20 de noviembre de 2009


José Ángel Buesa

Ana Dolores García

José Angel Buesa nació en Cruces, cerca de Cienfuegos, Cuba. Fue un poeta romántico con un claro tono de melancolía que prodigó a través de toda su obra poética, Se le ha llamado el «poeta enamorado», título de uno de sus libros de versos, y fue sin lugar a dudas el más popular de los poetas cubanos del siglo XX.

A los siete años de edad compuso su primer poema y, al llegar a la adolescencia, decidió trasladarse a Cienfuegos para continuar sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas. Buscando nuevos horizontes, su juventud lo llevó a La Habana, cargando consigo el paisaje de los cañaverales y el ambiente campesino que había plasmado en sus primeros poemas.

En la capital comenzó a trabajar en una oficina al tiempo que participaba en tertulias literarias y se relacionaba con jóvenes escritores. Luego de un paréntesis en la ciudad de Matanzas, regresó a La Habana y poco a poco fue desembarazándose de su quehacer burocrático para dedicarse de lleno a su vocación de escritor y poeta. Escribió novelas, como «Solapa al viento» -la más renombrada-, una obra didáctica: «Método de versificación», y una autobiografía que tituló «Año Bisiesto», además de su constante trabajo en la producción de libretos radiofónicos para la CMQ y la RHC-Cadena Azul, y su posterior autoría de guiones para la televisión.

Sin embargo, lo que le ha dado un lugar señero en Cuba y en toda la América Hispana, son sus poemas. En Cuba, donde su nombre aún se encuentra entre los proscritos y condenados al ostracismo por la censura política oficial, los amarillentos volúmenes que recogen sus versos de amor pasan de mano en mano y se rebuscan entre los libros viejos de las ventas ambulantes.

Su primer libro de poemas fue «La fuga de las horas» que publicó en 1932 con sólo 22 años. A él le siguió «Misas paganasۛ» apenas un año después. Otros de sus múltiples poemarios. fueron: Babel, Poemas en la arena, Muerte diaria, Poemas prohibidos, Tiempo en sombra, Cantos de Proteo, Lamentaciones de Proteo, Alegría de Proteo, Naipes marcados, Canto Final, Odas por la Victoria, Oasis, Nuevo Oasis, Hyacinthus, Prometeo, La vejez de don Juan y Poeta Enamorado.

Al arribo del régimen castrista y la imposición forzosa del castro-comunismo, Buesa decidió emprender el camino del exilio. Vivió cinco años en México y también lo hizo en las Islas Canarias y El salvador, hasta que se estableció definitivamente en la República Dominicana, donde fue profesor de Literatura en la Universidad Pedro Henríquez Ureña, y donde murió el 14 de agosto de 1982.

Aunque considerado a menos por los poetas jóvenes del vanguardismo, la poesía de Buesa sigue teniendo vigencia. Su versificación fácil, su temática amorosa, intimista, romántica y su emotividad, le fueron ganando una extraordinaria popularidad y, más allá de la opinión de los críticos, sigue siendo el favorito de miles corazones femeninos que suspiramos con sus versos. No son sólo ellas las que sabemos reconocer los méritos de este poeta: Juan Ramón Jiménez incluye ente sus preferidos varios de los poemas de Buesa, y más tarde algunos fueron seleccionados por Leopoldo Panero Torbado, otro renombrado poeta español, para su «Antología de la Poesía Hispanoamericana». José Antonio Buesa recibió en Cuba el Premio Nacional de Poesía en 1938.

Poema del amor pequeño

José Ángel Buesa

Fue breve aquella noche. Fue breve, pero bella.
Poca cosa es el tiempo, que es también poca cosa,
porque nadie ha sabido lo que dura una estrella
aunque todos sepamos lo que dura una rosa.

Nuestro amor de una noche fue un gran amor pequeño
que rodó por la sombra como un dado sin suerte,
pero nadie ha sabido lo que dura un ensueño
aunque todos sepamos lo que dura la muerte.

Una noche es eterna para el que no la olvida,
y el tiempo nada importa para el sueño y la flor,
y, como nadie sabe lo que dura la vida,
nadie sabe tampoco lo que dura el amor.



A José Ángel Buesa

Luis Ángel Casas

Tú, más allá del odio, más allá de la muerte,
pasaste por la vida y en ella quedarás,
porque a la vida diste tu lira dulce y fuerte,
y liras como ésa no se callan jamás.

Pasarás por la sombra que no ha de ensombrecerte;
pasarás por la sombra sin saberlo quizás.
Poeta de la luz, ya está echada tu suerte:
poeta del amor que no muere jamás.

Pasarán por la vida los que siempre han pasado;
pasarán en silencio, como ayer a tu lado,
y mientras ellos pasan, tú nunca pasarás:

Tú, más allá del odio, más allá de la muerte,
porque a la vida diste tu lira dulce y fuerte,
y liras como ésa, no se callan jamás.

Luis Ángel Casas, poeta y académico cubano.
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