21 de noviembre de 2013

Apuntes históricos sobre "Isabel": Caligrafía y poesía árabe nazarí





Apuntes históricos sobre la serie “Isabel” de la tve
   
Caligrafía y poesía árabe nazarí: 
     Un arte al servicio de los Sultanes


Mabel Villagra (Asesora histórica de Isabel)

Lo vimos ya en un capítulo anterior, y lo volvimos a ver en el último: Boabdil escribiendo en árabe cuando es interrumpido por Aixa y Muley-Hacén. ¿Sabían escribir los reyes? ¿Cómo era la escritura árabe?

El alfabeto árabe


El alfabeto que vemos empleado por Boadbdil mientras escribe en su pergamino es el "alifato" que consta de 28 consonantes. El alfabeto árabe es una escritura ligada y cursiva, esto implica que la forma de la letra está influida por la posición que ocupa en la palabra. Se escribe de derecha a izquierda; no tiene mayúsculas y no se permite la división de la palabra a final de renglón; en cambio, es posible alargar los trazos de unión entre letras tanto como se quiera, a fin de que el texto quede alineado.

El estilo de escritura árabe más antiguo es el Cúfico (de Kufa, Iraq) desde donde se extendió al resto del mundo islámico medieval. Otro estilo popular es el Nasjí, del que deriva la escritura árabe moderna. Cada país tuvo sus estilos diferentes.

En Al-Ándalus (actual Andalucía) desde la llegada de los árabes a la época morisca (manuscritos aljamiados) se usaron también estos estilos, como podemos ver en la Alhambra o en la Mezquita de Córdoba, pero se desarrolló uno particular llamado "Magrebí-andalusí" basado en el cursivo cúfico, que acabó siendo el habitual en el día a día, siendo usado por literatos, políticos, escribanos, copistas, notarios, alfaquíes y cualquier hombre letrado. Este estilo Magrebí-andalusí es el que vemos en escena mientras Boabdil escribe y el que históricamente se nos ha conservado de su letra y puño en distintos documentos oficiales.

Los pergaminos para manuscritos (majtûtât) se usaron desde antiguo y era piel de animal curtida, normalmente cordero o vacuno, hasta dejar una fina capa que permitía escribir en ella. También en esta época existía ya el papel en Al-Ándalus, teniendo los primeros testimonios de su fabricación en Xátiva, Valencia desde el siglo XIII.

Para escribir se usaba un cálamo (qalam, en árabe) o una pluma de ave con una punta recortada que permitía hacer caligrafía árabe con diversos grosores, estilos y efectos. La tinta solía ser de varios colores: normalmente para el negro, se usaba una combinación de hollín y goma o sulfato de hierro; la tinta roja era hecha a base de bermellón; la azul y verde, con tintes vegetales y, la de oro, hecha con polvo de este material.

La Corte nazarí y las letras


En la Corte, los príncipes y emires nazaríes tuvieron tutores y eruditos que les enseñaban desde niños las Ciencias y las Letras de la época. Y la Cancillería al servicio del Sultán disponía de un departamento llamado “del Sello” con un funcionario al frente que era también un experto calígrafo que colocaba la firma y el encabezado reales para dar validez al texto.

Los emires nazaríes gustaron mucho de la poesía y organizaban veladas donde distintos poetas desgranaban sus habilidades en auténticos concursos donde se componían poemas especiales para ese día. Uno de ellos, muy célebre, fue el Mawlid o Nacimiento del Profeta, celebrado en 1362 por Muhammad V y recogido en un testimonio historiográfico por Ibn al-Jatib donde se nos cuenta cómo un autómata organizaba los turnos de recitación de los poemas y se adornó una sala con tapices y bellísimas lámparas de cristales multicolores.

Tenemos en Al-Ándalus, además, el caso de reyes-poetas como fue Al-Mu’tadid de Almería o Al-Mu’tamid de Sevilla en la época taifa y el de Yusuf III (1376-1417), en la Granada Nazarí. Los Reyes Nazaríes fueron también mecenas y tuvieron una corte de poetas áulicos a sueldo que se encargaron de inmortalizar y exaltar las virtudes y la generosidad de los soberanos. Ejemplos conocidos de poetas de corte son los casos de Ibn Zamrak, Ibn al-Jatib o Ibn al-Yayyâb cuyos poemas fueron grabados como yeserías en toda la Alhambra, en bellísima caligrafía nasjí nazarí, que pudo reproducir en piedra la auténtica caligrafía escrita de antemano en pergamino.

En la corte de Boabdil y su padre aparecen dos últimos nombres, Ibn al Qaysi de Baza y Abdallah Ibn Al-Arabi Al-Uqaylí, quien será además el que envíe en forma de poema la última misiva diplomática de Al-Andalus en 1492: Una petición de ayuda a los Mamelucos de Egipto que nunca se hizo efectiva.

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