografía y que, para ello, invita a todos a ir de misión con él. Es misionero las 24 horas del día y los 365 días del año. Por otra parte, vive preocupado y ocupado en lo que se refiere a los necesitados de ayuda, a los enfermos, a los minusválidos, etc. Siempre anda buscando cómo alimentar a los que no tienen mucho o casi nada. Lo mismo hace gestionando pampers o medicinas.

En cuanto a que si me sorprendió este nombramiento respondo categóricamente: En lo absoluto. Yo siempre pensé que en Juan brilla de manera especial “el olor a ovejas” del que habla el Papa Francisco tan a menudo. Además, tuvo la escuela del monseñor Adolfo Rodríguez (anterior arzobispo de Camagüey), cuyo proceso de canonización va adelante. Yo no olvido las veces, cuando el monseñor Juan era el sacerdote párroco de Florida, que se iba en un camión a traer leña del monte con la que poder cocinar los dos almuerzos que preparaba cada semana para llevar a más de 200 personas necesitadas… Es un hombre, además, que se conoce todas las salas de los hospitales de los pueblos por donde ha pasado: sabe si la sala de ortopedia queda entrando a la derecha, o si cirugía está en el tercer piso… Y, aunque parezca un poco sorprendente: ¡le encanta la pelota! Y siempre que puede, la ve por televisión. Es capaz, incluso, de discutir sobre el tema con otros “peloteros”…

Pregunta: Seguramente este nombramiento hecho por el papa Francisco implicará otros movimientos dentro del Episcopado cubano y nuevos nombramientos de obispos. ¿Lo cree usted? A propósito, ¿pudiera compartir con los lectores de Cubanet cómo se nombra a un obispo, qué es lo que determina que un sacerdote sea nombrado obispo y otros no? ¿Se exige determinada edad para que un sacerdote pueda ser obispo?

Respuesta: Por supuesto que debe haber nuevos nombramientos. Ahora el papa tendrá que nombrar un nuevo obispo para Camagüey, y también está pendiente el nombramiento del obispo para Ciego de Ávila porque ya su obispo actual, monseñor Mestril, ha llegado al límite de edad y ha debido presentar su renuncia. También, en su momento habrá que nombrar otro obispo auxiliar para La Habana en sustitución de Monseñor Petit, cuya renuncia por límite de edad también fue aceptada hoy por el sumo pontífice.

Con relación a la pregunta sobre cómo se nombra un obispo y las demás: Compete a las Nunciaturas Apostólicas en cada país presentar al Santo Padre los posibles candidatos al Episcopado. Esa lista la brinda la Nunciatura al papa después de escuchar en Cuba a muchas personas y consultarlas por escrito “bajo secreto pontificio”: obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, laicos. Esto hace que el último que se enterará será el propio que es nombrado. En ese momento, el elegido es consultado, siempre bajo secreto, si acepta o no. Si su parecer es positivo, la Nunciatura informa a Roma y ya se fija una fecha y hora en que se hará público el nombramiento. En Cuba, generalmente, nos enteramos temprano, al amanecer, porque la hora que se fija son las doce del día, hora de Roma, y como tenemos seis horas de diferencia con Roma, pues nos enteramos a las 6 de la mañana. Por supuesto que el candidato debe tener ya un tiempo en que ha ejercido su labor sacerdotal.

Pregunta: Desde la visita de Juan Pablo II a Cuba el gobierno cubano y la alta representación de la Iglesia católica se han acercado, han dialogado y es conocido el papel mediador de la institución en la solución de varios conflictos. Este nombramiento se produce en un contexto histórico significativo, además de que será ejercido en La Habana, donde los conflictos sociales y políticos cada día son mayores. ¿Usted cree que el monseñor Juan de la Caridad seguirá la misma línea del cardenal Jaime Ortega y Alamino o cabe esperar de él un mayor acercamiento a los cubanos que sufren por causas políticas?

Respuesta: Acabo de leer una declaración del monseñor José Félix, secretario adjunto de nuestra conferencia de obispos, con la que estoy de acuerdo: Pienso que la relación entre Juan y el Estado será positiva. Los cambios positivos que ha registrado la relación han dependido también de circunstancias que van más allá de la misma vida de la Iglesia. Es decir, hay unas circunstancias políticas que favorecieron el que la Iglesia pudiera tener mejores espacios para cumplir su misión. Esos espacios todavía no son suficientes. Hay mucho que hacer todavía en el tema de la libertad religiosa, acceso a los medios de comunicación, así como la presencia de la Iglesia en la educación de las nuevas generaciones de cubanos.

No se trata de seguir “líneas” de tal o cual persona. El monseñor Juan va a seguir la “línea de Jesucristo y su Iglesia” que quiere que “todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. No se cansará de llamar a todos a la conversión. Estoy seguro que la gente toda lo va a sentir cercano. Y será un ejemplo para todos, como lo ha sido siempre para mí. La gente no va a olvidar sus homilías porque le habla al pueblo sencillo, y con ejemplos y anécdotas a su alcance. Fue capaz, en medio de su homilía en la solemne ordenación episcopal del Obispo de Bayamo-Manzanillo y el de Cienfuegos, de mencionar el nombre de un personaje de la novela brasileña que en ese momento se televisaba en Cuba, lo que provocó muchas risas entre los presentes. Quizás el “secreto” del monseñor Juan es que dedica mucho tiempo en las madrugadas a rezar… Sencillo, humilde, entregado al servicio de la Iglesia.